La obra en la que Miguel Hernández vuelve como fantasma que no guarda rencor por los desprecios de Lorca y Alberti
Una noche de tormenta. Un rayo ilumina el cielo y suena un trueno, se abre una ventana y un resplandor deja ver una silueta evanescente. Josefina Manresa no sabe si sueña, si sufre una pesadilla o si asiste a una aparición sobrenatural. Es Miguel Hernández, su marido, que lleva cinco años muerto y regresa a su casa para hablar con ella.
Así arranca El relámpago malva (Trifaldi), la primera incursión en el teatro del escritor Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, Córdoba, 1957), un autor conocido por su narrativa y su poesía, marcadas ambas por su íntima y lírica evocación del mundo rural y la memoria de los paisajes andaluces. Un escritor que, sin embargo, en esta última obra, debuta en el teatro, aunque lo haga con un texto que, estilísticamente, va más allá de las meras acotaciones para representarlo en escena.
“Me daba un cierto pudor”. La confesión la hace López Andrada por teléfono, en charla con Cordópolis. Cuenta que la obra, de hecho, no le nace de las tripas, sino de una llamada que tuvo lugar hace dos veranos y que era mucho más imprecisa. Fue Matías González, alcalde de Hinojosa del Duque y antiguo diputado de Cultura, con quien López Andrada coincidió hace treinta años en la Diputación de Córdoba, el que le propuso escribir algo sobre Lorca, Alberti o el conjunto de la Generación del 27, con el centenario de 2027 en el horizonte.
El escritor dudó, aunque no terminó de descartar la idea. La chispa, sin embargo, llegó por casualidad. En una visita a la Librería Luque, López Andrada compró las memorias de Josefina Manresa, la mujer de Miguel Hernández, y quedó “conmovido” por la dureza de aquella vida de la España de la Posguerra. “A mí, además, siempre me había interesado más Hernández que Lorca o Alberti, por lo telúrico, por su vínculo con la tierra y por una trayectoria coherente hasta el final de sus días”, precisa sobre una obra que fue tomando forma a partir de dos referentes a priori muy dispares.
Pedro Páramo y Ghost
Cuenta el escritor que al principio pensaba en escribir un monólogo de Josefina Manresa, a la manera de Cinco horas con Mario, pero que el problema era cómo hacer dialogar a la viuda con un hombre muerto. La respuesta vino a través de Juan Rulfo: “De pronto se me encendió la chispa y me vino la imagen de Pedro Páramo”. Las memorias de Josefina cuentan que Hernández adoraba las tormentas y no les tenía miedo, y de ahí sale la noche de truenos que acaba en aparición. Y no es que sea algo ajeno a su mundo: en su zona de Los Pedroches, las historias de difuntos y difuntas que se aparecen a sus familiares forman parte de la tradición oral, y casi que se ven con normalidad.
Pero, además, como pensaba en la idea de una obra que fuera luminosa, también acudió a visitarle otro referente mucho menos literario y más popular: Ghost, la película en la que Patrick Swayze muere asesinado y regresa como un fantasma, y en la que, a juicio del escritor, “el amor es lo que traspasa la barrera de la muerte”.
Porque, aunque el lector podría esperar a un Hernández fantasmal furioso por su cruenta muerte, en El relámpago malva sucede lo contrario. “Hay un poco de desencanto, pero no rencor”, explica el autor, que detalla que el poeta que vuelve habla desde una realidad que “vibra en la cuerda del amor”. Josefina le recuerda lo que sufrieron, cómo lo persiguieron, cómo lo llevaron a la cárcel y lo dejaron pudrirse. Él le pide que olvide y que perdone: con esa rémora, dice, no se puede vivir.
López Andrada lo lee como un reflejo fiel de Hernández: “Era un poeta y una persona de una pureza absoluta y yo, de hecho, incluso me atrevo a hacer un paralelismo con Jesús de Nazaret, que murió por sus ideas”. Hernández pudo haber salvado la vida, sostiene, si hubiera renegado de ellas y aceptado hacer el saludo franquista. No lo hizo y fue traicionado por quienes parecía que le apoyaban.
Los desprecios del 27
Tampoco hay rencor hacia sus compañeros ni hacia esa generación, la del 27, en la que había grandes nombres que despreciaban al poeta de Orihuela. Para hablar de esta relación, López Andrada cuenta que se ciñe a lo que cuenta Josefina Manresa y a testimonios de amigos del poeta, que confirman que Hernández, muy a menudo, recibió la displicencia y el vacío de Federico García Lorca o Rafael Alberti.
“Lorca lo miraba con distancia y, de hecho, cuando se enteraba de que Hernández estaba en casa de Vicente Aleixandre, se negaba a ir por no coincidir con aquel pastor de cabras que olía a campo”, indica López Andrada, que insiste en que esto no es nada nuevo. De hecho, recuerda que de las tres cartas que Hernández le escribió, Lorca respondió solo una.
López Andrada repara también en la paradoja de estos desaires: Lorca había sufrido a su vez las burlas de Dalí y Buñuel. Y, de algún modo, los reproducía con el poeta de Orihuela, algo que también hacía Alberti. No lo hacía Aleixandre, a quien López Andrada sitúa como el gran amigo del poeta, y que siguió ayudando económicamente a Josefina en la posguerra.
La obra, sin embargo, no deja que esos agravios tengan la última palabra. Hernández, el fantasma, ha dejado atrás el resentimiento y hasta tiene un momento profético. Cuando Josefina se lamenta de que nadie lo conoce, él responde que ya lo conocerán, que nacerá un chico joven y ella lo verá. López Andrada alude ahí a Joan Manuel Serrat, que llevó los versos de Hernández más lejos de lo que él o su viuda hubieran podido imaginar.
Una viuda como tantas
Más allá del poeta, el autor insiste en que la protagonista es ella, Josefina Manresa. “Yo creo que es una obra feminista”, sostiene. Todo el dolor y todo el amor parten de Josefina, de su resiliencia y de su fidelidad a las ideas del marido. Recuerda que, cuando registraron su casa, se jugó su propia vida y escondió los poemas de su marido para que la obra inédita de Miguel no desapareciera tras su muerte.
La obra, en definitiva, quiere ser un homenaje a ella y a todas las mujeres de la posguerra, las que fueron perseguidas y a las que raparon la cabeza. En este ámbito, López Andrada dice que es una buena lectura para complementar con el visionado de la película La bola negra, que también aborda la atmósfera de la Guerra Civil y la posguerra.
De hecho, López Andrada también confiesa que, en una hipotética representación, la actriz Penélope Cruz, que participa en la película de Los Javis, sería una estupenda Josefina Manresa. “Y Javier Bardem un espléndido Miguel Hernández”, se ríe el escritor, que suelta los nombres casi extorsionado por el periodista, ya que, antes de hacerlo, confiesa que es realista.
Eso sí, hacia el final avanza que la El relámpago malva ya está en proceso de ser llevada a escena. Volviendo al principio, será en Hinojosa del Duque, cuyo alcalde encendió la mecha del relámpago, y donde el grupo de teatro trabaja en una puesta en escena que se podrá ver en la primavera de 2027. Hasta entonces, quien quiera leer la obra, la tiene en librerías y en la web de la editorial Trifaldi.
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