Tortugas sobre ruedas

Integrantes del CD Tortugas Cojas de Aguilar, en plena actividad | CRISTIAN LÓPEZ

En el mundo del deporte, y sobre todo en las categorías inferiores, la ilusión es el principal argumento que potencia y equilibra el trabajo, lo que finalmente acaba desencadenando el florecer del talento. Eso es lo que está ocurriendo en el Club Deportivo MTB Tortugas Cojas de Aguilar de Frontera. Un equipo pequeño en su estructura, aunque con las ganas de los grandes, creado hace dos años y que ya está dejando grabado su nombre en el ciclismo de montaña base a nivel autonómico.

“Éramos un grupo de amigos que salíamos en bicicleta. Empezó a unirse más gente, y entonces decidimos crear un club para tener una base, y a partir de ahí desarrollar unas actividades. En enero de 2015 se produjo la primera reunión para rellenar documentos, y en marzo ya quedó registrado oficialmente. En 2016 decidimos crear la escuela, y para captar niños se organizó una jornada de ciclismo infantil, que constaba de tres días de talleres teóricos y prácticos, de medio ambiente, técnica, de habilidad, con sus respectivas gymkanas, una ruta nocturna y por el campo. A esos niños se les recogieron los datos, y en septiembre se les volvió a llamar y comenzamos con el proyecto de la escuela”, cuenta Carlos Ríos, presidente de la entidad.

A raíz de ahí comenzó un proyecto que, a base de trabajo y de un esfuerzo completamente altruista, ha desembocado en estar ya entre los mejores equipos de cantera de la provincia. Unos inicios que empezaron con el desarrollo de actividades y juegos para que los niños se divirtieran, pero que con el transcurso de los meses dio paso a la competición oficial. “La federación nos avisó de que había un circuito provincial para los niños, y empezamos a asistir para ver qué nivel teníamos. Entonces vimos que obtenían buenos resultados, lo que daba a entender que estábamos haciendo las cosas bien”, argumentan desde el club.

Dicha competición arrancó en diciembre de 2016, aunque hasta enero no pudieron obtener la federación de los alumnos. Aún así, una niña consiguió la medalla de bronce en la clasificación general de Principiante Femenino, en su primer año compitiendo. “Todo eso contando con que entraron al circuito más tarde que el resto, por lo que las pruebas disputadas antes de enero de 2017 no les contaron. Si no hubiera sido así, seguramente hubieran quedado otros también en podio en la general”, matiza Carlos Ríos.

El siguiente paso fue ampliar el desafío hasta fuera de la provincia, inscribiéndose en el Circuito Provincial de Málaga, el cual finalizó hace escasas semanas, con la consecución de un oro en Promesa Femenino para Ainhoa Mediavilla, una plata en Principiante para Laura Palma (la chica que quedó segunda en Córdoba) y un quinto puesto para Rubén Ríos en Promesa Masculino. Un trabajo que da sus frutos.

El empeño de decenas de niños que han descubierto su pasión sobre dos ruedas, y superando obstáculos. “A día de hoy contamos con unos 60 niños, y tenemos unos 8 en lista de espera. Y todo esto no sería posible sin la ayuda de unos monitores, que componen también la junta directiva, que son Jesús Almeda, Andrés Caballero, Manuel Caballero y José Antonio Mediavilla”, puntualiza. El objetivo ahora es seguir dando a conocer dicho deporte en el municipio aguilarense, y al mismo tiempo, que el resto de la provincia les conozcan cada vez más. Para ello se han marcado el propósito de volver a traer después de más de 20 años una prueba federada de ciclismo a la localidad, con la disputa del I Rally BTT Ciudad de Aguilar, que tendrá lugar el próximo 8 de diciembre con la colaboración del consistorio municipal y de la Obra Social La Caixa, y que pertenece al III Circuito Provincial de Córdoba de Rally BTT. Competición que arrancó en Belmez, donde dejaron muestra de su poderío, con un oro, una plata y dos bronces.

Así, mientras unos se quitan el sombrero, las jóvenes promesas aguilarenses se ponen el casco en busca de ser los más rápidos. Unas tortugas que tienen poco de lentas, aunque todo empezara con ese juego. “El nombre surgió de un grupo de amigos que siempre quedábamos últimos y decidimos ponernos tortugas. Y como éramos más malos aún, pues tortugas cojas”, apostilla entre risas Carlos.

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