¿Qué hacemos en Líbano?

Esta semana, un proyectil de 115 milímetros lanzado por el Ejército de Israel ha acabado con la vida de un cabo malagueño, Francisco Javier Soria Toledo, que estaba destinado en la brigada de infantería mecanizada de Cerro Muriano. El cabo se había alistado a la misión de la ONU en el Sur de Líbano, que desde 2006 hace de muro humano entre Israel y Hezbolá, tratando de evitar que se repita la guerra que entonces arrasó este país árabe multicultural.

Desde 2006, España no ha dejado de enviar soldados para cumplir con sus compromisos internacionales. Formando parte de una misión humanitaria, el Ministerio de Defensa ha enviado ya a miles de soldados a la base Cervantes, de Marjayun, en una zona donde históricamente se han desarrollado docenas de guerras en Oriente Medio y que desde hace décadas se disputa Israel con Líbano. Ahora, los militares allí desplazados pertenecen al destacamento cordobés de Cerro Muriano.

Su acento se descubre en el vídeo que el pasado viernes comenzó a circular. "Me cago en la puta de oros", gritaba un sargento cuando ordenaba a sus soldados cubrirse en el búnker ante un sorpresivo ataque de Israel, el mismo que acabó con la vida del cabo Soria, que estaba en su garita de vigilancia y al que le alcanzó de lleno uno de los proyectiles.

Los militares cordobeses guardan gratos recuerdos de las distintas misiones internacionales en las que han participado. De la que más, y fue la más dura, Bosnia. Allí, se emplearon a fondo en la reconstrucción y pacificación de un país que fue destruido durante la última gran guerra civil que se desarrolló en suelo europeo (ahora hay otra en Ucrania).

Ahora, esta extraña misión de la ONU, que se limita a poner cascos azules entre dos fuerzas armadas para que no se disparen, ha provocado la absurda muerte de un cabo de Cerro Muriano que ha conmocionado al país. Israel es un país moderno. Su ejército, uno de los más avanzados del mundo. ¿Por qué dispararon en el lugar en el que sabían, no pueden negarlo, que había tropas españolas?

Oriente Medio es hoy un polvorín. No estoy descubriendo América. Hace poco, el Ejército Islámico secuestró a un numeroso grupo de cascos azules filipinos, no muy lejos de donde hoy están los soldados cordobeses. Esta semana hemos visto como los militares cordobeses tenían que refugiarse durante horas en un búnker ante el fuego cruzado entre Israel y Hezbolá (que no son unas hermanitas de la caridad, ni mucho menos).

Es probable que si Israel no tuviera la presencia de testigos incómodos en forma de cascos azules en su frontera con Líbano podría haber multiplicado sus incursiones, y que habrían muerto muchos más civiles inocentes, en ambos lados de la frontera. Pero, ¿de verdad que estamos arreglando algo solo estando allí y ya está? Quiero pensar que sí, y que la muerte del cabo Soria no ha sido en vano, que ha merecido la pena y que además alguien va a pagar por ella, que el mando israelí que ordenó bombardear a las tropas españolas será juzgado y condenado.

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Publicado el
1 de febrero de 2015 - 03:03 h
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