El detector de mala gente
Es imposible no conmoverse por lo que le ha pasado a Maricarmen Abascal: morirse en un hospital después de que la desahuciaran de la casa en la que había vivido casi toda su vida. O de la mujer que se ha suicidado cuando la han echado de su vivienda. O el drama terrible que viven miles (¿millones?) de españoles que no pueden acceder a una vivienda digna sin hipotecar directamente su vida. O el de trabajadores con su buen sueldo que se ven obligados a compartir habitación o vivir en el coche por que el salario no les llega para pagarse algo en condiciones.
Si eres de los que ha comprado el discurso de que Maricarmen era una actriz, de que la ha matado la izquierda o de los que incluso celebras que casos como el suyo pase, eres mala gente. Lo siento, pero en casos como este no hay matiz alguno que valga. Tengas la ideología que tengas, pienses lo que pienses, nadie con buenos sentimientos se puede alegrar de lo que le ha ocurrido.
El caso Maricarmen está llamado a cambiar un país. Como ya ocurrió con Ana Orantes y la violencia machista. O con la Manada y la violencia sexual. Maricarmen representa todo lo violento que puede llegar a ser el mercado inmobiliario, donde nadie está a salvo. Y esta es la gran lección. Ni teniendo un buen sueldo ningún inquilino está libre de que de la noche a la mañana le pongan un alquiler inasumible, astronómico, y que tarde o temprano acabe lanzado de su casa.
Lanzamiento, frente a desahucio, creo que es la palabra más correcta para el drama de Maricarmen y de las miles de personas que son arrojadas a la calle. Son lanzadas, por mandamiento judicial. Por algunos magistrados (jueza en este caso) que ve una resolución de la ONU y la convierte en papel higiénico. Por personas que carecen de empatía alguna, que piensan que ese drama no va con ellos.
De todos los mercados, en los que impera la ley del más fuerte por la cada vez mayor falta de regulación, el inmobiliario es el más voraz. El que hace negocio con la vida de la gente, con sus sueños y con sus recuerdos. Al que le da cero pena lo que ocurra con “el bicho” al que hay que largar por que es un freno para la “rentabilidad”.
No soy especialmente optimista con el futuro, pero pienso que el caso de Maricarmen será un antes y un después para un mercado desalmado y que volverán las políticas que propondrán que hay que regularlo. Y es que no, la mano invisible no funciona. Nunca lo ha hecho. Y dejar a los buitres que hagan lo que quieran siempre va a ser malo. Cada vez querrán más carroña, por que son insaciables. Pero al menos ya sabemos quiénes son los buitres y los animales que los defienden.
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
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