Casablanca

Cuando se reaviva el debate interminable sobre la necesidad, o no, de un aeropuerto para la ciudad, siento que los cordobeses somos como los habitantes transeúntes de la Casablanca de Curtiz, que veían en la llegada y salida de aviones la posibilidad de iniciar una nueva vida. La diferencia estriba en que ellos permnecían a la espera de un salvoconducto y nosotros a la de que haya un aeropuerto adecuado para conseguirlo. En lo que nos parecemos es en que ellos hacían más pasable la espera visitando "Rick´s" o el "Loro Verde" de Ferrari, y nosotros, en cualquiera de nuestras tabernas.

Lo cierto es que los salvoconductos estaban controlados por las fuerzas hitlerianas y sus compinches de Vichy, con lo que la posibilidad de conseguir un vuelo a la libertad pasaba por la cercanía al poder. Por el contrario, la llegada al poder del PP a Córdoba y a Madrid no ha supuesto la consecución de vuelos para nuestra ciudad y, ni siquiera, la continuación de las inversiones planificadas en el aeropuerto. Cierto que la crisis del sector es evidente, pero es que no se conoce ninguna hoja de ruta, a modo de salvoconducto, para conseguirlo. De hecho, Nieto actúa como el capitán Renault al servicio del mayor Strasser y solo se atreve a hacer las gestiones que le permiten, demostrando que no acaba de representar a la ciudad, sino que es un comisario del gobierno pepero español en ella.

El útimo informe que cuestiona la gestión de los fondos europeos destinados a infraestructuras aeroportuarias no entra a valorar si es, o no, adecuado invertir en un aeropuerto en nuestra ciudad, sino que revela que la inversión realizada, e inconclusa, tendría que haber tenido como complemento una estrategia que permitiera vuelos. Si ahora Aena no termina las obras marcadas por el Plan Director, y se excusa en la falta de interés comercial del mismo, lo mismo hubiera argumentado si se hubiera optado por la locura especulativa de un nuevo aeropuerto para la ciudad. El informe no ha cuestionado que se invirtiera en el aeropuerto ya existente, ni le achaca a sus cuestionables condiciones la falta de vuelos, sino que revela que no se realizó ningún informe serio de viabilidad de futuro. El resultado de las controvertidas decisiones adoptadas es que, al menos, podemos contar con una instalación mejorada aunque incompleta y no con un desierto de asfalto como el de Ciudad Real, o un solar recalificado como el de Antequera, emblemas ambos defendidos hace una decada por los peperos.

La obligación impuesta por el General Rajoy al Capitan Nieto de justificar la inacción de Aena y su incapacidad de conseguir que acabe el aeropuerto, le ha obligado a recordar que él apostaba por un aeropuerto privado. Lo que no cuenta es que todas las iniciativas, hasta tres, que existieron para construir uno pasaban por una recalificación urbanística millonaria, una financiación que hubiera hundido absolutamente a Cajasur y una inversión pública complementaria superior a la que suponía mejorar las instalaciones ya existentes. Y, en cualquier caso, de haber conseguido levantarse la instalación, nos encontraríamos con la misma necesidad de tener una hoja de ruta para conseguir vuelos para la ciudad.

A los que ahora plantean que para nada necesitábamos un aeropuerto, debemos recordarle que el Plan Estratégico de la ciudad de finales de los 80 apostó por nuestra posición logística intermodal y la existencia de un aeropuerto de mercancías era una necesidad, además de una oportunidad. Luego, la apuesta por la ciudad de congresos y turístico-cultural de finales de los noventa, derivó a la necesidad de un aeropuerto de pasajeros que pudiera conectarse con las redes de transporte aéreo. Cierto, que cualquier iniciativa de vuelos que se ha implantado en nuestra ciudad ha necesitado de ayuda pública y, cuando esta no existía, desaparecía, pero eso no explica sino la falta de una apuesta clara por los proyectos estratégicos de la ciudad.

Si hubiéramos mantenido nuestra apuesta por el centro logístico intermodal de mercancías, si hubieramos conseguido ser capital cultural de Europa en 2016, si hubiéramos mantenido nuestra apuesta congresual máxima en torno al Palacio del Sur, el aeropuerto no se hubiera frenado y la apelación a que los aeropuertos de Málaga y Sevilla están a una hora de distancia no se sostendría. El fracaso del aeropuerto es el fracaso de una ciudad que, desde el Plan Renfe, es incapaz de mantener una apuesta estratégica seria y que se guía por argumentarios ocasionales según el interés partidista coyuntural. Necesitamos a un Rick Bogart capaz de olvidar su propio interés por Ilsa Bergman para que se pueda volar desde Casablanca o desde Córdoba hacia el futuro, capaz de romper sus reglas para conseguirlo y de enfrentarse al General Rajoy Strasser, seguros de que para el propio Louis Menjou sería el inicio de una nueva amistad.

Etiquetas
Publicado el
26 de diciembre de 2014 - 14:09 h
stats