La cultura del desperdicio

Leía en una revista especializada que cada año en el mundo se producen 356 kilos de cereales por persona, y que sin embargo, 40 millones mueren de hambre. Esta situación hay que cambiarla.

Decía la sabiduría popular que la comida no se tira, pues es sagrada. Sin embargo cada día más acaban en la basura cientos de kilos de alimentos, la mayoría de las veces porque se compra de más, no se vigilan adecuadamente los vencimientos, etc. Es lo que se ha denominado como

la cultura del desperdicio.

Según datos del Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente, los hogares españoles tiran al año, alrededor de 2,9 millones de toneladas de alimentos. Aquí, en honor a la verdad, sí que estamos entre los primeros de Europa, concretamente nos llevamos el sexto puesto. En nuestros hogares se produce el 42 por ciento del desperdicio alimentario y el 58 por ciento restante, en el resto de los eslabones de la cadena de valor. La Comisión Europea se ha propuesto que para el 2025, se reduzca al 50% el desperdicio de alimentos. Veremos a ver si se alcanzan esos objetivos.

Muchos de los expertos coinciden en que una de las posibles soluciones radica en el impulso de prácticas de eficiencia en la cadena de valor. Es absolutamente imprescindible mejorar la eficacia, así como todas las cuestiones relacionadas con la logística y transporte, los procesos productivos, el intercambio de información en los envases y embalajes que puedan contribuir a reducir los desperdicios en los diferentes eslabones, etc.

Pero el más importante, es sin duda, trabajar en la concienciación del consumidor. Otra cuestión no menos importante es el cuidado de nuestro Medio Ambiente.

Aquí vienen más datos: para producir una hamburguesa se necesitan 2400 litros de agua, para una manzana 70 litros y para un vaso de leche, alrededor de unos 200 litros. Si estos alimentos no se consumen, ya sabemos el potencial de agua desperdiciada,

además de otros insumos y energías. Parece ser que un tercio de los alimentos que producimos, no llegan nunca a consumirse. Según la Comisión Europea, los alimentos que se tiran en Europa cada año, producen 170 millones de toneladas de CO2. En fin, estamos hablando de sostenibilidad, en suma.

Hay que continuar con la sostenibilidad de las empresas, y no pensar nunca que estos criterios pueden suponer un coste.

Y volviendo a la cultura de la concienciación del

consumidor, en los hogares, una de las claves es cambiar los hábitos para que lo que hemos comprado dure más. Exponen los expertos que es importante planificar las comidas y hacer listas de compras. De esa forma se lleva lo justo y se recorre los lineales del supermercado, cargando en orden lo seco, lo fresco y lo congelado, para que los perecederos estén el menor tiempo sin frio. Y luego hay que ordenar alacenas y congelador, para que siempre esté delante lo que vence antes.

También hay que recordar que en los productos no perecederos, la fecha de caducidad solamente es a título indicativo. Y no olvidar nunca que tirar un alimento es desperdiciar los recursos naturales que se han usado para producirlo. La cultura del desperdicio, cómo la ha denominado el Papa. "Hay que volver a los valores de nuestros abuelos, por el bienestar de las próximas generaciones".

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4 de noviembre de 2013 - 07:00 h
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