Café a dos velocidades: clientes habituales en el barrio y a la espera de mayor actividad en el centro

Una cafetería en el primer día de la fase 1 | ÁLEX GALLEGOS

A priori, la mañana salpicada de chubascos no acompañaba, pero el deseo de reestrenar el sabor de un café en la terraza del bar habitual, nueve semanas después, ha hecho que los más valientes hayan echado mano del paraguas y hayan acudido fieles a sus cafeterías de cabecera. Pero no ha sido una desescalada por igual en toda la ciudad.

La tónica predominante entre los bares en las primeras horas de la fase 1 de la desescalada en Córdoba ha ido a dos velocidades: mientras en las principales calles de terrazas del centro se contaban con los dedos de una mano las que estaban abiertas a primera hora, a la espera de que la actividad se vaya retomando en esta zona de la capital, los bares y cafeterías de barrio veían llegar a sus clientes habituales, que en algunos casos no han faltado desde bien temprano.

“Desde las 8:00 ya hemos servido a nuestros clientes”, contaba el responsable de El Globo, uno de estos negocios en Santa Rosa. Allí, con las mesas distanciadas y un toldo protector contra la lluvia, cinco de sus mesas se ocupaban con clientes para desayunar ya a media mañana. “La gente está muy tranquila, son clientes habituales, ven las medidas de higiene”. Porque no falta el gel para desinfectar sillas y mesas cada vez que se va un cliente, se aconseja el pago con tarjeta y, si es en metálico, la vuelta se ofrece en una bolsita individualizada.

Los guantes y las mascarilla ya son la tónica habitual en las calles cordobesas y, en este primer día de la fase 1, también lo han sido en las cafeterías. En algunas, como la cadena Roldán, cuando un cliente se sienta se le ofrece gel desinfectante, de manera que, con guantes o sin ellos, sus manos quedan higienizadas para toca la taza, el vaso o los cubiertos que se les proporcione en el servicio.

Café y churros

En la puerta de la cafetería y churrería de la avenida Cruz de Juárez, varios parroquianos toman sus desayunos. Algunos, sentados, compartiendo charla y café después de tantas semanas y con la esperanza de retomar algo de normalidad poco a poco.

Otros, uno a uno y distanciados, con su café en la mano y bajo el toldo para protegerse de la lluvia, vuelven de nuevo a la realidad del reencuentro en el bar. Al frente del negocio, que ya abrió para recogida a domicilio de sus churros la pasada semana, espera que “poco a poco, la gente vaya viendo que estamos abiertos y venga. Todavía queda mucho por rodar”, advierte.

A la vuelta de la esquina, en la calle Santa Rosa, otro de los bares en los que este pasado sábado limpiaban con ahínco para tenerlo todo a punto, también ha desplegado su toldo como alas protectoras para la clientela habitual. Cafés y tostadas han vuelto a salir de la barra directamente a las mesas, más distanciadas, en la calle. Y esperando, igualmente, que la lluvia vaya menguando a la vez que el ánimo en la gente por volver a las cafeterías vaya creciendo.

En la zona del centro, las primeras horas de la mañana seguían teniendo la foto fija de la mayoría de las persianas echadas en los negocios de hostelería. En la avenida Gran Capitán apenas una terraza tenía servicio -Atrio-, mientras que en Ronda de los Tejares la firma Roldán iniciaba esta nueva andadura. El bar Puerto Rico, junto a la Diputación Provincial, también atendía a algunos clientes.

En la plaza de San Miguel no se había desplegado ninguna terraza a primera hora, en la calle Cruz Conde solo un par de ellas y algún otro en García Lovera, como ejemplos. Alrededor, otro tipo de negocios aún hacían preparativos para volver a abrir en los próximos días.

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