Marketing pseudocientífico: una estafa al consumidor

Hoy os traigo una propuesta a Cuaderno de Laboratorio. Observa un momento estos dos anuncios. ¿Qué te sugieren? ¿Alguno te inspira confianza o desconfíanza? ¿Te resulta comprensible el lenguaje? ¿Opinas que alguno contiene información más fiable que el otro? ¿Por qué?

Más allá del aspecto más o menos sofisticado, los dos anuncios tienen un denominador común: rechinarían a los sentidos de cualquier científico. El de arriba es tan cutre y tan descaradamente inexacto desde el punto de vista científico que casi provoca la risa (una se ríe por no llorar). El de abajo es una aberración, un insulto a la Ciencia, a quienes nos dedicamos a hacer ciencia de forma seria y rigurosa y al consumidor. Ambos anuncios constituyen un fraude, una estafa, son ejemplos claros de propaganda o marketing  pseudocientífico. 

Analicemos brevemente quienes son los actores de la propaganda pseudocientífica.

En primer lugar están las grandes multinacionales de la industria alimentaria y cosmética, las principales artífices del fraude. Luego está la Administración pública, la principal responsable, por no hacer que se cumplan las leyes vigentes.

El investigador y divulgador científico Jose Manuel López Nicolás, autor del fantástico blog SCIENTIA e ideólogo del término "marketing pseudocientífico", ha denunciando el uso de esta estrategia de venta por multinacionales como Danone, KaikuNestlé o L’Oreal. Su trabajo ha tenido una enorme repercusión en las redes sociales y ha llevado a que multinacionales de la cosmética (como L’Oreal) o de la alimentación (como la marca de productos para bebés Hero) hayan rectificado en su publicidad, cambiando incluso anuncios de televisión o las etiquetas de sus productos.

Existe una legislación europea que regula la publicidad en los productos alimenticios y cosméticos, aprobada recientemente por el Parlamento Europeo pero que no ha resultado efectiva. En el caso del sector alimentario existe un organismo, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), encargada de vigilar el cumplimiento del reglamento aprobado en el año 2012. Sin embargo, las multinacionales del Sector encontraron pronto los recovecos legales para seguir usando la propaganda pseudocientífica y engañando al consumidor. Jose Manuel López ha denunciado esta nueva fórmula legal de marketing pseudocientífico en su web: Dos reglamentos y un destino: la impunidadMarketing torticero: el escándalo de las ensaladasLa verdadera historia del Actimel (II): ¿Me siento engañado por Danone?)

En el caso de la industria cosmética, la situación es aún más lamentable. La UE aprobó el reglamento en el verano del 2013 pero no creo ningún organismo para vigilar su cumplimiento con lo que el marketing cosmético pseudocientífico ha seguido campando a sus anchas por los centros comerciales y los medios de comunicación.

Sigamos ahora con los terceros actores del marketing pseudocientífico, los departamentos de investigación científica de las propias multinacionales del Sector, compuestos por personas con formación científica, investigadores e investigadoras que quizá tratan de llevar a cabo un trabajo de investigación lo más sólido posible pero que no llega a ser lo suficientemente riguroso (diseño experimental débil, falta de datos experimentales cuantitativos o cualitativos que demuestren los mecanismos biológicos o que aseguren la fiabilidad de los resultados en humanos, etc).

Estos investigadores no consiguen publicar sus trabajos en revistas de investigación de prestigio reconocido y por tanto estas investigaciones NO TIENEN EL AVAL DE LA COMUNIDAD CIENTÍFICA. Las multinacionales, sin embargo, disfrazan a estos estudios como ciencitíficos mediante la publicación en boletines y revistas con aspecto científico que únicamente son panfletos propagandísticos de la propia multinacional (leer un poquito más abajo mi propuesta: ¿Cómo detectar rápidamente al "pequeño o gigante" charlatán pseudocientífico?).

Todavía hay una vuelta de tuerca más en la propaganda pseudocientífica. En ocasiones, las multinacionales invierten millones de euros en financiar investigación científica externa e independiente, la cual es llevada a cabo por grupos de investigación de Universidades y otras instituciones científicas prestigiosas.

Esto es a priori positivo y favorece que la investigación sea llevada a cabo con rigor científico y publicada con el aval de la comunidad científica. El fraude viene en un momento posterior, cuando las multinacionales hacen un uso fraudulento de los resultados al publicitar, por ejemplo, sólo los datos que les favorecen y/o no publicitar también resultados negativos o las conclusiones de los propios investigadores de que se trata de estudios preliminares.

Finalmente, están los charlatanes pseudocientíficos de nuestro entorno más cercano que usan la estrategia del marketing pseudocientífico de forma más o menos deliberada con el fin de vender un producto y/o conseguir la credibilidad que no tienen. A menudo se trata de profesionales de la cosmética y la estética, que te hablan de las maravillas de este o aquel producto, utilizando palabras científicas de forma inapropiada o actuando en lo que parece ser una manera científica porque suena inteligente, sofisticado o elegante cuando no tienen ni idea de lo que están hablando.

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¿Cómo detectar rápidamente al "pequeño o gigante" charlatán pseudocientífico? No es difícil, la propaganada pseudocientífica es muy cantosa. Basta con activar un poquito el espíritu crítico. Básicamente, conlleva el uso de imágenes, palabras y acciones que la gente comúnmente asocia con la investigación científica, a saber:

Imágenes. Batas de laboratorio, personas con gafas, moléculas, equipos de química o biología molecular como probetas, matraces, guantes azules o pipetas de laboratorio (con o sin punta), aparatos electrónicos.

Palabras. Entre las más en boga en la industria cosmética están ADN, reparación del ADN, genes, daño oxidativo, regeneración celular, efecto regenerador, electroporación, respiración celular, nutrición celular, terapia celular, células madre o células madre vegetales, fibroblastos, epidermis/células epidérmicas/tejido epidérmico. Tienen también mucho éxito vocablos científicos o pseudocientíficos que llevan los prefijos nano micro tales nanoparticulas, micronutrientes y nanoliposomas nanoliposomasy otros conceptos inventados que suenan científicos como estrés /terapia/impacto fotolumínico. 

Otras palabras usadas a partes iguales por las industrias cosmética y alimentaria incluyen: mecanismo biológico, aumenta las defensas, organismo, principio activo, ortomolecular, biotecnológico, genético o epigenético, cuántica, frecuencia, energía, resonancia, método científico, nanotecnología, tecnología avanzadaorganismo, principio activo, ortomolecular, biotecnológico, genético o epigenético, .

Luego están los vocablos que suenan a producto químico (generalmente terminados en L): la tecnología Activinol, el Pro-Retinol A y el Pro- firmyl o a microrganismos, como el famoso Lactobacillus casei

acillus casei(que, por cierto, no aporta nada al ActimeL y en NADA ayuda a las defensas del organismo).

Acciones. Muestra de gráficos y curvas en ordenadores, demostraciones de experimentos que sugieren que es un proceso complicado o que requiere una amplia formación para su comprensión,  imágenes televisivas de cambios químicos o material de laboratorio con líquidos fluorescentes.

 

Mi mensaje hoy es claro: NO ES CIENCIA TODO LO QUE RELUCE.

Que no te estafen, que no te tomen por idiota. Tú compras... o no compras, tú decides si les haces el juego o no.

Eres el último actor de esta película subrealista. En tus manos y en tu bolsillo tienes el poder para cambiar el guión.

Una última propuesta. ¿Tienes 11.05 minutos para saber cómo se puede derrotar tanto a la industria de los alimentos funcionales como a la industria de la cosmética... con UN PLÁTANO? Aquí os dejo la respuesta, muy recomendable:

 

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Publicado el
17 de febrero de 2014 - 12:21 h
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