Lilith, víctima de la trata: “Ahora soy feliz en Córdoba”

Lilith, víctima de trata por explotación sexual con su bebé | MADERO CUBERO

España es uno de los principales destinos de la trata de mujeres con fines de explotación sexual. El perfil de las chicas captadas responde, en la mayoría de las ocasiones, a jóvenes de entre 18 y 25 años que provienen de países como Nigeria, Rumanía, China, Brasil y Bolivia. Son datos oficiales del último informe del Movimiento por la Paz, un documento realizado con motivo del Día Mundial Contra la Trata, que se conmemora este lunes. Lilith (nombre ficticio) responde fielmente a este perfil. Es nigeriana y tiene 24 años. Llegó a Córdoba, a la casa de las hermanas Adoratrices, hace poco más de un año y medio tras una redada en Almería que supuso su libertad. Ella tuvo suerte. Otras chicas no tienen esta segunda oportunidad ya que, incluso, son asesinadas si se niegan a prostituirse.

La historia de Lilith arranca en Nigeria, donde intentaba salir adelante como peluquera. Allí lo tenía casi todo: sus padres, sus hermanos -ella es la mayor- y su pareja. Sin embargo, la pobreza hizo que se dejara llevar por una “persona de confianza” que le aseguró que en España tendría una vida mejor: podría trabajar como camarera y conseguir un sueldo más elevado del que percibía en Nigeria. Tras pagar una pequeña cantidad de dinero, accedió a esta “ayuda” que se le ponía por delante. Jamás pensó en lo que se encontraría horas después de montarse en un autobús.

En aquel autocar, Lilith recuerda que viajó con otras chicas hasta la frontera de Marruecos. El “jefe” -tal y como suelen llamar a los proxenetas- confiscó todos los pasaportes de las jóvenes para evitar que pudieran escaparse. En esa frontera ya empezaron los abusos sexuales e, incluso, algunas nigerianas fueron sometidas a ritos de vudú para que ejercieran la prostitución. “Esta práctica les hace creer a las chicas que deben someterse aún más para cumplir la deuda que tienen con el jefe”, explica Esmeralda Pino, que gestiona el proyecto Fuente de Vida de las hermanas Adoratrices, gracias al cual ayudan a salir adelante a mujeres víctimas de la trata.

Después de un viaje de casi 5.000 kilómetros, Lilith y las otras chicas fueron retenidas en Barcelona. Más tarde las trasladaron a Cuevas de Almanzora (Almería), a una casa en la que sufrieron todo tipo de abusos sexuales. Este periódico no ha podido constatar cómo llegaron todas las chicas hacia la ciudad condal ya que Lilith nunca lo precisó, aunque fuentes directas del caso señalan que el modo más común es través de las pateras. Lilith apenas tenía unas horas de descanso al día. Debía estar disponible el tiempo que quisiera el “jefe” y cualquier protesta se aplacaba con violencia. Aislada, sin dinero, en un país extraño para ella, con un desconocimiento total del idioma y con amenazas de hacer daño a su familia si no se prostituía. Así era el día a día de Lilith.

El fin a esta tortura llegó el pasado mes de noviembre de 2017. Una operación conjunta entre la policía nigeriana y española permitió la liberación de todas las chicas que estaban siendo explotadas en aquella casa. Seis chicas fueron enviadas al hogar que las hermanas Adoratrices tienen en Almería, entre ellas Lilith. Días después, la joven nigeriana era trasladada a Córdoba para que recibiera ayuda de las religiosas afincadas en la ciudad cordobesa. Esta congregación se fundó en 1901, de la mano de María Micaela, una de las pioneras que trabajó por los derechos de las mujeres y a la que, además, le horrorizaba que se comercializara con el cuerpo.

Un año y medio después de su llegada, el cambio que ha experimentado Lilith ha sido “increíble”, describe la hermana Superiora, María Mateo. Quién sabe si la responsable de la transformación vital que ha sufrido la joven es la pequeña de apenas cuatro meses que porta en sus brazos. La hija de Lilith es la consecuencia más directa de la explotación sexual, pero finalmente no abortó. Mateo cuenta que la mayor parte de las chicas que llegan hasta esta casa de acogida están embarazadas. “Algunas, al principio, no quieren tener al niño”, dice. Pero no fue el caso de Lilith. La joven pasó de no querer relacionarse con nadie a empezar a sonreír, aunque muy poco a poco. “Ella no se levantaba de la cama. Se quedaba encerrada y apenas se relacionaba”, cuenta Pino, que asegura que tras el nacimiento de la niña, Lilith “es otra”.

Además, Mateo explica que la adaptación de las jóvenes nunca es fácil ya que sienten desconfianza hacia todos. “Las personas que se han acercado a estas chicas lo han hecho para hacerles daño y cuesta mucho hasta que cogen confianza. Poco a poco, ellas van organizando sus sueños y su vida, y eso cuesta mucho”, asegura Mateo, que explica que su congregación acoge a mujeres de entre 18 y 38 años.

Actualmente, las Adoratrices están ayudando a 16 mujeres. Lilith se encuentra en la primera fase del programa, que se centra en la acogida y en la atención integral tanto de la joven como de la bebé. Esta fase se alarga hasta que la menor tiene un año. Cuando pase ese tiempo, Lilith entrará en la segunda fase del programa, dedicada a la integración laboral y en la que pasará a vivir en una casa anexa al edificio de las hermanas Adoratrices. Se prevé que en esta fase Lilith podrá disponer de un puesto de trabajo que le permitirá cubrir sus necesidades básicas y ahorrar, ya que la congregación seguirá facilitándole recursos. Después de un período de un año cómo máximo, la tercera y última fase estará orientada a la autonomía integral de Lilith, que vivirá también durante un año en otro piso de la congregación. Durante estos años, las hermanas facilitarán todo tipo de ayuda para empezar una vida y conseguir que las mujeres se valgan por sí mismas. En todo este proceso, además, suelen estar acompañadas de voluntarias que les hacen un seguimiento para que su adaptación no sea tan dura.

Lilith tiene claro que no quiere volver a Nigeria. Poco a poco va aprendiendo español y en alguna ocasión ha comentado que en septiembre quiere empezar a trabajar. Después de su entrevista con CORDÓPOLIS, deja a su pequeña en el salón junto con otro bebé y una cuidadora. Regresa al comedor para empezar a recoger todos los platos y vasos que se han limpiado tras el desayuno. La rutina y la organización consiguen que Lilith vaya poniendo en orden su vida. Ha sido declarada como víctima de la trata. Cada día habla con sus familiares para ver cómo se encuentran, pero el futuro de Lilith está muy lejos de ellos. Ahora en Córdoba es feliz.

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