El álbum de las emociones: bienvenidos a la trinchera

Subasta de los bienes de Rafael Gómez | MADERO CUBERO
La afición del Córdoba experimenta un viaje de sensaciones que cierra con la decepción de la derrota | El conjunto blanquiverde cae ante el Leganés y pierde su plaza de ascenso directo

Nervios. Suave cosquilleo en el estómago. Pequeño nudo en la garganta. ¿Es temor? En absoluto. O quizá sí. Las horas previas son como las de aquél que está a punto de iniciar una batalla decisiva. Aunque mucho resta todavía para que la guerra termine. A flor de piel están las emociones. Cada vez más con el movimiento, a veces demasiado pausado, de las manecillas del reloj. Son las cinco y los aledaños del coliseo ribereño son un hervidero. El tráfico está como siempre. Enfado, desesperación… Y más nervios. Quedan sesenta minutos para que arranque el duelo, pero parece que sólo fueran diez. Todos quieren estar en su asiento. Van a toda prisa mientras comentan, unos con otros, la dificultad de la cita. “El Leganés es un hueso duro de roer, no me fío”, dice un aficionado al que le acompaña. Ilusión, confianza… El cordobesismo está mucho más sensitivo. Es normal.

El salto al terreno de juego trae consigo otro maremoto de sensaciones. El conocido y reconocible, el de la pasión, el del deseo. Suena la poesía hecha himno de Manuel Ruiz Queco. Letra directa al corazón en El Arcángel. El estadio presenta su imagen de gala en una grada que necesita un tiempo para digerir esos nervios, el respeto al rival. Y lo que ofrece el partido. Pero después despierta. Es compromiso, es devoción. Son casi veinte mil voces transformadas en una sola. Las gargantas no se resienten. Nada más lejos de la realidad. Están preparadas para tomar mayor potencia. Felicidad. La felicidad llega cuando todo hace indicar que el frío en la trinchera va a durar más de lo imaginado. Es el último suspiro de la primera parte y Raúl de Tomás adelanta al Córdoba desde el punto de penalti. El gol lo busca Florin y la fiesta la organiza la afición.

La segunda parte comienza de la peor de las maneras, con un disparo al centro mismo del pecho. Alexander empata y el Leganés se viene arriba. Los nervios reaparecen. Ahora sí, un cierto temor nace entre los seguidores. Esos que visten de morado saben lo que se hacen. Pero el Córdoba, como los Tercios que nunca le abandonan, no se rinde. Conoce el camino. Sacrificio, pundonor. Y calidad. El equipo de José Luis Oltra busca el segundo. Quiere defender el honor de su feudo, apenas conquistado esta temporada. Otro penalti. Alegría, jolgorio. El balón lo golpea otra vez con acierto Raúl de Tomás. Felicidad, cánticos, fiesta… Pero la batalla es dura. Demasiado. El destino es cruel. Dos goles de Omar, uno de pena máxima, rompen los esquemas. Frío, desazón, enfado. Hay quien deja libre su asiento antes de tiempo. La derrota escuece. Dolor, decepción, frustración. La tristeza completa el álbum de las emociones. Bienvenidos a la trinchera. Esto es Segunda.

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