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El Gobierno restaurará la capilla de la Mezquita de Córdoba donde se enterraba a los reyes de Castilla

Arcadas de la Mezquita Catedral de Córdoba, con la capilla real al fondo a la izquierda

Alfonso Alba

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En el corazón de la Mezquita Catedral de Córdoba hay un espacio que no se puede visitar. Al inicio de la que fue la segunda ampliación de la Mezquita Catedral, la de Al Hakem II, está enclavada la conocida como Capilla Real, un espacio reformado por el rey Enrique II de Castilla a finales del siglo XIV y donde decidió enterrar a su padre, Alfonso XI, y a su abuelo, Fernando IV, también reyes de Castilla. Los monarcas estuvieron sepultados en el corazón de la Mezquita de Córdoba cuatro siglos más. En el siglo XVIII sus restos fueron trasladados a la iglesia de San Hipólito, donde permanecen, también en Córdoba.

Ahora, el Gobierno va a restaurar la Capilla Real de la Mezquita Catedral. El Ejecutivo acaba de sacar a licitación la contratación de unas obras en las que tiene previsto invertir 530.200 euros. El Gobierno recupera así las inversiones en la Mezquita de Córdoba, en plena polémica por la titularidad del histórico edificio cordobés. Uno de los argumentos esgrimidos por una comisión de expertos reunida por el Ayuntamiento de Córdoba, de la que formó parte la exvicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo, fue la existencia de la Capilla Real, como prueba de que en puridad la Mezquita de Córdoba pertenecía al Estado y de que Fernando III El Santo solo cedió a la Iglesia su gestión pero nunca le otorgó la propiedad. De lo contrario, jamás se hubiera podido enterrar en su corazón a dos reyes de Castilla.

La Capilla Real de la Mezquita de Córdoba es uno de los enclaves más desconocidos de todo el monumento, y también de los más interesantes, tal y como reconoce el Gobierno en la memoria de las obras de restauración que va a llevar a cabo en un edificio del que dispone el Cabildo de Córdoba, que controla el acceso de los turistas, que este 1 de enero ha pasado a costar 13 euros para los que no sean residentes en Córdoba. La Capilla Real está flanqueada, al oeste, por la capilla de Villaviciosa (lucernario califal) y al este por la de la Conversión de san Pablo. Su flanco norte mira hacia el coro de la Catedral renacentista, y el sur hacia la cúpula lateral occidental de la macsura del oratorio califal. Al exterior sobresale por encima de los tejados, a modo de lucernario, con cubierta a cuatro aguas de tejas árabes.

“En líneas generales, para la mayoría de investigadores la Capilla Real fue fundada por el rey Enrique II de Castilla en el tercer cuarto del siglo XIV, con objeto de dar sepultura a su abuelo Fernando IV (†1312) y a su padre Alfonso XI (†1350)”, expone el Gobierno en el pliego de condiciones. “Según consta en la inscripción fundacional del muro oeste, esta obra fue mandada edificar por el Trastámara, acabándose en 1371”.

Pero el origen de la Capilla Real de la Mezquita de Córdoba ha tenido grandes debates científicos. “Sobre su datación han sido muchos los investigadores que han abordado el tema, adscribiendo la construcción a épocas diferentes. Desde un origen almohade para la estructura de la bóveda y su decoración, hasta califal siendo redecorada en época de Enrique II”, describen los técnicos del Ministerio de Cultura, que agregan que “estas hipótesis han sido rechazadas por diversos especialistas, que defienden que la capilla es una creación cristiana ejecutada por mano de obra islámica”.

“En este sentido, también se ha apuntado la posibilidad de que existieran dos etapas constructivas, una hacia 1312 y otra de 1371. Otros piensan que la edificación pudo iniciarse en torno a 1360 por iniciativa de Pedro I (r.1350-1366) y, finalmente, terminada por su hermanastro cuando usurpó el trono”, exponen. La ornamentación de yesería se encuadra estilísticamente como mudéjar, con influencias tanto de la decoración nazarí de la Alhambra como del mudéjar toledano, sevillano y cordobés.

¿Qué hacen dos reyes de Castilla enterrados en Córdoba?

Curiosamente, el motivo por el que hay dos reyes de Castilla enterrados en Córdoba está en el calor. En septiembre de 1312 murió en Jaén Fernando IV de Castilla. El monarca iba a ser enterrado en la Catedral de Toledo, muy alejada, y se decidió trasladarlo a Sevilla. Pero el intenso calor obligó a la comitiva fúnebre a darle sepultura al difunto en Córdoba, en una de las capillas de la propia Mezquita de Córdoba, donde permaneció.

Su hijo, Alfonso XI, murió de peste en 1350 cuando sitiaba Gibraltar. Su entierro se ofició y ejecutó en la Catedral de Sevilla. Se le sepultó junto a los históricos reyes Fernando III El Santo y Alfonso X El Sabio, pero el rey dejó escrito que quería ser enterrado en Córdoba, en la iglesia de San Hipólito. Por eso, y por orden de su hijo, Enrique II de Castilla, fue trasladado a Córdoba y enterrado en la Mezquita junto a su padre, hasta que se culminó la construcción de la Capilla Real y se depositaron sus restos en dos sepulturas diferentes en la zona.

Los cadáveres de los reyes permanecieron allí hasta el siglo XVIII. Antes, en una visita, Felipe II ordenó al Cabildo que le abrieran la sepultura de los reyes. El monarca descubrió que a uno de los cadáveres le faltaba el estoque con el que había sido enterrado, y amonestó al Cabildo por ello. Las sepulturas no volvieron a abrirse hasta el año 1736. Se culminaban así las rogativas de los canónigos de San Hipólito, que habían escrito a los papas en varias ocasiones para que los reyes fueran trasladados a su iglesia. Desde entonces, permanecen allí enterrados.

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