Un pedacito de Córdoba ya está rumbo a Tinduf

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Finaliza la estancia veraniega de 170 niños saharauis entre 8 y 12 años que, como cada año desde 1994, han pasado estos dos meses en casas de familias cordobesas

Se acabó el verano y es la hora de las despedidas, de avisar cuando llegues, de prometer escribir y, por supuesto, de repetir la experiencia porque ya sabéis que aquí, en Córdoba, tenéis vuestra casa. Como cada año, la tristeza y la alegría se han dado la mano en la despedida de 150 de los 170 niños saharauis que desde el pasado 28 de junio han residido en la capital y varios municipios de la provincia. La expedición ha partido del Arenal rumbo a Málaga, desde donde tomarán un avión a los campamentos de refugiados de Tinduf, en donde les esperan sus familias. El resto, veinte, lo harán mañana para partir desde Sevilla.

La expedición, organizada como cada año desde 1994 por la Asociación Cordobesa de Amistad con los Niños y Niñas Saharauis, ha contado en esta ocasión con 170 menores, de 8 a 12 años, que se han distribuido entre familias de la capital, 57, y de municipios de la provincia como Palma del Río, Villanueva de Córdoba y Fuente Palmera. Para todos ellos, hoy ha sido un día duro, pero también alegre por haber disfrutado de una experiencia que, en algunos casos, se repite de hermano en hermano. “Ocurre que alguno de los niños son hermanos de otros que, en su día, ya estuvieron en Córdoba con las mismas familias”, señala el vicepresidente de la asociación, Antonio Palma.

Durante estos dos meses, los pequeños han disfrutado de unas vacaciones en familia en un entorno radicalmente distinto a su realidad cotidiana en el desierto argelino. Los niños han contado con revisión médica, merced a un acuerdo con el SAS, para evaluar que no tenían ningún problema de salud que precisase tratamiento y han protagonizado un intercambio cultural con familias cordobesas con las que han creado un vínculo muy difícil de olvidar.

La cita para la despedida era hoy a las 16:30 en el recinto del Arenal, en una tarde de mucho calor en la que primero ha tocado cargar cientos de kilos de equipaje en un camión expresamente fletado para la ocasión. En los últimos minutos, abrazos, besos, selfies y mucha emoción en una despedida que, a buen seguro, solo será un hasta luego.

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