Cuando Córdoba tenía su feria de otoño

Caseta del Círculo de la Amistad en el Paseo de la Victoria | ARCHIVO MUNICIPAL

Durante casi un siglo, Córdoba también tuvo feria en otoño. Instaurada a finales del XIX, se celebraba primero en octubre y después en los últimos días de septiembre, quedando bautizada en la tradición de la ciudad como su Feria de Otoño. Así consta en documentos que guarda el Archivo Municipal, donde se constata el nacimiento de esta muestra con un objetivo principalmente comercial, para vender ganado y los excedentes de las cosechas agrícolas del verano.

La prensa local de entonces recogía cómo en septiembre de 1889, la Feria de otoño se inauguraba, promovida por la Hermandad de Labradores “y acogida con entusiasmo por las Excelentísimas Corporaciones provincial y municipal”, que apoyaron su creación para responder a la crisis ganadera que se dejaba sentir por entonces.

Esta nueva cita ferial se instaló en el mismo espacio que la Feria de la Virgen de la Salud, desde los Jardines de la Agricultura hasta la Puerta de Almodóvar, y su mercado de ganado se encontraba en un principio frente a la Puerta Gallegos, aunque con el tiempo se desplazó hasta situarse en los llanos de Vista Alegre, donde las transacciones de animales llegaron a tener una buena acogida.

“El Real de la feria, que es el mismo en que se celebra el gran mercado de la Salud, está siendo objeto de importantes mejoras. En la grandiosa tienda del Círculo de la Amistad, bajo cuyas tupidas lonas se reunirá lo más escogido de la elegante sociedad cordobesa, terminan los trabajos para la debida exornación. La que, de la propiedad del Municipio, se levantará frente a la puerta de los Gallegos, también se engalana para los próximos días”, relataban las noticias de prensa del momento.

Era el Ayuntamiento de la época quien se hizo cargo de la organización de la Feria de Otoño que contaba, además de con el mercado de ganado y mercancía agrícola, con atracciones para el público como conciertos de música, exhibiciones cinematográficas, circo, representaciones teatrales, carreras de “velocípedos”, de coches y de caballos, exhibiciones de globos aerostáticos y fuegos artificiales. Para su programa de festejos, se solicitó al Círculo de la Amistad que organizase alguna fiesta y también al Ateneo que celebrara una velada literaria.

Las crónicas de la época relatan cómo no faltaban los puestos de turrón, las casetas de tiro, juegos de cucañas y las típicas tómbolas, ni tampoco las iluminaciones especiales de la feria que se encendían al atardecer y eran apagadas a las doce de la noche. Y, junto a ello, también se organizaron en torno a la Feria de Otoño sus correspondientes festejos taurinos. A estos últimos, según cuentan los documentos de la época y se promocionaban en los carteles de las corridas de toros, acudían los diestros más afamados del momento, como Lagartijo o Machaquito, entre otros.

“Las localidades para la corrida de toros, se acaban”, daba cuenta de hecho la prensa, donde se relataban los últimos preparativos antes de la inauguración de la Feria de Otoño de Córdoba: “Desde las calle de los Tejares hasta las inmediaciones de la puerta de la Trinidad, se colocan los aparatos para la brillante iluminación encargada de sacar de las tinieblas aquel hermoso paraje. Las buñelerías situadas antes en el trayecto que media entre la puerta de la Trinidad y la de Almodóvar, se hallan instaladas en la línea inmediata a la ría. La fuente nueva con sus diferentes surtidores de agua, está recibiendo los últimos toques”.

Durante décadas, esta feria sirvió para dar respuesta al comercio de ganado y productos del campo cordobés, a la vez que se erigía en una fecha señalada para el ocio y el divertimento, no sólo de los cordobeses. “Muchos forasteros, aprovechando la comodidad y economía de los trenes especiales establecidos para todas las líneas que afluyen a Córdoba, dispónense a asistir a la feria de Otoño que puede asegurarse se presenta en buenas condiciones de acuerdo con el objeto que se proponen sus iniciadores”, constataba la prensa local.

Cabe destacar cómo la Feria de Otoño nació de una idea particular de la Hermandad de los Labradores y del acuerdo institucional para llevarla a cabo, algo muy distinto al origen religioso que bautizaba otras muchas tradiciones y festejos populares como la propia Feria de Nuestra Señora de la Salud o la Velá de la Fuensanta.

Y fue su origen, puramente económico, las dificultades que atravesó con el paso de los años y la falta de demanda del mercado, lo que provocó entre otros motivos que en 1979, ya en la etapa democrática, el Ayuntamiento de Córdoba dispusiera la supresión definitiva de la Feria de Otoño.

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