Una reflexión sobre Niza que no va a gustar a nadie

Después de un atentado, por salud mental lo mejor que se puede hacer es cerrar el Twitter y huir de los debates televisivos con supuestos expertos en todo y en nada que se devanan los sesos para tratar de explicar lo que es inexplicable.

Por mucha geopolítica que supuestamente se sepa (ni la propia CIA ha llegado a prever atentados como los del 11 de septiembre) es imposible llegar a entender cosas como las que ocurrieron este jueves en Niza, y mucho menos tratar de sentar cátedra en caliente sobre algo de lo que, admitámoslo, tenemos bastante poca idea.

Para empezar, en ese mundo de la opinión gratuita (a la que muchas veces me he sumado) están los que se indignan por la atención mediática que prestamos a atentados como los de Niza, y que pasemos de puntillas ante las salvajadas que ocurren en Bagdad. Es obvio. Los arrollados por el camión en Niza podríamos haber sido nosotros. Los de Bagdad, no. Este 14 de julio podríamos haber estado en Niza de vacaciones con nuestra familia cuando un camión descontrolado nos habría arrollado sin piedad. Es más difícil que en vacaciones vayamos a Irak o a Siria. De hecho, puede levantar la mano el que alguna vez haya visitado esos países.

Después están los que quieren arrasar precisamente Siria o Irak. Los que piensan que estamos en guerra y que bombardeando a saco (desde el aire, que ya sabemos que una invasión terrestre mancha mucho) lo vamos a arreglar todo. Ya, claro. El terrorista de Niza nació en Francia, vivía en Francia e iba a Túnez de visita. O sea, que no.

Y luego los que siempre culpan de todo a otros pero son incapaces de responsabilizar a los que de verdad están metidos en el ajo. Vale. Francia exporta armas a cascoporro. El DAESH posa con muchas de esas armas, que alguna vez salieron de una fábrica francesa. Vale. Estados Unidos lo hizo fatal con la guerra de Irak (con la primera, la de los noventa, que fue después cuando los islamistas empezaron a atentar en Occidente; antes ya lo hacían, pero contra los intereses israelíes). Pero no podemos pasar por alto que sí, que Occidente tiene mucha culpa de todo lo que está pasando en Oriente Medio, pero que es precisamente en muchos países, en muchas teocracias de Oriente Medio, donde está el germen de esta radicalidad. Son las ideas las que convierten a los fanáticos en asesinos. Y las ideas islamistas son precisamente aquellas que llevan la religión al extremo. Como hicimos los católicos en su momento (oye, que aquí se expulsó a judíos y moriscos, y a los que se quedaba se les pasaba a garrote), como hacen los judíos con los palestinos y como desde luego hacen los chíes contra los sunníes y viceversa. Y no es solo la religión, que también. ¿O es que los nazis tenían religión?

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17 de julio de 2016 - 03:22 h
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