Jenifer Escobedo: de símbolo de la diversidad del Distrito Sur a desfilar en la pasarela

Jenifer Escobedo en la pasarela de Simof | FOTO PEPE CATALÁN

Jenifer Escobedo tiene 26 años, es cordobesa, alta, delgada, de sonrisa amplia, con unos ojos grandes y una piel morena que delatan sus raíces gitanas. Vive en el Distrito Sur de Córdoba, donde el verano pasado una fotografía suya de grandes dimensiones en un edificio hizo de espejo de la diversidad de la juventud que lo habita. Ella había superado con éxito su etapa de tránsito de género y lo había hecho en un ámbito tan tradicional como el de la comunidad gitana.

Entonces dio un paso al frente, reivindicó su imagen para visibilizar las historias personales que demasiadas veces se esconden en la realidad de la transexualidad. Y su imagen, que se mostró entonces en medios de comunicación locales y nacionales, es la que le ha permitido comenzar a labrarse un futuro profesional: hace solo unos días, Jenifer acaba de desfilar en Simof, el Salón Internacional de la Moda Flamenca, que se celebra cada año en Sevilla.

Había hecho sus pinitos en algún desfile en Córdoba, pero ahora ha podido llegar a la pasarela más importante de trajes de flamenca, de la mano del diseñador Francisco Tamaral. El creador vio algunas fotos de la joven, contactaron y tuvo el sí. En enero realizaron pruebas de los modelos y, en unas semanas, estaba en el desfile de Simof.

Los nervios del momento, cuenta, no le impidieron disfrutar de la ocasión. “Es una pasarela muy importante y, desde luego, pueden abrirse otras puertas”. Porque Jenifer, tiene claro que quiere seguir un camino profesional con su imagen. Hace unos meses, de hecho, ya participó como modelo para fotografía en una exposición que organizó la Fundación Secretariado Gitano en Madrid.

Y ahora, sigue persiguiendo su sueño. Como cualquier joven de su edad. Actualmente estudia un curso de Artes Escénicas y otro de Imagen Personal. Tiene claro que quiere dedicarse a una profesión con proyección pública, a mostrar su imagen. Y ella, sigue reivindicando su esencia: la de género, la de etnia y ahora, también, la profesional.

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