Crónica

El triunfo de la ilusión

Córdoba CF - UD Tamaraceite

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Un público muy especial. Y también exigente. Más de 15.000 almas se dieron cita en El Arcángel en jornada matinal y laborable, y dispuestos a hacer festivo el amargo sabor de boca que supuso para muchos la hora decidida por la RFEF. Pero esa problemática se tornó en oportunidad para que las gradas del reino blanquiverde se llenaran de niños y niñas gracias a la colaboración de decenas de colegios e institutos cordobeses. A ellos rindió el Córdoba una nueva victoria, otra vez muy trabajada, ante un Tamaraceite que peleó sus cartas hasta el final. A los cordobesistas les costó mucho abrir el electrónico, aunque finalmente, el dominio de la posesión hizo justicia en forma de gol para brindar un triunfo realmente ilusionante, quizá el mayor de todos.

El arranque de partido tuvo esa esperada electricidad que bien se encargaban de transmitir desde la grada los más jóvenes. Quiso el Córdoba ofrecer a su público particular una puesta en escena emocionante y digna de la atmósfera tan ilusionante que se había generado en torno al partido. Y así fue, con una salida insistente y dominante por parte de los blanquiverdes, y donde ya se pudo comprobar también el plan del Tamaraceite, que no iba a ser otro que replegarse y buscar sus opciones a la contra. Por tanto, fueron los locales, como era de esperar, los que tomaron la iniciativa en ataque, y menos de tres minutos tardaron en sumar su primera ocasión clara, por medio de una gran acción individual de Puga, quien la sirvió desde la banda para que Simo rematara en boca de gol. Sin embargo, su golpeo se topó con un defensa y lo acabó deteniendo Javi Sánchez.

Era lo que se le estaba pidiendo al cuadro de Germán Crespo, y éste respondió. Con ganas, con actitud. Da igual la hora, da igual rival. Dan igual las circunstancias. El objetivo era la victoria y seguir dando pasos fundamentales hacia el objetivo. No obstante, poco a poco, esa puesta en escena vibrante fue deparando en un tramo algo más espeso. La posesión seguía siendo claramente del Córdoba, al tiempo que los canarios intentaban, con sus armas, ser verticales, aunque apenas conseguían merodear con peligro la meta defendida en esta ocasión por Felipe Ramos. Y es que, como viene ocurriendo en los últimos partidos, a los cordobesistas no terminan de salirle las cosas en los últimos metros, y precisamente eso es lo único que jugó en contra del conjunto local.

La insistencia y el paso de los minutos, con un Tamaraceite abocado al encierro en su campo y a defenderse con uñas dientes, hizo también que el partido fuese subiendo en revoluciones. Mucho exceso y poca precisión. El cuadro califa fue poco a poco intentándolo, principalmente buscando la verticalidad por las bandas, con Simo, Luismi y Puga muy activos en los costados. No obstante, ninguno lograba encarar la portería de manera acertada.

Fue así como se entró en el tramo final del primer acto, y entonces llegó quizá la jugada más decisiva de los primeros 45 minutos. El colegiado mostró la cartulina roja al visitante Pedro Alemán, después de que éste cometiese una dura entrada sobre Simo, cuando el extremo logró recoger un balón servido por Willy en la diagonal del área y se disponía a encarar la portería. De hecho, el futbolista del Tamaraceite apenas protestó, consciente del peligro de la acción. Fue entonces cuando el Córdoba decidió dar un último arreón de ritmo en los minutos finales del primer tiempo, buscando aprovechar la superioridad numérica para adelantarse, aunque seguía sin encontrar la efectividad de cara al gol.

Consciente de la situación, Crespo decidió dar un paso adelante más en ataque tras el tiempo de asueto. Saltaron el verde Fuentes y Casas, lo que ocasionó que hubiera más arsenal ofensivo. Y en este caso, la primera oportunidad llegó pasados los dos minutos, con un centro largo de Puga que remató Willy, aunque Javi Sánchez logró repelerlo en línea de gol. El guion continuaba con el Córdoba como absoluto protagonista. Casas, de cabeza, y Fuentes, en un centro que se fue envenenando, trataron de sorprender -sin suerte- el guardameta del Tamaraceite, que, por su parte, se veía abocado a generar a la contra y de manera muy puntual. Pero eran los locales los que estaban perdonando, y mucho, en esos minutos. Los centros parecían ser el mejor arma del cuadro califa, que insistía en su empeño de adelantarse. Cerca estuvieron de nuevo Willy y Fuentes, aunque sus respectivos remates se marcharon lamiendo el poste.

Eso sí, ese excesivo planteamiento ofensivo también generaba riesgos atrás. Y huecos. Uno de ellos lo supo divisar bien el conjunto canario, que con un centro medido al segundo palo encontró solo ante Felipe Ramos a Ale Pérez, quien remate a bocajarro. No obstante, el meta blanquiverde tiró a la perfección de reflejos para enviar el golpeo a saque de esquina. De este modo, el desatasque iba a llegar desde la experiencia. Una vez más, de las botas de De las Cuevas al rematar a la perfección un gran balón servido al área por Fuentes. El alicantino continúa demostrando su gran momento de forma, y de nuevo contribuyó a quitar un peso de encima para su equipo. Y es que el gol incentivó aún más a los de Crespo, que en la siguiente acción se encontraron con un mano a mano de Willy frente a Javi Sánchez, pero el ariete no estuvo atinado con la definición.

Sin embargo, la maquinaria cordobesista andaba ya desatada, y el segundo fue obra de Antonio Casas, que insistentemente buscó el remate, primero tras un gran pase retrasado de Simo, pero éste lo detuvo el meta. No obstante, en segunda jugada sí que acertó al fin con el gol. La ventaja ya era importante, aunque los cordobeses querían más. Ya sin la presión del marcador, ahora el Córdoba buscaba poner la guinda de la fiesta que se estaba produciendo en las gradas. Y el gran animador ahí fue, una vez más, el delantero rambleño, que firmó su particular doblete tras culminar con un fuerte disparo alto y lejano una jugada iniciada por él mismo. El asedio se mantuvo hasta el final, y la rúbrica llegó a balón parado. De las Cuevas devolvió la asistencia a Fuentes, ya que el primero la puso a la perfección desde la esquina para que el delantero no tuviera más que empujarla con la testa. Cuatro goles. Tres puntos. Más ventaja en el liderazgo y la confianza al máximo nivel.

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