Rafael Sarazá, un hombre comprometido

Rafael Sarazá, en una imagen de archivo.

Hijo de Rafael Sarazá Murcia, Rafael Sarazá, que ha fallecido este miércoles en Córdoba, perteneció a una familia de juristas y militares. Su tío, Manuel Sarazá Murcia, fue alcalde de Córdoba. Estudió Derecho en la Universidad de Sevilla. Militante de Acción Católica en su juventud, fue uno de los fundadores del Círculo Cultural Juan XXIII (1962). Abogado en ejercicio desde 1956, fue profesor de la Escuela de Práctica Jurídica de Córdoba. Casado con María Luisa Jimena Fernández, tuvo siete hijos: Rafael, Luisa María, Ángela María, Lola, Juan de Dios, Pablo y Loles.

El histórico abogado penalista cordobés sufrió un ictus la semana pasada y estaba ingresado en el hospital Reina Sofía acompañado de su familia. Sarazá ha fallecido a las 8:00 de este miércoles 26 de cctubre. Sus restos serán velados en el Tanatorio de Las Quemadas. El funeral tendrá lugar este viernes a las 12:00 en la Parroquia Santuario Nuestra Señora de la Fuensanta.

Sarazá dedicó gran parte de tu trayectoria a diferentes movimientos reivindicativos y sindicales de la capital cordobesa. En el Franquismo en la defensa de acusados en el Tribunal de Orden Público (TOP), así como en la lucha democrática y la salvaguarda de los derechos humanos. Concejal del Partido Comunista en el primer Ayuntamiento democrático, fue teniente de alcalde en el período 1979-1981 con Julio Anguita como alcalde. Puesto del que dimitió. En los años 80 fue uno de los impulsores de la Plataforma Anti-OTAN.

En su trayectoria profesional, llegó a ser miembro del Consejo General del Poder Judicial entre 1994 y 1998 a propuesta de Izquierda Unida. Recibió la Fiambrera de Plata del año 1994 concedida por el Ateneo de Córdoba. Entre sus distinciones está la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort en 1996 y la Medalla de Oro de la Ciudad, en 2006.

Gran Cruz al Mérito en el Servicio a la Abogacía del Consejo General de la Abogacía Española (2008).

Uno de los casos más sociales fue el de la defensa de los vecinos que se encadenaron junto a las vías del tren para exigir la eliminación de los pasos a nivel en la ciudad.

Siempre, y sobre todo en los últimos años, ha estado ligado a su barrio, el Santuario, del que formó parte de su vida asociativa una vez retirado de su vida profesional.

Ha sido considerado como uno de los mejores abogados penalistas de Córdoba, además de haber sido abogado de diferentes movimientos reivindicativos y sindicales de la capital cordobesa, distinguiéndose en el franquismo en la defensa de acusados en el Tribunal de Orden Público (TOP), así como en la lucha democrática y la salvaguarda de los derechos humanos tal y como se puede desprender de sus propias palabras:

“Soy abogado, con una vocación profunda, y amo mi profesión, sin escollos ni contradicciones, al servicio de mis ideas, sobre las que se yergue la defensa del menos protegido. Mi fe cristiana me impele a leer el Evangelio, a encontrar en sus páginas el clamor sin favor de los pobres, el aliento a los desamparados, el bálsamo vital para aquellos que sufren. Yo, que tengo tantos huecos sin colmar, tantos problemas sin resolver y mi alma ardida en dudas de insondable raíz religiosa, siento como luz clarísima que el mensaje evangélico es una revolución frente a los poderes del mundo. Si para defender al individuo, hay que atacar la institución, no me arredro, no escondo la cabeza, no me arrugo. Con el filo de la navaja a flor de carne, me enfrento, armas en ristre de que me dota mi profesión y mis ideas, contra todo aquello que oprime a los hombres”.

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