Y ahora, ¿qué nombre le ponemos a las calles?

Vista aérea de Vallellano con el Paseo de La Victoria | TONI BLANCO

El Pleno del Ayuntamiento de Córdoba asumió el pasado martes el contenido íntegro del dictamen de la comisión municipal de la memoria histórica. Entre otras decisiones, la comisión plantea la retirada del nombre de 15 calles por su origen franquista. El Pleno fue tenso y el PP votó en contra de la retirada de cinco calles (Cruz Conde, Vallellano, Cañero, José María Pemán y Cronista Rey Díaz), se abstuvo en otras y estuvo a favor del resto. Ciudadanos y UCOR se abstuvieron. ¿Significa esto que esas calles ya no se llaman así? No.

Una vez asumido el dictamen, el Ayuntamiento pone en marcha su lenta maquinaria burocrática. La competencia sobre el cambio de nombre de las calles es del Pleno, pero está delegada en la Gerencia Municipal de Urbanismo (que preside Pedro García, de IU). En la Gerencia hay un departamento (la Oficina de Vía Pública) que se encarga de la elaboración de los expedientes tanto para la rotulación de las nuevas calles que se van creando en la ciudad como para el cambio por otras ya existentes. Es ese departamento el que ahora se tiene que poner a trabajar para, por un lado, detallar en el expediente porqué se retiran los nombres y, por otro, cuáles le sustituyen. No es una decisión técnica, no obstante, sino que tiene que estar fundamentada por una petición de la propia Corporación municipal, por un decreto de la Alcaldía o el presidente de la Gerencia o por una petición popular o personal (de una asociación o de algún familiar).

Desde finales de los años noventa, Córdoba cuenta con una ordenanza para regular los nombres que se dan a las calles y edificios municipales muy particular: está prohibido que una persona viva dé nombre a una vía pública o a una instalación municipal. Entonces, se aprobó por la intención de Miguel Castillejo, expresidente de Cajasur, de solicitar una calle a su nombre. El empresario de Cañero Rafael Gómez también se interesó. Ante la previsible polémica que iba a provocar el asunto se decidió cortar por la sano: “En cuanto a los nombres personales regirán, además, los siguientes criterios: a) Corresponderán a personas fallecidas tras un tiempo en que se permita valorar la oportunidad y conveniencia”, refleja la ordenanza municipal. Fin del debate.

Tras la polémica de las últimas semanas, el gobierno municipal no quiere que se abra otro debate en canal: ¿qué nombres poner ahora? Y tampoco quiere que se eternice. En el consejo rector de la Gerencia de este miércoles, los concejales estuvieron hablando de que había que dar carpetazo al asunto lo antes posible. Así, se han dado ya las instrucciones correspondientes a la Oficina de Vía Pública para que se inicien los trámites.

El cogobierno plantea ahora actuar por “consenso”. El PP ya ha dicho públicamente que con ellos que no cuenten. En el Pleno, Ganemos ya propuso que se pongan 15 nombres de mujeres en lugar de las 15 calles franquistas que todavía había en la ciudad. Y el PSOE ya ha avisado que el dictamen de la comisión de la memoria histórica está muy bien, pero que puede que se hayan dejado atrás otras calles: la avenida Fray Albino y la del Crucero Baleares en el Parque Figueroa. Por eso, la decisión del Pleno no es ni mucho menos definitiva. Y el asunto va a regresar.

Mientras tanto, varios colectivos ya se han puesto a trabajar para hacer propuestas, sin que de momento haya trascendido ninguna concreta. En el casco histórico, la ordenanza de vía pública es clara: “En el ámbito del conjunto del casco histórico debe procurarse la recuperación de los nombres originales de las calles, y en el caso de viarios o espacios de nueva creación debe hacerse un estudio sobre los antecedentes de dicho trazado y las denominaciones del mismo, con objeto de su recuperación”, refleja.

Es decir, la calle Cruz Conde se llamó calle Málaga hasta 1939. La plaza de Cañero se rotuló así en los años ochenta, perdiendo el nombre anterior de Obispo Fernández Conde. La avenida del Conde de Vallellano se llama así desde que se construyó, en los años cincuenta.

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