Córdoba, un siglo de lucha obrera por la vivienda
El desahucio, muerte y memoria de Maricarmen han generado una oleada de movilizaciones, cuyo summum es la convocatoria de una huelga general para el día 11 de noviembre (sin contar el adelanto electoral producto también de este mismo contexto). Puede llamar la atención en estas movilizaciones el haberse escuchado el lema “¡Viva la lucha de la clase obrera!” que solía, como la propia huelga, estar vinculada a las reivindicaciones laborales. Sin embargo, ello no nos debe sorprender, ya que los obreros, los trabajadores, los asalariados -como queramos llamarlos- no sólo trabajan, sino que viven más allá del trabajo, y su existencia continúa después del tajo o la oficina. En esa vida más allá del curro está tener una casa. Además toda esa vida más allá de lo laboral está condicionada precisamente por las condiciones laborales (sueldo, jornada, precaridad, etc.)
Junto a las necesidades biológicas, como la alimentación, el tener un techo donde resguardarse de las inclemencias es una constante a lo largo de la historia desde los cavernícolas (atendiendo a la etimología) hasta la actualidad. Por ello, cuando el capitalismo se implantó como modo de producción imperante, la vivienda pasó a ser (como todo en este sistema) una simple mercancía. He aquí la cuestión fundamental que conecta el asunto de la vivienda con la contradicción capital-trabajo. La necesidad de tener un techo va a pasar a tener consideración de mercancia. En tanto que esencial para la vida la necesidad de un techo tiene la tendencia a la subida del precio porque la demanda no baja, por ser esencial para el ser humano, pero dificilmente alcanzable en propiedad para la clase trabajadora. Ser una necesidad vital es lo que la terminó convirtiendo a la vivienda en un derecho humano. Esta contradicción vincula la lucha de clases con el derecho a la vivienda.
En la historia de nuestro país tenemos la famosa huelga de inquilinos de 1931 impulsada por la CNT. También en El único camino, memorias de Dolores Ibárruri, narra como en 1936, siendo diputada del PCE, fue reclamada por unos trabajadores a los que estaban desahuciando de sus viviendas en la primavera de 1936. Pasionaria explica como se organizaron los inquilinos y empezaron a reintroducir los muebles en la viviendas ante unos guardias de asalto atónitos por la situación.
En nuestra ciudad la lucha por la vivienda y la conciencia de clase van intimamente unidos. En las semanas posteriores a la batalla de Alcolea (septiembre de 1868) empiezan a constituirse las primeras sociedades obreras. La mayoría, impulsadas por republicanismo local, se trataran de sociedades de socorros mutuos por oficios. Sin embargo, el 21 de febrero de 1869 tenemos constancia de la creación de la Sociedad cooperativa de artesanos para la construcción de casas obreras. De esta sociedad tendrá lugar su primera reunión en la calle Sol (actual Agustín Moreno). Por la prensa de la época sabemos en agosto de aquel año estaba a la espera de la cesión de terrenos por parte del Ayuntamiento en el Campo de la Merced para contruir dichas casas.
El actual movimiento de reivindicaciones de inquilinas tal vez encuentre mayores similitudes con dos episodios ocurridos en Córdoba durante el trienio bolchevique. Diario de Córdoba en su número del 16 de mayo de 1919 incluía una información, con título “Protesta”, que decía “Una comisión de vecinas del Campo de la Verdad ha entregado en el Gobierno Civil un escrito manifestando que algunos propietarios y subarrendadores de casas de vecinos se niegan a facilitar albergue a los que tienen hijos. Además se lamentan de la subida de los alquileres”. Aquel 15M de 1919 transcurría una gran agitación obrera en nuestra provincia, en la que se declararía el estado de guerra antes de acabar aquel mes. Las mujeres de aquel barrio eran combativas, ya que casi dos décadas atrás las vecinas del Sur habían protagonizado dos motines de consumos.
Diez meses más tarde, el 31 de marzo de 1920, el periodido La Voz, fundado en ese año, publicaba un artículo llamado “El problema de la vivienda” firmado por un tal “El vecino del bajo”. En este artículo se daba cuenta de un movimiento que se estaba dado en Madrid y otras ciudades sobre el precio de los alquileres. A raiz de este artículo, el propio periódico impulsó esta iniciativa que se concretaría en un acto celebrado el 12 de abril en los Salones Ramírez (sitos en el actual Bulevar del Gran Capitán). En aquel acto intervinieron diversos obreros, entre ellos quien ostentaba la presidencia del Centro Obrero. El objetivo de aquel acto era la constitución de la llamada Asociación de Vecinos, que pretendía denunciar la situación de la vivienda.
La situación actual hunde sus raices, en larga duración, en el franquismo. Mientras en la Europa occidental posterior a 1945 se desarrolló el pacto social de posguerra, que se concretaba en el Estado social y democrático, el Estado del bienestar y la sociedad de consumo, el régimen franquista incapaz (en unos casos) y carente de voluntad (en otros) optó por convertir el acceso a la vivienda en propiedad como sucedáneo de un pactos social. Esto fue expresado el lema del Ministro de Vivienda, el “azul” Arrese de hacer pasar a España de “un país de proletarios a un país de propietarios”. Aquella política en nuestra ciudad queda mostrada en las grandes promociones que en los años sesenta y setenta tuvieron lugar desde el Sector Sur hasta Levante, pasando por Fuensanta. Aquella política franquista se inoculó en la sociedad española. No en vano la vivienda se convirtió en un pilar fundamental de la economía del país, tanto en sus aspectos macro como en la economía familiar. Las familias de clase obrera tenía en la propiedad de una vivienda la seguridad frente al futuro y la garantía poder acceder a la sociedad de consumo. El desarrollo del“Estado del bienestar subvecionado”, surgido en la década de los ochenta, así como en el “Capítalismo popular inmobiliario” de la segunda mitad de los noventas y primeros años dosmiles no entraron en contradicción con el papel de la vivienda sino que, al contrario, lo reforzaron con el “boom del ladrillo”.
En aquellos años hubo voces críticas. Así entre 2005 a 2007 la JOC ya desarrolló una campaña bajo el lema “Derecho a Techo”. Por esas mismas fechas en 2006 se generó un movimiento, enminentemente juvenil, llamado “V de Vivienda”, en clara a alusión a la película V de Vendetta (2005). En aquel contexto de denuncia contra la expeculación se produjo en Córdoba una concentración el día 4 de junio de 2006 en las Tendillas.
Sin embargo, el estallido de la crisis económica en 2008 puso la cuestión de las hipotecas como elemento central. La gran recesión estaba suponiendo a familias trabajadoras (o incluso de la clase media aspiracional) la imposibilidad de poder hacer frente a sus hipotecas por haberse quedado en paro. En Barcelona surgió la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. Su equivalente cordobés será la Plataforma Stop Desahucios 15M, cuya primera acción fue una performance en el interior de un banco en julio de 2011. En aquel lustro indignado (2010-2015) la presencia de Stop Desahucios fue una constante, si bien será el año 2013 dónde esta plataforma sea la verdadera protagonista. Dos son los momentos destacables. En pleno debate parlamentario de la ILP sobre la dación en pago, Stop Desahucios convocó el 16 de febrero de 2013 una manifestación, con 15.000 asistentes según los convocantes, bajo el lema “Rescatan al banquero desahucian al obrero. Dación en pago ¡Ya! No es una crisis es una estafa”, sobre la pancarta iba un retrato de Fran Lema, afectado de hipoteca, miembro de la plataforma que se había suicidado días antes. Desahucios y muerte van de la mano con cierta frecuencia.
El otro hito de aquel año será la marcha a pie que realizarían un grupo de seis activistas, mujeres y hombres, desde Córdoba a Bruselas entre el 1 de julio al 25 de septiembre.
Entonces eran las hipotecas, hoy en día son las subidas de alquileres. Entre medias los fondos buitres han ido haciendo su negocio con los inmuebles para alquilar, pero en donde molestan los inquilinos habituales.
El desahucio de Maricarmen generó protestas, como una nueva acampada en Sol. Su réplica cordobesa fue la concentración en la plaza de la Constitución, con la consiguiente acampada el pasado 28 de septiembre. Dias después, el 4 de octubre, 6000 personas (según policía local) recorrimos las calles de Córdoba en el marco de las protesta por el rechazo por parte del poder legislativo, por los votos en contra de las derechas (españolísmas y separatistas, todas juntas), a los llamados “decretos Maricarmen”. En estas movilizaciones el discurso de clase, representado -como dijimos al principio por el lema “Viva la lucha de la clase obrera”- está muy presente, hasta el punto de convocar los sindicatos laborales una huelga general a requerimiento del Sindicato de Inquilinas.
Nos resultaba interesante situar el vinculo de las movilizaciones de la clase trabajadora entorno a las viviendas, que conectan en el mismo hilo de lucha a aquellas mujeres obreras del Campo de la Verdad en 1919 con las Inquilinas de este nuestro 2026.
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