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A cielo descubierto, entre macetas, plantas y algún cable, con la espalda pegada a un pozo y la mirada al cielo, una voz atraviesa desde el patio hasta la puerta de entrada del Patio Vesubio. Son poco más de las 17:00. Y algún turista despistado se detiene en la calle Frailes, en la casa de la fachada azul, a escuchar el sonido que viene del interior. Está sonando Meteoro, el último single de Supernova, el primer disco del cantante, compositor y multiinstrumentista flamenco Cristian de Moret.

El artista ha viajado a Córdoba para grabar en la Casa Azul un tema junto a su paisana Rocío Márquez. Se presta a visitar y cantar en otro patio, el de Virginia. Es poner un pie dentro y le agarra el síndrome de Stendhal. El tiempo juega en contra. A las 18:00 hay que abrir el patio a los turistas y hay que grabar un par de tomas, como mínimo de la canción. Cristian tarda exactamente dos segundos en ponerse a tono. Agarra su guitarra, su pedalera y comienza a juguetear mientras se coloca el equipo de grabación. Parece un niño chico hasta que abre la boca y canta.

Cristian de Moret (Huelva, 1988) es una triple amenaza. Si uno tuviera que venderlo, diría que tiene el quejío de Camarón de la Isla, el swing pianístico de Chano Domínguez y la fuerza guitarrística de Raimundo Amador. Curtido en el flamenco desde los 9 años, lleva dos décadas cantando en tablaos y festivales flamencos, a veces como solista y muchas otras como acompañante. Siempre, como fuerza creativa.

Todo ese bagaje lo ha volcado en Supernova, su primer LP, un trabajo que aúna tradición y vanguardia. Es un disco particular, que discurre por un camino heterodoxo pero con un aliento singularmente respetuoso con el género en el que se ha formado. Un disco que nace de "un atracón" de documental sobre la galaxia y de una observación: "No somos nada. Muchas veces le quito importancia a las cosas. Prefiero vivir tranquilo que vivir estresado". 

PREGUNTA. ¿En qué momento nace esta ‘Supernova’? 

RESPUESTA. Supernova lleva naciendo desde que soy consumidor de música. El flamenco siempre ha estado presente en mi casa por mis padres, pero además tengo dos hermanos mayores que son melómanos de alto nivel. Así que, yo con seis o siete años, tenía en mi casa todo lo mejor. The Police, Lenny Kravitz, Nirvana… Todo eso estaba a mi alcance. 

P. ¿Y cuál es el motor del disco?

R. Hubo varios bocetos. Podía haber sido un disco de cante flamenco, más tradicional; podía haber sido un disco de piano flamenco, por todo lo que he trabajado… Material tenía para sacar diferentes tipos de discos, pero luego, pensé que era mejor no limitarme. Yo era muy consciente, además, de que el primer disco te determina. Esto es como salir a bolsa. Solo que, ha sido un proyecto de tres o cuatro años, grabado poco a poco, y con un mismo sentido: cante flamenco -todo son palos ortodoxos- revestido de una producción de sonido americano.

P. Una supernova es, por definición, una explosión estelar en un lugar donde antes no se había detectado nada. ¿La supernova eres tú? ¿Esta es tu explosión tras años en la segunda línea?

R. Bueno, se le puede buscar ese símil, que es muy bonito. La verdad es que es muy difícil. Yo tengo muchos compañeros que han pasado ese proceso de pasar de acompañar a artistas a salir en solitario. Y salir en solitario es duro cuando te tienen encasillado. Y, aunque yo no considero que me tuvieran encasillado, sí que se me conocía en el mundo del flamenco por acompañar a determinados artistas. 

P. Y de ahí, al estudio.

R. Claro. A mí lo que me ha gustado siempre ha sido es la creación musical. En el disco hay muy poca creación de letras. Lo único original es los tangos, que tiene letra mía. Y poco más. Pero yo quería hacerlo así. Si hubiera querido hacer este disco con letras propias, a lo mejor la gente no se hubiera percatado, ni de que es flamenco.

De Moret ha pasado muchos años en la retaguardia, como voz de acompañamiento y multiinstrumentista para artistas como Pedro el Granaíno, Carmen Linares, Andrés Marín, Rosario La Tremendita o Jorge Pardo. Este último es uno de los colabores de relumbrón del disco. Pardo pone la flauta a Soleá Groove, una canción de jazz en la que Cristian canta la letra de Cada vez que nos miramos, que escribió el maestro Fosforito e inmortalizó Camarón de la Isla en su segundo disco, grabado junto a Paco de Lucía.

El artista onubense ha decidido mantener las letras y palos flamencos prácticamente en su integridad, con sus dejes aflamencaos y sus "sepos". El resultado es, muy a menudo, una colisión de mundos entre una lírica que genera estampas de costumbrismo andaluz que se encajan en pasajes musicales rockeros, jazzeros o funkeros.

P. ¿Es Supernova un disco flamenco o el disco de un cantante flamenco?

R. Es que yo no sé cantar otra cosa. Por fuerza, yo tengo que cantar flamenco. A mí no me sale cantar un temita o una canción. Lo estoy intentando. De hecho, pronto saldrá una colaboración que he hecho con Bebe, y en la que he tenido que cantar con otro registro. Y te reconozco que me costó trabajo. Poner a un cantaor a cantar pop, aunque aflamencado, es difícil. 

P. ¿Te costó entonces encontrar el equilibrio entre los diferentes tonos y temáticas del disco?

R. Sí. Lo que pasa es que tengo experiencia. En 2014 tuve un grupo que se llamaba Jazzoleá, con una cantante londinense, Esther Weekes, y hacíamos las cosas un poco al revés: metíamos estándares de jazz por palos de flamenco. Y luego he estado un par de años tocando con Jorge Pardo, que es el padre del mestizaje en España. Y más allá. Porque Jorge Pardo ha tenido más reconocimiento fuera que aquí. Aquí por desgracia no valoramos tanto a los artistas internacionales que tenemos que son, la mayoría en muchos casos flamencos. Y en este caso Jorge es jazzero y flamenco, y yo rompo una lanza por el maestro, que está también en el disco.

P. Por encima de la filigrana compositiva y a nivel instrumental, la voz es la auténtica protagonista de Supernova. ¿Es tu instrumento?

R. Sí. Soy un poco especialito. Yo considero que estoy fifty fifty. Me veo muy cómodo con una guitarra. Yo cantar sin tocar nada…

P. Pero eso lo has hecho toda tu vida.

R. Sí. Claro. En espectáculos de flamenco. Y cantando para baile. Eso es cantar y poco más. Y aparte también me piden que haga cosas con piano y con guitarra eléctrica. Ahora que me van encasillando un poco más en este rollete moderno, ya me piden que vaya entrando en modernuras. Ahora, por ejemplo, voy al festival de Jerez con un bailaor, que se llama Juan Carlos Avecilla, y con Andrés Marín, que es un maestro, he hecho algunas cosillas.

P. Es un lujo que en la misma semana puedas hacer un festival flamenco en Jerez y un Centro de Arte en Córdoba. Sobre todo en tiempos de vacas flacas.

R. Ya, pero estamos saliendo de eso, gracias a dios.

Comenzó a cantar pronto. De chico. Rocío Márquez recordaba hace unos días en su Instagram aquellos tiempos: "La primera vez que escuché a Cristian de Moret fue en la Peña Flamenca de la Orden, éramos unos niños". El niño comenzó a cantar con figuras como José de la Tomasa, Paco Toronjo, Arcángel, la Niña de Huelva... Cuando cumplió la mayoría de edad, como tantos otro, cogió las maletas y se vino a Córdoba a estudiar Flamencología en el Conservatorio Rafael Orozco, el único de Andalucía que ofrecía estudios superiores.

Fue el preámbulo de su despegue como creador. Al poco tiempo se situaba como cantaor, pianista y arreglista en la Compañía de la bailaora y coreógrafa Vanesa Aibar; se incorporaraba al elenco de Eterno Camarón, dirigido por Javier Latorre; componía y tocaba la música de Translúcido, espectáculo flamenco de los coreógrafos Cristina Hall, Carlos Carbonell y Ana Pérez junto a Rocío Molina y Farruquito; y se ponía en la piel de Lorca en Bernarda VS Adela junto a la actriz Paz Alarcón y la bailaora Asunción Pérez La Choni. 

Todo ello mientras arreglaba y componía para otros artistas, lanzaba la banda Jazzoleá e iba grabando canciones en su estudio de Sevilla, el mismo donde grabó Supernova, un disco que vio retrasada su salida con la pandemia.

P. ¿Crees que te ha podido beneficiar paralizar el disco por la pandemia? 

R. Puede ser. Pero esto no nos ha venido bien a nadie. Yo he pasado demasiados tormentos por esto de la pandemia. Y evidentemente, a otras personas le ha pasado más factura que a mí. Porque yo no tengo hijos, no tengo deudas ni problemas económicos, ni hipoteca. Yo vivo de alquiler, tengo el coche pagado y vivo al día. 

P. Me refería a que te ha dado tiempo a ir sacando los temas del disco con un timing distinto.

R. Eso es porque trabajo con un fenómeno de la industria, como es Alberto Cañizares. Porque un artista, en estos tiempos, no puede trabajar de una forma que no sea medianamente profesional. Y, aunque España es un país de mucho compadreo, es fruto de que nos lo ponen muy difícil. Yo ahora estoy aprendiendo lo que es una liquidación. Y cuando haces una liquidación, te quedas eso, liquidao. Piensas: ¿en esto se queda? Pero si casi tengo que pagar para tocar.

P. A menudo has hablado de Radiohead como una influencia en tu música, lo cual es palpable especialmente en Meteoro. Hay que ver cómo canta el payo Thom Yorke.

R. Me flipa. Tiene quejío. Bueno, más que quejío, Thom Yorke tiene caramelo. Tiene una forma de cantar muy dulce, pero su forma de cantar duele. En ese sentido, sí me parece que tiene quejío. Porque no es una pose. Me gusta también mucho Björk, que tiene un rango mucho más amplio. Y, en cuanto a bicharraco como técnica vocal, otra que me fascinaba era Amy Winehouse. Amy era flamenquísima. Y Ray Charles. Pero donde yo muero particularmente es con Chris Cornell. Chris Cornell se había tragado a un cantaor de Jerez. A un Agujetas, a un Chocolate. 

P. Hablabas de pose antes. No sé qué opinión te merece esta tendencia a aflamencar el pop o el trap que se está viviendo ahora.

R. Yo adoro todo lo que le de bombo al flamenco. Lo que pasa es que también lo conozco desde dentro y sé que el flamenco es un jardín delicao, en el que a sus plantas no le sientan bien las especies invasoras. No es peyorativo. Pero las especies invasoras solo pueden introducirse con cuidado y bien hecho. Porque un jardín tiene que tener su ingeniería. En cualquier caso, no se va a morir nadie porque escuche una cosa mal hecha. Yo soy partidario de lo bien hecho. Y hoy día, gracias a la capacidad de autoproducción, salen cosas muy guays, y muy honestas. A mí sinceramente, me gustan muchas cosas de Rosalía, otras que no. Me gustan cosas de C.Tangana, otras que no. Me gustan cosas de Niño de Elche, otras que no. No son mis artistas preferidos, pero reconozco que hay mucha calidad en lo que hacen, teniendo uno, dos, o pie y medio en el flamenco. 

P. ¿Te reconoces en lo que hacen?

R. Yo no puedo tirar piedras contra mi propio tejado. Yo no estoy haciendo flamenco puro. Pero yo tengo una forma de entender la pureza. Para mí la pureza es la autenticidad.

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17 de mayo de 2021 - 06:00 h
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