Y 25 años después, aún reluce el oro de Berges

Berges, con el 17, a la derecha y de pie en la imagen, con España en Barcelona 92'.

En aquellos tiempos Internet apenas podría ser la ensoñación de algún loco. De hecho los ordenadores, o mejor dicho computadoras, escaseaban en la sociedad. Todavía no había estallado la globalización. No al menos como se conoce ahora. La gente andaba por la calle con la mirada fija en su horizonte más próximo y no en su móvil, porque de eso tampoco había. En no pocas casas permanecían esos antiguos teléfonos con la numeración en ruleta. La radio y la prensa de papel tenían un peso específico entre la audiencia a unos medios de comunicación entre los cuales la televisión avanzaba muy poco a poco. Desde un año antes existía algún canal más además de La 1 y el UHF -La 2 actual-. Y ojo con esto, el tren de alta velocidad (AVE) empezó a funcionar sólo unas semanas antes. En ese panorama analógico España vibró con la Expo de Sevilla y con los Juegos Olímpicos de Barcelona. Era 1992, y en medio de un tsunami festivo en la Ciudad Condal, aparecieron unos cuantos jóvenes que vistieron de oro al fútbol patrio. Entre ellos se encontraba el cordobés Rafa Berges, que desde ese momento tiene nombre propio en la historia deportiva de la provincia, y un catalán que logró un éxito histórico en la Ciudad de los Califas, Albert Ferrer.

Y 25 años después, aún reluce el oro de Berges… y de Ferrer. Sucedió un día como éste, un 8 de agosto, de hace ahora un cuarto de siglo. Ellos formaron parte de un hito inolvidable, como los nombres de los futbolistas que compusieron aquella selección dirigida por Vicente Miera y de la que, por muy poco, se quedó fuera otro cordobés y blanquiverde imborrable: Paco Jémez. Junto al exjugador y extécnico del Córdoba y al preparador del califal del mágico ascenso en Las Palmas del 22 de junio de 2014 estaban otros como Pep Guardiola, Alfonso Pérez, Toni Jiménez, Juanma López, José Amavisca, Roberto Solózabal, Pitu Abelardo, Mikel Lasa, Luis Enrique, Javier Manjarín o Kiko… Ahí es nada para los amantes del fútbol, y más para quienes eran jóvenes en esa fecha, de los noventa.

Sí, entre todos ellos se hallaba Rafa Berges, nacido en Figueroa y por aquella época en el Tenerife, era uno de los héroes de la Quinta de Cobi. El lateral había salido en verano de 1991 de un Córdoba que trataba, ya desde tiempo atrás, salir de la ciénaga de Segunda B. Puso rumbo a las Islas Canarias para jugar directamente en Primera, categoría que no abandonó hasta que regresó al conjunto blanquiverde en 2001. El suyo, de hecho, es uno de los nombres significativos del Celta de los noventa. Recaló en el cuadro de Vigo en 1993. Tras su carrera como futbolista, inició su trayectoria como entrenador. En ese nuevo período, Berges consiguió entrenar al primer equipo califal gracias a una gran temporada al frente de su conjunto dependiente -lo que llaman (llamamos) filial-. Dirigió a la escuadra cordobesista en la campaña 2012-13, tras un notable curso con la batuta de Paco Jémez, y la suerte no le sonrió. Quizá de manera injusta fue destituido.

Lo cierto es que Rafa Berges fue -es y será- uno de los héroes de aquellos Juegos de Barcelona, en los que de repente España se sintió grande en el universo deportivo. El cordobés fue una de las piezas clave de una selección que, en cierto modo, abrió el camino a la que habría de llegar avanzada la primera década del nuevo milenio. Jugó todos los partidos y apenas dejó de hacerlo unos minutos, tras ser sustituido, ante Egipto. Ese choque de la fase de grupos acabó con victoria española por 2-0. Pero el protagonismo del lateral fue mucho más allá, puesto que ya en el primer encuentro del combinado nacional consiguió marcar: hizo el tercer tanto del 4-0 que endosaron los de Miera a Colombia en su estreno. No fue el único gol que anotó Berges, puesto que certificó el triunfo ante Ghana (2-0), en semifinales, un enfrentamiento aquél en el que la puerta rival la vieron dos defensas. El otro goleador fue Pitu Abelardo. Después de ganar todos sus partidos, incluido el que le enfrentó a una potente Italia en cuartos, la selección alcanzó definitivamente el Olimpo en el Camp Nou al ganar a Polonia (3-2). Y allí estaba el cordobés.

Precisamente aquel oro es el máximo trofeo jamás alcanzado por un deportista de la provincia. Además, fue el primero. Porque Rafa Berges abrió el camino olímpico, de forma definitiva, para Córdoba. En Barcelona 92’ debutó con un diploma Rafa Balita Lozano, que después se colgó un bronce (Atlanta 96’) y una plata (Sidney 2000). En Atenas, en el año 2004, otro cordobes logró subir al podio. Lo hizo el jinete Juan Antonio Jiménez, que se colgó una plata en doma clásica. Cuatro años después, en Pekín, Víctor Sojo obtuvo una plata con la selección de hockey hierba tras recibir un diploma en tierras helenas. Además, Felipe Reyes inició entonces su envidiable periplo olímpico con otra plata. Después llegaron el segundo puesto de Londres 2012 y el bronce de Río de Janeiro. Fue en Brasil donde hubo por vez primera una mujer de la provincia en el cuadro de honor de unos Juegos. Ese histórico éxito no podía ser de otra que no sea Lourdes Mohedano, que fue subcampeona con España para vivir la consecución de una presea histórica para el país: fue la primera de rítmica por equipos desde Atlanta 96’, donde España se hizo con el oro. Así, Berges fue el gran pionero.

Ferrer: de repente un ascenso histórico

El destino, o la providencia para los creyentes, quiso que la relación entre Córdoba, y su el conjunto blanquiverde, y Barcelona 92’ fuera mayor todavía poco más de dos décadas después. En aquella selección dirigida por Vicente Miera estaba también, tal y como ya se mencionó, un tal Albert Ferrer, que no compartió vestuario con Berges en el Tenerife por muy poco. Tras sobresalir con el segundo equipo del Barcelona, el también lateral -pero de la otra banda, derecha en su caso- permaneció cedido en el Heliodoro Rodríguez López la campaña 1989-90. Tras ese curso pasó a pertenecer ya al primer conjunto blaugrana. Fue de esa forma cómo se integró en el histórico Dream Team de Johan Cruyff en la entidad catalana. El defensor fue, además y en ese punto, partícipe -aunque a escala menor- de la consecución de la primera Copa de Europa -de tal manera se conocía entonces a ese título- del club azulgrana.

Al igual que el propio Berges, Ferrer tuvo un papel destacado en los Juegos Olímpicos de Barcelona, si bien gozó de menor protagonismo. Tras aquel éxito, el catalán cerró una brillante trayectoria de casi una década de papel principal en el Barcelona, con el que obtuvo diversos títulos -de Liga, Supercopa de España, Recopa y Supercopa de Europa, además de la mencionada Champions-. En verano de 1998 cambió de aires y firmó con el Chelsea, donde completó su carrera como futbolista. Como entrenador, el Vitesse neerlandés fue su primer equipo en la temporada 2010-11. Más de tres años después, de repente, le llegó una nueva oportunidad. Aunque Carlos González, en esa fecha presidente y no sólo propietario del Córdoba, habló del fichaje de un técnico experto para suplir a Pablo Villa. Incorporó al exfutbolista natural de Rubí. El curso de los acontecimientos fue extraño, pues el preparador estuvo al borde de la destitución toda vez que el cuadro califal quedó al filo del precipicio. Y sin embargo, el 22 de junio de 2014 celebró el ascenso a Primera. Un regreso a la elite histórico en El Arcángel y que, de algún modo, terminó por sellar el contrato de ligazón entre el club blanquiverde y la inolvidable cita de la Ciudad Condal en 1992.

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