“Mi vecina me ha apuntado a la plataforma porque yo no sé”: la realidad de Moreras estalla con el coronavirus

Vecinos de Moreras recogen alimentos en el Colegio Antonio Gala | MADERO CUBERO

Moreras siempre ha estado ahí. Como también lo están el Sector Sur o el barrio del Guadalquivir. Estas tres zonas se sitúan entre las más pobres de toda España y la crisis por la pandemia del coronavirus ha hecho estallar de nuevo la pobreza endémica que sufren estos barrios, auténticos suburbios abandonados a su suerte aunque auxiliados por la labor encomiable de asociaciones como Ariadna o la parroquia Santas Margaritas.

La irrupción del virus no ha hecho nada más que implosionar la realidad de este barrio de la manera más ruda posible: dejando a miles de personas en la más absoluta pobreza. La brecha digital aleja también a estos cordobeses de poder recibir ayuda. Vestidas con ropa de calle. Algunas con batas y zapatillas, pero con bolsas en las manos. Muy pocas van protegidas con guantes y mascarilla. En su mayoría son mujeres las que se acercan hasta el colegio Antonio Gala para recoger comida con la que sobrevivir a diario. “¿Puedes bajar a ayudarme?”, pide por teléfono una chica a su interlocutor. Embarazadísima y con un carrito hasta arriba de leche, galletas, aceite y carne congelada.

Durante esta mañana, la asociación Ariadna -en colaboración con el Banco de Alimentos y gracias a la plataforma municipal Todos por Córdoba- ha entregado bolsas de alimentos desde las 12:30 hasta pasadas las 14:00. Es la tercera vez que la organización colabora en esta iniciativa y, a pesar de la urgencia, los vecinos de Moreras aprecian una mejora en la organización. “Hoy va todo más rápido, menos mal”, comenta una joven a una de las trabajadoras sociales de Ariadna, quien identifica a los usuarios a la entrada del colegio Antonio Gala para certificar que están registrados en la plataforma, requisito imprescindible para recibir alimentos.

La cola se va haciendo más larga por minutos pero los problemas acaban llegando: muchas personas acuden al auxilio de Ariadna pero sin estar dadas de alta en la plataforma. Las mujeres que se acercan hasta la cancela del colegio piden pasar “para hablar con Presen”, otra trabajadora social de Ariadna. De la mejor manera posible, Presen Izquierdo intenta hacer entender a las familias que es básico su registro porque el Ayuntamiento debe llevar un estudio para saber cuál es la situación que se vive en Córdoba actualmente. Este es el principal problema que transmite al alcalde de la ciudad, José María Bellido, y a la delegada de Servicios Sociales, Eva Contador, nada más llegar al colegio. “Es imposible hacerlo de otra manera sino, no damos abasto. No hay forma humana de albergar todo esto porque el volumen de necesidad ha crecido mucho en poco tiempo”, responde el regidor.

Esmeralda tampoco está apuntada en la plataforma. Acude al centro en busca de alimentos porque desde la parroquia no recibe respuesta. “Llame hace días y nada. Me he enterado que aquí dan comida y aquí estoy”, cuenta recelosa. Un voluntario le explica cómo debe hacerlo, pero ella mueve la cabeza. “No lo sé hacer”. Busca el móvil pero no lo encuentra. “Ay, lo han cogido las niñas y está en casa”. Finalmente, otro voluntario registra a la familia de Esmeralda en la plataforma. Ahora tendrá que recibir un mensaje para poder recoger comida. Hoy se va con las manos vacías.

Ángela y su familia son diez en casa, entre los que se encuentra un niño de un mes “al que le hacen falta pañales y leche”. Con los mercadillos cerrados, las posibilidades de conseguir ingresos se han reducido a cero. Lleva un año esperando la resolución para conseguir la renta mínima de la Junta de Andalucía. Como muchas otras familias, el primer día llegó al centro sin estar registrada. Una vez finalizado el reparto, esperó para ver si sobraba algo y pudo, al final, llevar comida a casa. Días más tardes, una vecina la inscribió en la plataforma. “Yo soy analfabeta para eso, de verdad, y ya hoy tengo un respiro. Al menos tenemos leche, que los niños beben muchos colacaítos y prefiero darle un vaso a mis nietos que bebérmelo yo. ¿Dónde están los millones que dicen que hay? Porque yo no tengo ninguno”.

Presen asegura que el coronavirus ha sido “la gota” que ha empeorado aún más el barrio de Moreras, muy deteriorado en los últimos cinco años. “Es una lástima porque los problemas sociales emergen antes donde hay más precaridad. Si antes no dábamos abasto, ahora, menos. Es muy frustrante porque son familias a las que conoces desde ahce muchos años pero no podemos hacer más”, cuenta esta trabajadora social, que recuerda que el fin de su organización no es la de repartir alimentos, sino que han respondido a la llamada realizada por el Ayuntamiento, al igual que CIC Batá, que hace esta labor durante los fines de semana. “En Moreras había familias que ya habían mejorado su situación y ahora vuelven a caer. Son barrios abandonados de siempre. De siempre”.

Miriam es de las pocas vecinas del barrio que sí ha sabido cómo acceder a la plataforma y registrarse. Empleada de hogar en paro, víctima de violencia de género durante años,  sobrevive ella y sus hijos gracias a la pensión de 500 euros de su padre. Empuja su carrito con una losa invisible: un 66% de minusvalía por los maltratos psicológicos ocasionados por su expareja. Con 37 años, hace tan sólo uno que decidió poner fin a su relación de 23 años. “Aguantas y aguantas por los niños, pero ya no puedes mas”. Espera ver la luz al final de este túnel si finalmente es elegida en un puesto de trabajo que ha solicitado en Fepamic. “A ver si tengo suerte”.

Desde la puesta en marcha de Todos por Córdoba el pasado 1 de abril, más de 3.000 familias se han registrado para recibir alimentos, un número que puede ascender a las 8.000 personas. En ella colaboran más de 50 asociaciones y 500 voluntarios y ha recibido más de 155.000 euros en donaciones de personas anónimas y empresas.

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