Julio Anguita: “La política seria es la que planifica aunque sean otros los que la inauguren”

Foto de familia de la primera Corporación municipal democrática en 1979.

En la semana en que se cumple el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas en los ayuntamientos del 3 de abril de 1979, CORDÓPOLIS inicia una serie diaria de entrevistas con todos los alcaldes y alcaldesas que ha tenido Córdoba en estas cuatro décadas, a excepción de Andrés Ocaña, fallecido en 2017.

Cada uno de ellos responderá a una serie de preguntas sobre su experiencia al frente del Ayuntamiento en su mandato, con las que dibujar los cambios en este tiempo en la política municipal. Iniciamos esta serie de entrevistas con el primer alcalde democrático de Córdoba, Julio Anguita (PCE), que estuvo al frente del Consistorio entre los años 1979 y 1986.

PREGUNTA. Cuando tomó posesión como alcalde, ¿cuál creyó que era la principal misión que debía cumplir al frente del Ayuntamiento?

RESPUESTA. En aquellos momentos, lo que teníamos claro nada más que era una cosa: que estábamos allí en representación del pueblo y éramos conscientes -y yo bastante- de que entrábamos en una institución de la que no conocíamos gran cosa. Y que en la calle había muchas expectativas esperando que, por el simple hecho de que hubiésemos entrado nosotros y las demás fuerzas políticas, al día siguiente estaba Córdoba llena de jardines y los problemas resueltos… Esa angustia yo la sentí. Hay un periodista que me vio en el momento que fui elegido alcalde, asumiendo una responsabilidad, preocupado. Por eso. Al día siguiente, cuando llegué al Ayuntamiento llamé a los funcionarios, el interventor y el secretario y les dije: Miren ustedes, no conocemos esto, lo único que tenemos claro es que representamos el poder popular. A partir de ahí, tuvimos unos grandes funcionarios que apoyaron. Pero eso de proyectos…Teníamos ideas, pero los proyectos fueron saliendo después de esos meses.

P. ¿Qué fue lo que más le llamó la atención del funcionamiento del Ayuntamiento?

R. Era una máquina muy anticuada. Era una máquina de una administración que siempre era la criada de las otras administraciones. Todo lo que la administración central de entonces no quería hacer, enseguida se lo lanzaba a los ayuntamientos con el cuento de que los ayuntamientos están para atender a sus vecinos. Pero no tenían dinero. Entonces nos dimos cuenta de que estábamos ante una máquina con unos impuestos antiquísismos, impuestos sobre canales, sobre ventanas…. impuestos que además recaudarlos costaba más que lo que el impuesto devengaba. Una máquina que tenía muchos aspectos del siglo XIX y, además, toda la injuria del franquismo. Eso fue lo que nos encontramos. Una anécdota lo refleja: cuando nuestro concejal de Hacienda, José Luis Villegas, le pregunta al funcionario correspondiente que si el ayuntamiento tenía patrimonio, que qué bienes tenía... Le dice: Sí, sí... ¿Y dónde está eso? Dice: aquí. Y se señala su cabeza. Lo tenía en la cabeza. Con eso ya puedes explicar lo que era aquello.

P. ¿Cuál fue la principal dificultad a la que se enfrentó?

R. Saber que uno tiene un mandato, que uno es militante del partido comunista y que tiene que trabajar con eso que hay ahí y, por lo menos, aplicar algunas ideas, aunque fueran modestas, porque siempre hemos tenido un criterio realista. Se puede hacer lo que se puede hacer, pero siempre en una línea. Nosotros tuvimos, tengo que reconocerlo, buenos funcionarios, en el sentido de que sabían perfectamente lo que tenían que hacer: servir lealmente a la Corporación, si veían advertencias de ilegalidad las hacían y ya la Corporación decidía… Y en eso tengo que reconocer que tuvimos suerte. Lo que sí pasó es que, al día siguiente, cuando empezamos a discutir, empezamos a trazar proyectos. De hecho, muchas de las cosas de la Córdoba de hoy se tejieron en aquellos años, con todas las fuerzas políticas, no solamente el PCE, sino también con la UCD, con el PSOE, con el PSA…

P. ¿Cómo fue la relación como alcalde con la sociedad durante su mandato?

R. Yo no he sido nunca un alcalde de peroles, de encuentros con la gente. Yo he ido a las asambleas, he ido a explicar los presupuestos a los barrios, he ido a los colegios a explicarle a los niños cómo funciona un presupuesto, he tenido debates ciudadanos…. Pero después, las relaciones de peroles, medallas…He rehuido siempre eso. Porque entendía que no era mi misión. Mi misión era trabajar con el pueblo, pero a la hora de mis copas o mi recreo, lo hago con mi familia o mis amigos.

P. ¿Qué medida que tomó durante su mandato le produce más orgullo? ¿Y cuál más frustración?

R. Yo siento el orgullo, legítimo creo, de que trabajamos -y tuvimos dos años un gobierno de las cuatro fuerzas políticas - y sentamos las bases de la Córdoba posterior. El hecho de que después el que me siguiera fuera Herminio Trigo, que había estado trabajando y también creando y participando en el diseño, facilitó que aquello se pudiese seguir. Eso es para mí la mayor satisfacción, que fuimos y optamos por una línea: o hacemos cosas ahora para que brillen mucho o planificamos el futuro. Optamos por eso segundo. En esto tuve un dicho que oí a un viejo alcalde, franquista por cierto, que decía: el político debe hacer cosas importantes aunque él no las inaugure. Eso es visión de futuro. Yo echo hoy de menos en España visión de futuro. Nadie sabe qué va a ser de este país dentro de 10 años. Esto no lo entiendo. Pues aquello, modestamente, en Córdoba sí lo hicimos nosotros. Cuando digo nosotros me estoy refiriendo a UCD, a PSOE, a PSA y al PCE.

Sobre la frustración, a veces fue para mí -y retomo la primera pregunta-, cuando vi en el acto en el que tomo posesión y me eligen, aquel salón tremendo en donde se oía "¡Julio, Julio, Julio"! la gente gritando....Sentí el peso tremendo de que aquella ilusión esperando un milagro se iba a ver decepcionada al poco tiempo porque después había dificultades, había que estudiar… Así ocurrió. Por eso, eso abochornaba. No os habéis dado cuenta dónde nos habéis puesto. Y estamos dispuestos a cumplir. Pero entended que estamos en territorio enemigo…. Ver aquella ilusión creyendo en el milagro. Yo lo sentí como una tremenda angustia. Por eso estoy en contra de las promesas políticas porque a la gente la hacen llevar al ánimo de que esto está hecho enseguida.

P. ¿Se arrepiente de alguna decisión que tomó? ¿Cuál?

R. No, solamente me arrepiento…. Yo siempre he sido muy quisquilloso a la hora de prometer cosas. Y se han cumplido. Pero hubo una que no. Y fue cuando calculamos mal y yo adelanté el traslado de la Feria de Córdoba. Eso ocurrió después, en el mandato de Herminio Trigo, diez años después. Pero lo anuncié demasiado pronto. Eso lo tengo clavado como algo que va contra mi manera de ser, pero tengo que reconocerlo.

P. ¿Qué diferencias ve entre la política municipal de su época y la actual?

R. Yo la política municipal actual no la conozco, apenas sé los nombres de los concejales. Pero eso lo hice desde que me fui, quise no estar aquí, porque parece ser que los antiguos alcaldes tienen que estar detrás de la nuca de los nuevos, ni muchísimo menos. Lo que sí noto en la política en general es que hay falta de perspectiva de futuro. Se hace pensando en las próximas elecciones y, en eso tengo que decir lo que he dicho antes: la política seria es la que planifica aunque sean otros equipos municipales los que la inauguren. Pero esto pasa en la perspectiva nacional. Es que en política no se han dado cuenta qué va a ser de la juventud, de cuál va a ser el tejido productivo de España, ¿sólo el turismo?.. Eso es lo que echo en falta, que no se paran a ver el futuro.

P. Un consejo para el camino que emprenda la próxima Corporación municipal a partir de mayo de 2019.

R. Yo no soy amigo de dar consejos. Simplemente me gustaría que pensasen esto que estoy diciendo: cómo ven a Córdoba dentro de 8 o 10 años. Y si la ven, si tienen un proyecto de Córdoba más allá de las frases de una Córdoba habitable, sin paro…todo eso que es muy bonito, pero…. si ven eso, que se preparen para hacerlo.

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