Árbol

Si el sustantivo "árbol" tuviera accidentes como un verbo tendría tiempo y tendría modo. Sería siempre presente de indicativo. En la línea del tiempo abarcaría pasado y futuro con un abrazo.

Yo asistí una vez a una lectura pública –nunca mejor dicho- de Marcos Ana. Me recordó a mi abuelo al que no conocí. Suena paradójico esto pero es rigurosamente cierto. Los hombres tenemos la facultad de acordarnos de cosas que no hemos vivido de forma material.

Sí, a veces la ficción hace al hombre y no es el hombre el que crea la ficción.

Las ficciones son la verdad.

Al acabar aquella lectura, antes de irme, tuve la oportunidad de estrechar la mano de Marcos Ana. Sin decir nada.

Creo sinceramente que saludé a un roble.

Yéndome a casa, después, pensaba en un chiste, digamos, beckeriano: "¿Que cómo es un árbol, Marcos? ¿Y tú me lo preguntas? Un árbol eres tú, joder".

La semana pasada murieron Marcos Ana, Rita Barberá, Fidel y un montón de gente más. Suele pasar.

Pero no caigan en el tópico. La muerte no nos iguala a todos. Ni siquiera la memoria de los vivos nos hace iguales.

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27 de noviembre de 2016 - 01:55 h
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