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Deoleo se queda en Andalucía y los olivareros aspiran a volver a tener voz en los vaivenes de precios del mercado

Botellas de aceite Carbonell en la planta que la empresa Deoleo tiene en Alcolea, en Córdoba.

Alfonso Alba

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“Queremos que las familias que llevan generaciones dedicadas al olivar puedan seguir viviendo de él y ofrecer un futuro prometedor a las nuevas generaciones de agricultores”. Antonio Luque es el presidente de Dcoop, una cooperativa de cooperativas que representa a 75.000 familias productoras de aceite de oliva en la Península Ibérica. Dcoop, con sede en Antequera (Málaga), acaba de anunciar la adquisición del 50% de la multinacional Deoleo (con su fábrica en Alcolea, Córdoba). La otra mitad se la quedará Acesur, otra gran comercializadora del aceite de oliva, con sede en Dos Hermanas (Sevilla) y propietaria de históricas marcas como La Española.

El mensaje de Antonio Luque es importante para los miles de olivareros que acaban de iniciar la campaña con una enorme incertidumbre. Aunque se espera que la producción sea muy alta gracias a las generosas lluvias de los dos últimos años, los precios en origen se han hundido tanto que hay agricultores que se están planteando dejar en los olivos gran parte de las aceitunas. Este mismo jueves, solo las cotizaciones del virgen extra subían levemente y se pagaban a 3,20 euros por kilo en origen. El resto, bajaban hasta los 2,78 euros del lampante, según Infoliva. Un estudio de costes de la Asociación de Municipios del Olivo (AEMO) señala que con esos precios solo es rentable, y con poco margen, el olivar de seto (que cuesta 3,08 euros por kilo producirlo). El olivar tradicional tiene un coste de 5,31 euros por kilo que lo hace inviable con los precios actuales.

Los productores y las organizaciones agrarias siempre han culpado a las comercializadoras de ser las culpables de los vaivenes en los precios. Hace tres años, se llegó a pagar nueve euros por kilo en un contexto de muy baja producción a causa de la sequía. Ahora se están pagando precios en origen similares a hace 15 años, cuando la inflación se ha disparado, el combustible es mucho más caro y el coste de la mano de obra en un sector cada vez más mecanizado también ha subido de manera notable. En Andalucía, especialmente, las administraciones siempre han instado a los productores a asociarse y a comercializar su propio producto, en un intento de poder influir en los precios.

La operación de compra venta de Deoleo ha sido vista por el sector en Andalucía como una oportunidad por el papel de Dcoop. Esta entidad ya controla una parte del mercado del aceite de oliva. Dcoop es, por ejemplo, propietaria del 50% de la marca Pompeian, que es la que controla el 20% del aceite de oliva que se vende en Estados Unidos. La compañía factura al año 1.500 millones de euros y para Antonio Luque la compra de Deoleo siempre ha sido un objetivo prioritario para, precisamente, aumentar su cuota de mercado.

Durante el proceso de venta de Deoleo ha existido una extraña unanimidad en España. Tanto el Gobierno central como la Junta de Andalucía o los gobiernos autonómicos en los que se produce aceite de oliva han apostado por que la compañía se quedase en España. Todas las organizaciones agrarias (Asaja, COAG y UPA) y hasta la organización de cooperativas agroalimentarias de Andalucía han insistido en la vía Dcoop para mantener en España a Deoleo, propietaria de marcas históricas como Carbonell (una de las primeras grandes comercializadoras de aceite de oliva nacida en Córdoba a mitad del siglo XIX) o Koipe.

Un sector que ya fue clave para Roma

La producción de aceite de oliva es clave para la economía del sur de la Península Ibérica. El sector hunde sus raíces en los años 20 antes de Cristo. Su cultivo lo incentivó Roma para abastecer a su imperio. En tres siglos, la producción de la Bética fue tan masiva que de los restos de las ánforas cargadas de aceite de oliva surgió una montaña en Roma, el Testaccio. Ya entonces, el estado romano a través de la Annona (una especie de empresa estatal de manutención) controló la producción y los precios, para evitar la especulación. Desde entonces y hasta la actualidad, el sur de la Península ha sido la cuna de la producción mundial del aceite de oliva, con Jaén a la cabeza y Córdoba como segunda provincia. Los productores eran nacionales, pero muchas comercializadoras, foráneas. En los años noventa se afirmaba que España producía, exportaba a granel a Italia que envasaba y vendía mucho más caro, quedándose con todo el valor añadido.

Gran parte del éxito de unión de cooperativas de Dcoop está, precisamente, en el deseo de los productores de revertir esa situación. En los primeros años del siglo XXI, el consejero de la Junta de Andalucía Isaías Pérez Saldaña (ya fallecido) se recorrió casi todos los pueblos andaluces para reunirse con productores asociados en cooperativas, a los que animaba a fusiones y uniones con las que intentar controlar la comercialización.

Deoleo, heredera de gran parte del negocio alimentario del grupo SOS, entro en causa de disolución en 2016. El gigante, que controlaba marcas tan reconocidas para el consumidor como Carbonell, Koipe, Bertolli o Carapelli, llegó a plantear un balance en el que triplicaba sus pérdidas hasta los 179 millones de euros. Deoleo arrastraba una enorme crisis desde 2009, cuando salieron los famosos hermanos Salazar de su consejo. Hasta 2016 encadenó un ERE tras otro. Redujo su plantilla a la mitad, cerró plantas en España e Italia, y acometió un salvaje plan de reducción de costes.

Desde 2016, Deoleo estaba en el punto de mira de Dcoop y de su presidente, Antonio Luque. La multinacional, que es una empresa cotizada, estaba en manos de fondos de inversión que, tarde o temprano, la iban a vender para hacer negocio. Antes tenían que sanear sus cuentas, algo que se ha podido lograr gracias al buen comportamiento del mercado de los dos últimos años. Deoleo está en números negros de nuevo. CVC controla el 57% de sus acciones y en este ejercicio se marcó como prioridad su venta al mejor postor.

En la puja entró con fuerza Dcoop. Y después se sumó, también con mucho interés, la italiana Coricelli. La familia transalpina lo ha intentado hasta última hora y la pasada semana lanzó una oferta conjunta con la española Migasa para adquirir Deoleo. Pero finalmente ha sido la oferta conjunta de Dcoop con Acesur (que ya poseía un 5,07%) la que ha logrado el sí de los fondos de inversión que controlan Deoleo.

Ahora queda por saber cómo se reparten Deoleo entre Dcoop y Acesur. Y cómo afecta la operación al mercado. Las dos compañías se han encomendado ya a las autoridades que regulan la competencia. El principal escollo de Dcoop siempre estuvo en el mercado de Estados Unidos, donde en el caso de adquirir el 100% de Deoleo acabaría convirtiéndose en monopolio. Pero no ha trascendido cómo será el proceso ahora, ni qué marcas se quedará cada empresa.

El mensaje del consejero delegado de Acesur, Gonzalo Guillén, está orientado más al mercado que a los productores: “Las marcas de Deoleo se han ganado la confianza de generaciones de consumidores en todo el mundo. Nuestra ambición es reforzar ese vínculo y seguir llevando el aceite de oliva a nuevos mercados, con la calidad, la trazabilidad y la excelencia como pilares”. Antonio Luque, por su parte, insiste en que el fin de Dcoop con esta adquisión es “aumentar el consumo de aceite de oliva en el mundo es también una oportunidad para fortalecer nuestras comunidades rurales y nuestros pueblos”.

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