El hombre que murió haciendo un corte de mangas

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La Policía francesa cree que Charb, el director de Charlie Hebdo, le hizo un corte de mangas a su asesino antes de morir. Lo cree por la postura en la que apareció su cadáver en la sede del semanario satírico francés. Charb, que dijo que prefería morir de pie a seguir viviendo de rodillas amenazado como estaba por los yihadistas, decidió despedirse con un corte de mangas. Es probable que lo tuviera ensayado. El dibujante sabía que tarde o temprano iban a ir a por él: tres años antes la sede de la revista sufrió un atentado con bomba que se saldó solo con daños materiales.

El viernes, su compañera, Jeannete Bougrab, pedía que lo enterraran en el Panteón de los héroes franceses. No exageraba.

Desde la matanza en la sede de la revista Charlie Hebdo, que ha sido condenada casi con absoluta unanimidad (incluidas amplias comunidades de musulmanes), muchos medios han calificado a los dibujantes asesinados como héroes de la libertad de expresión, pero pocos se han atrevido a publicar sus portadas. En Estados Unidos, el supuesto país de las libertades, no lo ha hecho nadie. En España, solo La Razón (curioso) se ha atrevido.

Charb, el hombre que murió haciendo un corte de mangas, decía que el día en que decidieran no publicar una caricatura de Mahoma los fundamentalistas habrían ganado. Por que primero sería la caricatura de Mahoma, después se autocensurarían y no dibujarían a musulmanes, y finalmente ya no dibujarían a ninguna persona y la revista ya no tendría sentido: la Yihad habría ganado.

No vale con escribir un hashtag en Twitter con el #JeSuisCharlie. La libertad de expresión y, sobre todo, el derecho al sentido del humor hay que defenderlo todos los días. En España, la Revista Mongolia ha sufrido varias amenazas por muchas de sus portadas, especialmente aquellas especialmente satíricas con la Iglesia. Un supuesto humorista, Facu Díaz (a mí no me hace ninguna gracia, la verdad), está imputado por un chiste sobre el PP y las víctimas de ETA. Muchos en España aplauden esta imputación. Muchos atacan a la Revista Mongolia. Y muchos, después de lo de Charlie Hebdo, se confiesan defensores de la libertad de expresión pero siempre ponen un "pero": "#JeSuisCharlie pero se lo estaban buscando", he leído en infinidad de tuits.

Siempre desconfié de las personas que no tienen sentido del humor, algo tan sano. En España hemos podido reírnos hasta de la Guerra Civil gracias a La Vaquilla de Berlanga. Roberto Benigni lo hizo de los nazis con La Vida es Bella y Chaplin lo bordó en una obra maestra como es El Gran Dictador. Y en Reino Unido, mis chistes favoritos de los Monty Python son los de la Segunda Guerra Mundial.

Charb se merece ser enterrado en el Panteón, pero que le adapten su ataúd al corte de mangas, por favor.

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11 de enero de 2015 - 03:31 h
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