“A mi hermana la van a echar del Ejército por donarme su riñón”

Loli muestra la cicatriz del trasplante de riñón donado por su hermana | MADERO CUBERO

Vanessa es, todavía, soldado en el Ejército de Tierra. Desde pequeña siempre tuvo claro a qué se iba a dedicar. “Yo quiero ser militar”, decía. Consiguió entrar en el cuerpo en el año 2000 y ha estado cerca de 15 años en la Brigada Guzmán el Bueno X de Cerro Muriano. Una vez en el cuerpo, su principal ilusión siempre ha sido formar parte de alguna misión. Por ello pidió el traslado a una de las seis Unidades Militares de Sevilla, donde ha trabajado hasta hace un año, momento en el que “comenzó una pesadilla”. La vida de Vanessa empezó a cambiar cuando la supervivencia de su hermana dependió de un riñón. Y ella no dudo en donárselo. Ahora, se enfrenta a su “resolución de compromiso” (despido).

Con todo lujo de detalles, María Dolores -la hermana de Vanesa- es quien cuenta a Cordópolis la situación que está viviendo su hermana. Mientras, ella escucha atentamente sin apenas decir nada. Llora en determinados momentos y sólo habla en una ocasión: para expresar la “decepción tan grande” que sufre de un cuerpo militar al que ella estaba entregada.

El principio de esta historia arranca en el mes de julio de 2011. En esta fecha, Loli -la hermana de Vanesa- empezó a acudir con bastante asiduidad al Hospital Reina Sofía. Fue deteriorándose poco a poco. La causa: una insuficiencia renal dado que ninguno de sus riñones funcionaba. Después de realizar pruebas a sus familiares más cercanos, el único órgano compatible para Loli era el riñón de su hermana. Vanesa no se lo pensó dos veces y se lo donó, no sin antes realizar todos los trámites legales y psicológicos obligatorios. En esos documentos, a los que ha podido acceder este periódico, se especifica que la operación a la que se enfrentaba Vanesa no iba a repercutir en su posterior estado de salud.

Una vez recuperada de la operación, Vanesa se reincorporó a la Unidad Militar de Cerro Muriano con “total naturalidad”. Los altos mandos del Ejército supieron de su situación y en ningún momento plantearon problema alguno. Tal y como explica Loli, su hermana “continuó trabajando y plenamente integrada. Cumplía sus exigencias físicas propias de la profesión y nunca vio mermada su condición de donante de riñón”. A estos resultados óptimos se unieron las revisiones anuales y satisfactorias realizadas en el servicio de nefrología del Reina Sofía.

Sin embargo, una vez destinada en Sevilla, la situación se complicó en marzo de 2017, cuando Vanesa pidió ir de misión. El 23 de ese mes, un médico militar -se utiliza esta denominación para no incluir el cargo original por miedo a represalias- emitió una orden en la que detalló las actividades que no podía realizar: “Operaciones en el extranjero, maniobras, jornadas de instrucción continuada y las generales, actividades en las que se exponga a temperaturas extremas y la limitación en la ingesta de líquidos”. Esta decisión se produjo después de que los médicos militares se enteraran, seis años después de la operación, de que Vanesa cuenta con un sólo riñón. La soldado luchó para demostrar que ella era apta para seguir ejerciendo su trabajo. Pero de nada sirvió. Sin embargo, Loli asegura que los altos mandos de la Unidad sí sabían que su hermana había sido operada y no pusieron ningún impedimento.

La hermana de Vanesa llega a contar que a la soldado le ofrecieron “sólo hacer las pruebas físicas y las guardias”. En ese momento, la militar ya estaba viendo “el grado de discriminación” que estaba sufriendo. “Le ponían trabas a cada paso que daba para poder ir de maniobras o hacer su trabajo”, explica Loli. La “humillación y el trato vejatorio” al que fue sometida Vanesa provocaron su baja por depresión psicológica. Los informes del hospital certifican que Vanesa no sufrió ningún tipo de trauma o trastorno tras el trasplante.

Loli asegura que, actualmente, en la Unidad Militar de Cerro Muriano hay mandos donantes de riñón que se han ido de misión y que ejercen su actividad sin ningún tipo de problema, al contrario que su hermana. Ahora, el caso de Vanesa se encuentra en la Jefatura del mando Personal del Ejército de Tierra. La familia ha denunciado esta situación de “discriminación laboral” ante el defensor del pueblo en Madrid y ante la Organización Nacional de Trasplantes. Vanesa no ha obtenido respuesta de ninguna entidad. Su despido conllevaría englosar las listas del paro y sin una indemnización. A ella y a su marido, que tienen tres hijos, les faltan las fuerzas. Pero tienen claro que lucharán hasta el final.

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