Hombres G y su receta infalible

Concierto de Hombre G en La Axerquía | ÁLEX GALLEGOS

David Summers y su banda aterrizaron en el Teatro de la Axerquía con un plan previsto. El que siempre les ha funcionado. Su concierto de este viernes en Córdoba resultó tan efervescente como los himnos pop que les dieron celebridad. Los Hombres G son un grupo de referencia en la música de nuestro país. En los 80 eran semidioses, abanderados de un tipo de música hedonista y gamberra que invitaba a disfrutar de los placeres sin medida como en una perpetua adolescencia.

Ahora son tipos maduros, que lucen cabellos plateados y se han atrevido a incluir en su repertorio composiciones más elaboradas, en las que hablan de sentimientos, frustraciones y contradicciones de la edad adulta. Pero su gente -que son básicamente sus contemporáneos y los que se han aprendido sus canciones en los karaokes- les quiere como siempre. Felices y optimistas. Aunque no haya motivo. Quieren escuchar el Sufre, mamón, Venecia, El ataque de las chicas cocodrilo... Esos hits de letras ligeras, casi chistes musicados, que entraban en el cerebro para quedarse. Un buen puñado de aquellas canciones se escuchó -con el acompañamiento del multitudinario coro popular- en la noche cosmopoética de Córdoba. Lo del Voy a pasármelo bien ya es de traca. No hay grupo de versiones ochenteras que no la tenga en su repertorio, junto al A quién le importa de Alaska o el Sabor de amor de Danza Invisible. No hay error posible. Suenan los primeros acordes y el gentío se vuelve literalmente loco.

Llevaban doce años sin aparecer por la capital y había ganas por ver en qué estado de forma se encuentran. Y la verdad es que no les va mal. No llenan estadios con decenas de miles de personas -aunque hay puntos del planeta, especialmente Madrid y algunos lugares en Latinoamerica, donde les idolatran- pero ofrecen un show impecable, que engancha de manera sencilla. Alejados del divismo -si acaso, eran un poquito pijos en sus inicios, allá por 1982-, interactuaron con el personal cordobés y capitanearon una especie de viaje en el tiempo en La Axerquía. La gente saltó, bailó y se desgañitó recordando aquellos años en los que todo olía a nuevo y se cantaban canciones que resultaban graciosas y que ahora seguramente ofenderán a más de un colectivo de piel fina. Hombres G trajo a Córdoba una muestra de la música que se consumía cuando éramos más jóvenes e ingenuos, mucho antes de que todos nos indignáramos por todo.

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