Bolas negras
A veces, las primarias mal resueltas generan monstruos. Las del PSOE que enfrentaron en un duelo a muerte más propio de OK Corral a Pedro Sánchez frente a Susana Díaz arrojaron un problemón que tiene a la UCO de la Guardia Civil más que ocupada.
Sánchez era un paria, un político radioactivo para sus compañeros de partido en 2017. Había dimitido como diputado por negarse a abstenerse en la investidura que hacía presidente a Mariano Rajoy y había perdido el control del partido. Fuera de la Secretaría General inició una gira por España para recuperarla, buscando firmas y avales, y forzando unas primarias. Sánchez lo logró todo. Consiguió las firmas entre una militancia muy descontenta con su dirección y ganó aquellas primarias.
Pero en aquellos inicios, el hoy presidente se rodeó de muchos antiguos dirigentes que, o estaban descontentos con la dirección de su partido (los muchos) o habían sido purgados por cualquier circunstancia. Ahí es donde entraron con fuerza José Luis Ábalos, Santos Cerdán y, en Córdoba, Cristian Corvillo.
Corvillo había sido elegido candidato a la Alcaldía de su pueblo, Peñarroya-Pueblonuevo, por sus compañeros de partido en el pueblo. Pero en la lista había decidido incluir de número cuatro a la exalcaldesa Luisa Ruiz, que ya estaba procesada en un caso de corrupción por el que acabó condenada (la famosa operación Rocket). La dirección provincial del partido anuló la candidatura de Corvillo y puso a otro alcaldable, que logró el bastón: José Ignacio Expósito. Corvillo se convirtió en un paria en el socialismo cordobés y el PSOE de Peñarroya no se ha logrado recuperar aún de aquella batalla.
Sánchez no tenía a muchos socialistas a su alrededor y apareció Corvillo, que se hizo íntimo de Ábalos. El resto está todo escrito, en prensa y en atestados de la Guardia Civil o sumarios de la Audiencia Nacional. Este jueves, la Guardia Civil detuvo (y luego puso en libertad) a Corvillo en un chalet de la Carrera del Caballo bastante grande, dos plantas, sótano, piscina y un amplio jardín.
Más allá del momento del arresto (Corvillo sabía que tarde o temprano iba a acabar detenido, pero no que sería justo en el mes en el que se iban a celebrar elecciones generales), en el PSOE de Córdoba había quien se echaba las manos a la cabeza por lo que mandaba el llamado “hombre de Ábalos” en Andalucía. Lo conocían, sabían lo que ocurrió en Peñarroya y lo dijeron. Pero, claro, no eran del bando ganador de las primarias. Aquel que no se integró tras perder con Sánchez. Y nadie le escuchó.
Las primarias generan monstruos o césares. Antes, el PSOE tenía familias que se peleaban a muerte en los congresos. Pero que se acababan integrando con el ganador. O bien el ganador tenía un gesto y otorgaba algunos puestos en su ejecutiva a sus antiguos rivales o bien el perdedor se ponía a su servicio. Nada de eso ocurrió tras aquellas primarias.
Ahora hay muchos capitanes a posteriori que lo habrían hecho mejor. Pero los partidos tienen que aprender a sacar de vez en cuando una bola negra. Este jueves, el PSOE de Córdoba reconocía que Corvillo seguía siendo militante y que éste era un derecho constitucional que no podía negar a nadie. Pero que tenían un código ético por el que podían expulsar a gente condenada. No sé. Será verdad. Pero no deja de sorprenderme que un partido que tuvo tanto olfato para mantenerse durante 40 años en el gobierno de Andalucía lo haya perdido ante algo que era evidente: tarde o temprano la Guardia Civil iba a detener a Cristian Corvillo.
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
0