ENTREVISTA León Benavente

“Necesitamos salas, no podemos hacer sólo galas de verano como si fuéramos una orquesta de verbenas”

León Benavente

Con Era (DRO, 2021), León Benavente quisieron darle un carpetazo, desde lo artístico, a una época lamentable para los músicos. La pandemia dejó tiritando las cuentas de buena parte del star system del indie español, con un rosario de conciertos y festivales aplazados. Y cuando se aparcaron las mascarillas y las puertas de las salas se abrieron de par en par, comenzó una nueva era en la industria de la música en directo marcada por la saturación de oferta festivalera.

Medina Sonora celebra el 30 de septiembre y el 1 de octubre su cuarta edición

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Hoy, con la temporada 2022 dando los últimos coletazos, César Verdú, batería y percusionista de León Benavente, reconoce que en Era había y hay mucho presagio sobre el fin de una etapa y el comienzo de una nueva marcada por la incertidumbre. Todo ello envuelto, marca de la casa, en una robusta capa de ruido basado en el equilibrio de sintetizadores y guitarras, sobre las que sobrevuelan las letras de Abraham Bova.

A punto de tocar en Córdoba, dentro del festival Momentos Alhambra - Medina Sonora (sábado desde las 17:00), el batería de León Benavente, se explaya en una conversación telefónica con aroma a café y en la que se apuntan unas cuantas ideas sobre el estado de la industria de la música (si es que eso existe todavía).

PREGUNTA. Bienvenidos de nuevo a Córdoba. Según la hemeroteca estuvisteis por aquí antes de la pandemia. No sé si preguntarte qué ha cambiado desde entonces. 

RESPUESTA. Ha habido muchos cambios y ahora se está normalizando todo un poco. Pero sí que es cierto que sí que pasamos dos años bastante extraños. Como grupo estábamos en un momento bastante dulce en el que estaba todo yendo muy bien y la gira iba como un tiro. Teníamos muchos festivales pendientes, y bueno, nos tuvimos que adaptar a la nueva situación. Pero, en ese momento, decidimos que, en vez de seguir esperando, lo mejor era sentarnos a componer un nuevo disco.

P. Es verdad que la pandemia acortó la vida que suele tener en directo un disco, en este caso Vamos a volvernos locos. No sé si ahora habéis aprovechado la vuelta a la normalidad para devolver a aquel disco los bolos que le robó la pandemia.

R. Efectivamente, cuando nos planteamos hacer Era buscamos un sonido diferente. Siempre intentamos no repetirnos a la hora de meternos en el estudio. Y sabíamos que las canciones de Era iban a convivir con el resto de canciones del repertorio de León Benavente. Al principio, en la gira propia de presentación del disco no, pero en los festivales, por reducción de tiempo, hay de todo, y hemos decidido hacer un repertorio más enérgico que recordase más a Vamos a volvernos locos, con un show un poco más duro.

Hoy es más difícil girar porque se han incrementado mucho los gastos: la gasolina, las dietas, los hoteles... Todo eso se ha disparado

César Verdú León Benavente

P. ¿Cómo habéis vivido este verano de vuelta a la normalidad? La carretera, los bolos y los festivales...

R. En la carretera, por todo lo que está sucediendo y con todo lo que se avecina, para los grupos es más difícil girar porque se han incrementado mucho los gastos. La gasolina, las dietas, los hoteles... Todo eso se ha disparado. A nivel de público sí hemos visto que había muchas ganas de conciertos, aunque también hemos percibido una saturación de festivales y propuestas. Me imagino que el año que viene veremos qué festivales han sobrevivido y cuáles se quedan en el camino. También es cierto que venimos arrastrando muchos festivales con entradas vendidas desde 2020, así que es comprensible. Nuestro caso, la verdad, es que en los festivales a los que hemos ido, había bastante afluencia de público para vernos. Pero nosotros tenemos un estatus un poco privilegiado. La reflexión hay que hacerla sobre cómo afectan las condiciones de los festivales a las bandas que están empezando y que necesitan tocar.

P. A mí lo que me preocupa de la saturación de festivales es que acabe imponiendo un rito de consumo musical que acabe siendo el del festival, que es casi más una experiencia vivencial, y que eso pueda tener efectos colaterales en las salas de conciertos. Porque se están viendo dos fenómenos paralelos: cierran algunas salas y se multiplican los festivales.

R. Claro, y se une este otro fenómeno: las condiciones de algunos festivales implican un sacrificio a la hora de girar por las salas. Porque, si algunos festivales te piden exclusividad, lo que hacen es perjudicar el tejido de salas. En el caso de León Benavente es fundamental hacer el circuito de salas para desarrollar las nuevas canciones. Y, si tú me obligas a que no toque en esa provincia para que después me lleves a tu festival en verano, pues al final eso afecta a las salas.

Los grupos necesitamos salas, no nos podemos acoger solamente a hacer galas de verano como si fuéramos una orquesta de verbenas. Nosotros somos currantes. León Benavente no es un grupo que esté en el top y que diga: “Hago ocho festivales y de eso vivo todo el año”. Aparte de que nos encanta tocar, es que queremos trabajar. Y, si no trabajamos, la cosa se va a complicar. Y, al final, te das cuenta de que en la mesa de negociación con el Gobierno se están sentando promotores y agentes, y los músicos estamos un poco desamparados ante ese tipo de acciones. Estamos atados de pies y manos. No podemos decir que no porque luego vemos que no tenemos ningún apoyo.

P. Vuestro último disco se llama Era. Yo lo he interpretado como el fin de una década, que es la que lleváis en activo, pero estoy seguro de que va mucho más allá.

R. Más allá de que sea por estos diez años que vamos a cumplir en 2023, también Era, desde el momento en que empezó la pandemia, lo vimos como el final de algo y el principio de algo que estaba por venir. De ahí viene también el nombre: lo que era, lo que va a ser... No se podía vaticinar bien dónde íbamos a llegar, pero más o menos, acababas llegando a todo esto de lo que estamos hablando ahora: el sobrecoste de todo, la saturación de festivales, el cierre de salas. Y, al final, estamos hablando de música y de los grupos que hacen música, que son artistas y trabajadores.

En la mesa de negociación con el Gobierno se están sentando promotores y agentes, los músicos estamos un poco desamparados

César Verdú León Benavente

P. Ese cambio de era va más allá. En el último año yo he notado que el público demanda más tralla. El mainstream está totalmente aferrado a los sonidos latinos y urbanos, mucho más desenfadados y menos contemplativos. El público y la industria está absolutamente obnubilado con la juventud.

R. Bueno, creo que han entrado en juego otras generaciones que hace dos o tres años no existían o estaban empezando, y que ahora en los carteles se están sumando, de manera que son incluso capaces de cambiar el rumbo a la hora de programar.

P. ¿Y cómo entran? Que esa es la cosa: Hay propuestas que se valoran más por la aritmética de las redes sociales que por la experiencia en directo. La pandemia ha hecho que haya músicos que han pasado del directo de Instagram a tocar en directo en un festival sin pisar una sala entre medias.

R. Efectivamente. Y también se han dado cuenta muchos promotores de que es algo arriesgado y que no siempre cuadra. Que las reproducciones no siempre están vinculadas con la taquilla que se puede generar con ese tipo de grupos. De nuevo, volvemos a lo generacional: son gente más joven que, a lo mejor, no tiene dinero para pagar la entrada de un festival o van a menos de los que les gustaría. Hoy, en los festivales conviven propuestas más urbanas con propuestas más, digamos, conservadoras. Se está mezclando ahora mismo todo y a mí me parece bien y es inevitable. Porque están surgiendo propuestas interesantes y creo que hay cabida para todo. El ejemplo es este concierto de Córdoba, en el que estamos León Benavente y está Alizz, que son dos propuestas complementarias. Nosotros estamos encantados de podernos mezclar entre esas propuestas.

P. En el último disco, hay mucho peso de la electrónica o, quizá, una buscada fórmula que esconde las guitarras. ¿Qué busca una banda de rock cuando opta por un camino así? 

R. Pues nosotros lo hicimos como un proceso natural. En Vamos a volvernos locos ya había electrónica. Y ahora nos apetecía que se notase más. Cuando te viene una canción, puedes hacerla de mil maneras, con una guitarra acústica o con una caja de ritmos solamente. Pero nos apetecía un cambio y queríamos probar por ese lado y que nos sorprendiera. Salir del área de confort que te da usar siempre los mismos instrumentos. Eso no quita que el año que viene volvamos a hacer un disco de guitarras. Hasta que no nos metamos en el estudio, no sabemos dónde nos va a llevar.

Las reproducciones no siempre están vinculadas con la taquilla que se puede generar

César Verdú León Benavente

P. Es curioso, porque es muy común que una banda de rock se meta en el estudio e incorpore muchas herramientas de la música electrónica, y que, al mismo tiempo, los productores de electrónica se conviertan muchas veces en banda de rock para trasladar sus propuestas en directo. Antes hemos hablado de Alizz, que sería un buen ejemplo. ¿El rock sigue siendo infalible en directo?

R. Claro, es que el rock es un estilo que siempre parece que está agonizando pero ahí sigue. Las nuevas generaciones están influenciadas por lo más reciente, pero al final, como bien dices, gente como Alizz cuando suena en directo lleva una banda. Y es capaz de hacer versiones de Los Planetas, de Un buen día, que es un tema guitarrero puro y noise. Supongo que llega un punto en el que ellos se aburren de usar las mismas herramientas y les sorprenden las guitarras como a nosotros nos sorprenden los sintetizadores. Yo creo que lo mejor es quitar prejuicios y no cerrar puertas a la hora de usar nuevos colores.

P. Hablando de cerrar puertas. Vosotros sois los que decís aquello de que “hay que saber irse de una fiesta”. Así que cuéntame: ¿Sois más de bomba de humo o despedida formal? 

R. Yo soy más de bomba de humo. Soy de irme tarde pero no me suelo despedir de nadie. Me voy de puntillas.

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