Ocho meses de preparativos y 300 invitados: suspensión 'in extremis' de una boda por el coronavirus

Lupe y Fran tuvieron que aplazar su boda en Santa Marina el sábado 14 de marzo.

Lupe y Fran deberían estar celebrando este sábado su primera semana juntos como matrimonio en su Luna de Miel entre Japón y Maldivas. Pero el coronavirus se cruzó en su wedding planing. El pasado viernes 13 de marzo,  in extremis, a 24 horas de su boda y con el decreto de estado de alarma pendiendo sobre el evento que llevaban preparando ocho meses, decidieron aplazar la ceremonia y la celebración, evitando riesgos para sus más de 300 invitados y, sobre todo, evitando también que su boda se convirtiera en un mal recuerdo en el futuro.

“Fue una decisión dura, dolorosa, pero no quedaba otra”, explican a CORDÓPOLIS en conversación telefónica esta pareja, ya algo más tranquilos, asumida la situación. Ella, cordobesa, de 29 años y médico de profesión. Él, natural de Badajoz, de 32 años y empleado de una inmobiliaria. Iban a celebrar su boda el pasado sábado 14 de marzo en Córdoba, en la iglesia de Santa Marina y luego lo celebrarían con sus invitados en Torre de la Barca. Pero en los últimos días, vieron cómo los planes se venían abajo.

“Muchos de nuestros invitados venían de fuera de Córdoba. De Asturias, del País Vasco, incluso de Londres y Australia”, explica Lupe. “Y ya desde el miércoles -11 de marzo, tres días antes de la fecha de su boda y de que finalmente, por la noche, el Gobierno decretase el estado de alarma-, vimos que iba a haber restricciones de movilidad y a lo mejor cierre de fronteras”.

Al día siguiente, el jueves, “ya nos anularon su asistencia varios invitados. Y el viernes, muchos más. Ese día, viendo la situación, cómo estaba todo, con miedo por si pudiera pasar algo si seguíamos adelante, tomamos la decisión”, recuerdan. La pareja se reunió con los padres de ambos “y decidimos que lo mejor era aplazar la boda”.

Ocho meses de preparativos

De repente, los preparativos del evento durante ocho meses se toparon con un muro infranqueable: “Era una causa de fuerza mayor”, asumen al recordar cómo se precipitaron los acontecimientos, el decreto de estado de alarma, la prohibición de salir a la calle y de reunirse. Y las cifras de contagiados.

Ahora, ya con la mente más relajada después de una semana, creen firmemente que su decisión fue un acierto, no solo por las circunstancias que el coronavirus hubiera podido provocar en una reunión de más de 300 personas, sino, sobre todo, porque quieren disfrutar al 100% del día de su boda, cuando puedan celebrarla.

En estos días andan resolviendo temas del aplazamiento con las cuestiones contratadas para la boda, pagando parte de algunas “como las flores, que ya estaban previstas el día de antes”, y aplazando otras como la iglesia y el lugar de la celebración, buscando ya fecha “para noviembre o diciembre”.

Cuentan que han tenido “todo el apoyo” de sus familiares y amigos para comprender esta decisión y, por sus palabras, se nota que la ilusión que en estado de shock se vio perdida, se mantiene ahora entre ellos mirando ya al futuro y a la verdadera celebración que quieren que sea su boda.“Al principio fue un drama, pero ahora vemos que es mejor celebrarla más tarde y que todos estaremos mucho más tranquilos”. Y felices. Seguro que sí.

La de Lupe y Fran no ha sido, ni mucho menos, la única boda que ha debido de ser aplazada por culpa del coronavirus en Córdoba. Lo confirman, además de establecimientos de celebración de eventos, otros partícipes en la preparación de las bodas, como las iglesias -explican a este medio desde la Diócesis-, estudios de maquillaje como el de Menchu Benítez, que solo para este sábado ha anulado ocho servicios para bodas ante el aplazamiento de las ceremonias y la imposibilidad de mantener las distancias de seguridad en su labor-. O como creadoras artesanales de tocados para ceremonias, como Sara Aguilar, que ahora sigue trabajando en casa, para que cunda el ejemplo y el consejo entre sus clientes en estos días: #Quedateencasa.

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