GINÉS LIÉBANA ELEGÍA
Liébana y Cántico, un tiempo de amor y vida

Ginés Liébana

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Hasta el último instante en la cama del hospital ha hecho bromas. Ha seguido siendo Ginés, el niño eterno que jugaba con ángeles rebeldes y palabras aladas.

Me dice su hijo Mateo, que su partida ha sido suave. Y que, hasta que lo sedaron, en los últimos días, mantuvo el humor con todo aquel que se pasaba a verlo.

Siempre fue joven, en talento y en pensamiento. Su obra poética podría yuxtaponerse a muchos de sus cuadros. Como algunas de sus piezas teatrales, donde siempre ha destacado la delirante Bolso de piel de padre. Heredero de las vanguardias, también ha sido fiel a un cierto postismo, con dosis de surrealismo incontenible.

Sus 101 años están llenos de vida, de muchas vidas. De los años de la Guerra Civil Córdoba a los días azules con Pablo y Ricardo; el Ginés de Brasil, el del París postvanguardista o el del Madrid de Umbral y Paco Nieva.

Ahora, Ginés ya es elegía. 

Con pantalón corto, lo veo a la orilla del río, o en la senda de la amapola que todavía marca la puerta oxidada en El Bañuelo. Y, cuando se sienten frágiles los molinos de la Albolafia, la memoria de la juventud es recordada con mansedumbre.

Liébana y Cántico vivieron un tiempo de amor y vida que hoy el mundo parece despreciar.

Roberto Loya, es poeta y periodista

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