ENTREVISTA

Juan Miguel Moreno Calderón: “Yo nunca me he sentido un verso libre”

Entrevista a Juan Miguel Moreno Calderón

Han pasado más de dos años, una pandemia, unas cuantas conferencias y clases magistrales y dos festivales Rafael Orozco, desde que Juan Miguel Moreno Calderón (Córdoba, 1961) abandonó la política y dejó su acta de concejal. Con él se marchó de Capitulares una forma de entender la política cultural que había dejado un importante sello en la ciudad durante el mandato de José Antonio Nieto, y que era un contrapeso en el nuevo Gobierno de José María Bellido, con quien trabajó el programa electoral con el que el hoy alcalde acabó con el bastón de mando de la ciudad.

Hoy, cuando Moreno Calderón se sienta a charlar en la sede de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, de la que es miembro desde hace décadas, afirma no sentir nostalgia por el ejercicio de la política activa. Aunque se muestra a disposición de quien quiera llamarlo para hablar de política y de cultura, el campo al que se siente ligado como docente y casi como activista, y en el que, en esta entrevista, deja algunas ideas dignas de tener en consideración.

En el salón del edificio de Alfonso XIII donde está instalada la Real Academia hay un piano. El catedrático nos advierte de que no puede tocarlo por un "problemilla" en las manos. El periodista tacha una de las preguntas (una petición, en realidad). Se esfuma la oportunidad de escuchar tocar al exconcejal como solista, una palabra que el propio catedrático utilizará para referirse a algún episodio de su peripecia política. Con su habitual tono moderado, su voz se va colando en la grabadora y va rellenando minutos hasta casi una hora y media de conversación que arranca hablando de -¡oh cielos!- reguetón.

PREGUNTA. Te he preguntado por el reguetón porque hay una parte de este debate que le lleva a uno a reflexionar sobre lo que es alta o baja cultura. ¿Tú crees en el concepto de alta cultura?

RESPUESTA. Yo lo que considero es que hay cultura, hay entretenimiento, hay espectáculo, y que es muy difícil a veces deslindar un concepto de otro. Pero me parece que, para hablar propiamente de cultura, debe haber un componente de reflexión. No sólo puede haber disfrute, tiene que haber enriquecimiento. Y creo que la cultura ha ido perdiendo terreno frente al entretenimiento. Es un reflejo de la sociedad. Yo no sé si llamarla alta o baja cultura, la verdad es que no me lo había planteado.

P. ¿Qué es la cultura, pues?

R. Para mí, la música, el teatro, las artes plásticas, esa clasificación tradicional a la que se han ido añadiendo cosas, evidentemente, pero no hasta el punto en el que hoy usamos la palabra cultura, que vale para casi todo. Porque hoy es una palabra que se usa incluso para la gastronomía o para cualquier manifestación de la vida. Entiendo que es una manera de hablar, pero creo que sería bueno acudir a filósofos o expertos para que, de alguna manera, se pudiera delimitar mejor el concepto de cultura. Porque sino se termina diluyendo.

P. Lo que ocurre es que hay muchas tradiciones populares que acaban convertidas en manifestaciones culturales con el paso del tiempo. Algo que empieza en la calle, como algo para entretenerse, acaba siendo una cultura propia. El mejor ejemplo es el flamenco, que hace 150 años se consideraba una cosa vulgar y hoy está fuera de toda duda su peso cultural.

R. Efectivamente hay una cultura popular de siempre que ha tenido un enriquecimiento propio. Y también ha estado, digamos, la cultura académica. El ejemplo del flamenco no, porque yo creo que el flamenco siempre ha sido una música culta y un arte culto. Porque es un arte que, al haber sido transmitido por tradición oral, requiere de un conocimiento muy grande. Otra cosa es que hubiera estado en estratos sociales, y además muy en privado. Porque, hasta finales del siglo XIX, la difusión del flamenco era muy pequeña. Pero yo creo que el flamenco ha sido siempre un arte culto.

Creo que habría que recuperar la idea de una fundación tipo 'Córdoba, Ciudad Cultural'

P. Yo desde luego no tengo duda. Pero históricamente no siempre fue visto así, puesto que es un arte que comenzó en la intimidad y acabó siendo aceptado por los estratos más cultos a pesar de que académicamente es muy complejo. 

R. Yo quiero dejar una cosa clara: la cultura no está reñida con el entretenimiento. Cuando uno va a una ópera también está disfrutando y es ocio; es entretenimiento. Pero hay algo más. Y en el caso del flamenco o la música clásica o cuando uno va a una exposición. Estás por un lado entreteniéndote y por otro enriqueciéndote con algo que es un legado de la historia, aunque sea de la historia contemporánea. A mí lo que me da pena es que, por ejemplo, si uno quiere ver un concierto en la televisión pública, pues tiene que ponerse el sábado a las 8:00 de la mañana. Y, sin embargo, otro tipo de programas, con una difusión asegurada pese a que tienen un perfil cultural, a mi juicio, menos interesantes, están en prime time. A mí me gustaría que hubiera un poso cultural más grande. Pero hay que pensar que en España durante mucho tiempo, durante el franquismo, la música más difundida era la tonadilla, la canción popular. En la música clásica había personas muy renombradas que trataban de potenciarla, pero realmente los melómanos se tenían que refugiar en esas sociedades filarmónicas que quedaban en las ciudades para poder, ellos mismos, traer concertistas y poder escuchar conciertos.

Aquí en Córdoba, por ejemplo, estaba la sociedad de conciertos, que organizaba sus sesiones en el Salón Liceo del Círculo de la Amistad, y que se nutría exclusivamente del dinero que aportaban los socios. Con lo cual estaba muy limitado a un sector de la sociedad el poder disfrutar de los artistas que venían. El mismo Barenboim estuvo aquí siendo muy joven en Córdoba. Eso pasaba. Afortunadamente, cuando llegó la democracia y sobre todo con el proceso de descentralización que hubo a principios de los ochenta, hubo un impulso cultural enorme. Todas las ciudades quisieron tener sus conservatorios, se construyeron auditorios, museos de arte contemporáneo, se rehabilitaron teatros, se creó una prensa especializada en cultura… Es decir, hubo un cambio que se percibió.

P. Como en casi todo. 

R. Los años 80 son muy interesantes para el desarrollo cultural de España. Pero tú no puedes borrar el pasado. Si en Alemania hay una tradición sinfónica muy grande de muchas orquestas, pues no puede ser lo mismo que en España donde había solamente dos orquestas. Así que se van haciendo cambios interesantes, pero sigue habiendo muchas asignaturas pendientes.

P. Es digno de estudio también cómo en esa época se dio un salto en los gustos de los españoles. Me refiero a cómo lo popular pasó de ser la copla y el flamenco a los sonidos anglosajones y la Movida. Sin embargo, la tradición cultural europea siguió estando reservada a una minoría.

R. Sí. Aunque yo creo que hay que ser justos. Tú eres más joven, pero cuando yo era adolescente, a finales de los años 70, había muy pocas oportunidades culturales y de acceso a la cultura, fuera cual fuera el tipo. Y yo recuerdo perfectamente ver cómo cambió todo en los años 80. Te pongo el caso de Córdoba. ¿Cuándo se abrió el Gran Teatro rehabilitado? En el año 86. La Orquesta, ¿cuándo se creó? En el año 92. Y podríamos poner más ejemplos. Córdoba perdió el tren de tener un auditorio y un centro de arte contemporáneo, pero bueno… En los años 80 y principios de los 90 hubo un importante esfuerzo de las administraciones públicas y de algunas administraciones privadas también porque esos déficits culturales que venía arrastrando España se fueran reduciendo. Y creo que muchos se han reducido. Con esto no quiero decir que durante el franquismo no hubiera teatro o música, que la había, pero el peso de la cultura durante el franquismo era mínimo comparado con otros países y eso es algo incontestable. 

La dictadura tenía unos paradigmas culturales muy concretos, como suelen tener todas las dictaduras, y cuando se recupera la democracia en el año 75, hay que empezar a andar un camino en el que hay que recuperar tiempo perdido o tiempo perdido en otras cosas -yo no quiero ser irrespetuoso con nadie-. En España, en esa época, estaba la Orquesta Nacional, la de RTVE, la de Barcelona, había una en Bilbao, una en Sevilla, en situaciones muy precarias la mayoría. Hoy en España hay ventitantas orquestas sostenidas con fondos públicos. Si hablamos de arte contemporáneo, ¿cuántos centros se han creado desde los años 90? Bastantes. ¿Rehabilitación de teatros? Muchísimos. Muchas veces parece que el discurso más cómodo es el de “qué desastre todo”. Yo creo que hay que ser justos. La gente que tenemos más edad tenemos un elemento más de comparación, lo que hemos vivido, y que nos permite estar esperanzados de que vamos en buen camino. Creo que comparar la situación de la cultura hoy con la de hace 40 años no tiene mucho sentido.

Nunca se puede supeditar la cultura al turismo

P. Hablemos de música. De clásica. ¿Qué le dirías a quienes apuntan que la música clásica es elitista?

R. Pues en absoluto. La Orquesta de Córdoba lleva desde que se fundó, en el año 1992 -y yo lo conozco bien porque fui uno de los asesores que tuvo el Ayuntamiento de Herminio Trigo para su creación-, desde el primer minuto, haciendo conciertos didácticos. Es decir, generar público para el futuro. Ese concepto de elitista nunca lo he entendido. En alguna ocasión, a raíz del Festival Rafael Orozco, que llevo con él desde que empezó, ha habido algún concejal que me ha dicho: “Es que esto es un poco elitista, hay que hacer cosas más populares”. Entonces, esa dialéctica permanente entre lo popular y lo elitista… No, mira, la música clásica es una música accesible para todo el mundo y no hace falta hacer ese tipo de productos que han hecho algunos músicos de intentar aligerarla. Lo que hay que hacer es acercarla. Por eso te decía antes lo de la televisión.

La oferta hoy está al alcance de todo el mundo, hay programas de descentralización que se hacen en los barrios, programas en la Junta de Andalucía, donde hay cuatro orquestas con fondos públicos y una quinta privada en Almería. En Andalucía hay más de 70 conservatorios, sin entrar en si podrían estar mejor dotados o conservados. Cuando yo era joven, había dos. Recuerdo que a finales de los años 80 fui asesor de un grupo para la Consejería de Educación de la Junta, cuando era presidente José Rodríguez de la Borbolla y el consejero Antonio Pascual, que pensaron que era positivo darle un impulso a la música desde la cultura y la educación. Y, gran parte del corpus legislativo que se hizo entonces para conservatorios, se hizo en aquel entonces. Es decir, el acercamiento de la música a la población se ha procurado mucho. Así que, decir que la música clásica puede ser elitista lo puedo entender de que se dijera en otro tiempo, pero hoy en día está fuera de lugar.

P. Has mencionado el Festival Rafael Orozco, que termina esta semana su 19 edición con una especie de reencuentro con el público. 

R. Yo estoy muy contento. Ha sido un reencuentro porque el año pasado no se hizo, pero el Festival Rafael Orozco siempre ha tenido una increíble respuesta de público. En el año 2002, cuando yo presenté el proyecto a la entonces concejala Angelina Costa y a Juan Carlos Limia, ese año ya fue un éxito. Tanto que, lo que iba a ser un festival puntual para celebrar el centenario del conservatorio, se convirtió en una cita anual con una excelente respuesta de público. Y, además, con una muy buena respuesta de las revistas especializadas a nivel nacional. Y el nivel artístico ha sido muy bueno, altísimo.

P. Quizá este año lo que ha tenido ha sido un mayor impacto a nivel de comunicación por la coincidencia de los dos aniversarios del nacimiento y la muerte de Rafael Orozco.

R. Eso es una parte. También es porque el Ayuntamiento ha incrementado el presupuesto para reforzar la comunicación y la difusión del festival, que era una asignatura pendiente que había. En este sentido, aprecio mucho la implicación personal del propio alcalde, además de la concejala de Cultura, en este impulso al festival. La rueda de prensa de presentación se hizo de forma diferente, con un maratón de pianistas que fue muy llamativo. Después se presentó el documental Orozco Vibrante, que tuvo una asistencia muy buena, y que ha contribuido a calentar el ambiente. A mí me hubiera gustado que los medios locales hubieran hecho un mayor seguimiento. La cobertura antes del festival fue muy importante, pero luego se ha diluido un poco, pero comprendo que ha coincidido con Cosmopoética.

La independencia de criterio choca muchas veces con la disciplina de grupo

P. Los dos han funcionado muy bien, pese a que últimamente da la sensación de que el otoño cultural va sobrecargado de eventos, que muchas veces parecen hasta contraprogramación.

R. Yo creo que hay que hacer una reflexión. Por un lado, los programadores deben buscar no hacer coincidir determinadas cosas que puedan tener impacto, quizá no tanto por el público, ya que la mayor parte son públicos diferentes, sino por la promoción que pueden tener. Pero, por otro lado, los medios también tienen que hacer una reflexión. Porque, el mismo día que aquí estuvo un premio Nobel de literatura (se refiere de Wole Soyinka), había también una celebridad de la música clásica en el Teatro Góngora (Nikolai Lugasky). Al día siguiente, hubo un tratamiento muy bueno y lógico, del que yo me alegro, para el premio Nobel, y prácticamente pasó desapercibido la presencia del segundo. Creo que no había ni foto en muchos medios de comunicación.

P. Nosotros publicamos crónica y foto. De ambos. 

R. Ya. Por eso digo en muchos de los medios de comunicación. En cualquier caso, más allá de esto, el seguimiento fue muy notable tanto en las fechas previas como al inicio del festival, lo cual agradezco mucho.

P. Permíteme que apostille. Mi broma de la semana pasada apostar a ver qué tenía menos interés periodístico para nuestros lectores, si la presencia de Wole Soyinka o la exposición de Etel Adnan en el C3A. Los medidores de audiencia son muy puñeteros para esto.

R. Sí, si yo comprendo que los medios eso lo miran. Y miran otras cosas también, que todos sabemos. Pero sería bueno para los medios profundizar más en el interés de hacer un periodismo cultural. 

P. Lo voy a poner en mayúsculas. Ya me gustaría a mí.

R. Como todo en la vida, hay que especializarse. No es lo mismo el que hace crónica política, que el que está pendiente de una exposición o una obra de teatro. Lo digo con todo el cariño. A mí siempre me han tratado estupendamente los medios, y sólo tengo palabras de gratitud. Mira, una de las cosas que tuvo el tiempo del que te he hablado antes, es que no solamente se fueron creando espacios de opinión e información, sino también de crítica en los medios. Yo mismo ejercí la crítica musical durante 20 años en Diario Córdoba. Y algunos medios mantienen todavía al crítico de música o al de artes plásticas. Y creo que eso es bonito porque el público agradece poder contrastar su percepción de alguna cosa con la que ha estado con la de algún especialista.

Pero, además, hay otra cosa que me llama la atención. Los periodistas avezados calibran muy bien la importancia de los acontecimientos y, es porque están metidos de lleno en la materia. Antes he puesto el ejemplo de que la visita de Nikolai Lugansky haya pasado desapercibida, pese a ser una figura internacional de la música clásica. Pues podría decir lo mismo en sentido contrario: cosas que tienen un interés relativo y están excesivamente ponderadas. Creo, muchas veces, que cuando se piensa en construir una ciudad culturalmente fuerte, apuntamos a las instituciones, pero también tenemos que pensar en el público y los medios de comunicación. Son muchos factores los que hacen que una ciudad emerja con fuerza. 

P. Te compro la reflexión. Lo único que añadiría es que hoy en día hay un divorcio entre periodismo cultural y crítica cultural. Son dos cosas distintas. El crítico cultural es el especialista en algo concreto. El periodista cultural es el que tiene que contar la vida cultural de la ciudad y tiene que saber de cine, música, literatura, arte… Hoy, con suerte, tienes un buen periodista cultural capaz de detectar gran parte de lo que se mueve. Y se le escaparán cosas. A mí, por ejemplo, hoy me interesaría más tener un chaval escribiendo de reguetón y trap en el periódico que uno de jazz o música clásica.

R. Yo lo veo desde mi óptica. Pero la óptica del empresario o de un profesional no tiene que coincidir. Pero estarás de acuerdo conmigo en que, además de información, que muchas veces viene suministrada por notas y gabinetes de prensa, está después la opinión o el reportaje. Los medios que cultivan el reportaje me parecen estupendos, porque los saca del día a día. Y a los lectores nos gusta mucho leer reportajes sobre algo que a lo mejor no tiene que ver con lo que está ocurriendo y que me enriquece en mi conocimiento. Si, además de eso, hay periodistas especializados que ofrecen su opinión sobre determinadas cuestiones, eso enriquece el peso de la cultura en la información.

La cultura ha ido perdiendo terreno frente al entretenimiento

P. Me he dado cuenta de que algunas cosas más audaces que has hecho dentro del mundo de la cultura las hiciste fuera de la política. Te pongo un ejemplo que es el Festival Rafael Orozco. Y hay otra que a mí me parece importantísima, que es que peleaste para conseguir que Córdoba fuera la primera ciudad con estudios superiores público de flamenco.

R. Bueno, sí, pero no me quiero poner yo el mérito. El flamenco estaba en el conservatorio de manera no reglada desde finales de los años 70, porque el entonces alcalde, Antonio Alarcón, que era un gran aficionado al flamenco, convenció al director del Conservatorio, que entonces era Rafael Quero. Había una persona para ello, Manuel Cano Tamayo, muy capaz. Y a mí, que fui director del 87 hasta el 92, pues me tocó una época muy buena, porque quizá el ministro que más se preocupó por las enseñanzas artísticas fue Rubalcaba, al que yo siempre recordaré con muchísimo cariño. Porque, en la ley de educación que él impulsó como ministro fue la que hizo que los estudios superiores de música estuvieran equiparados a los estudios superiores en todos los sentidos. Aquella fue la ocasión perfecta para que Córdoba se pudiera subir a ese tren y se pudieran poner estudios flamencos iguales a las del resto de especialidades. Y la verdad que yo estoy muy contento de ello, aparte de porque me gusta el flamenco -eso es lo de menos-, porque me parece un valor muy fuerte como andaluz. Andalucía no se puede concebir si no piensas en el flamenco. Así que, qué mejor que un conservatorio andaluz, en este caso el de Córdoba, el que llevara esa bandera. Es cierto que allí se abrió una línea que creo que ha sido muy buena.

P. ¿Eres muy defensor de la educación pública?

R. Sí, pero mira, a mí en esa dialéctica de educación pública o concertada, yo digo: claro que sí, que haya concertada, que la gente elija lo que quiera. Lo mejor en esta vida es poder elegir. 

P. Ya, pero es que la educación concertada se sostiene con fondos públicos. 

R. Sí. Yo lo que creo es que la educación y la cultura son las dos cosas que más cohesionan a una sociedad y que más nos acercan a esa quimérica igualdad de oportunidades. Yo desde joven lo he tenido claro. Y lo deseable es que esa educación a la que pueda aspirar todo el mundo la hagamos lo más excelente posible. Que después otras personas quieran otras opciones, me parece bien, pero el estado tiene que garantizar una educación pública potente. Se han dado muchos pasos en eso, aunque algunos hayan sido equivocados. Y, a lo mejor hay que racionalizar otro tipo de cosas, pero la oportunidad la tiene que tener todo el mundo. Otra cosa es cómo se esté tratando legislativamente la enseñanza, que merece un tratamiento a parte. 

P. ¿Falta inversión en educación?

R. Falta saber dónde uno quiere ir, legislar bien, poner la inversión que se requiere -que no creo que sea el principal problema- y hacer una correcta selección del personal. 

Me gustaría que los partidos no fueran tan omnipotentes y que hubiera listas públicas abiertas

P. ¿De verdad no cree que la inversión no sea el principal problema? Yo es que creo que una educación pública de calidad sólo se consigue con una inversión de calidad.

R. Digo que no es el principal problema. Tenemos que reclamar una educación de calidad y tenemos que reclamar que la forma de selección del profesorado sea la mejor posible y tenemos que reclamar una enseñanza en la que no haya centros mal financiados. Yo no lo pongo en primer lugar, lo pongo junto a otras cosas. Te voy a poner un ejemplo. En 2007, el Gobierno de la Junta propuso una nueva ley de educación para Andalucía, la LEA. La consejera era Cándida Martínez, y la entonces portavoz de educación, Araceli Carrillo, que era un persona a la que yo recuerdo con mucho cariño y que murió joven, me pidió mi opinión sobre el modelo de enseñanzas artísticas. Entonces, se pensó en crear un instituto superior de enseñanzas artísticas, no recuerdo bien el nombre. Yo colaboré mucho en esto porque, además de que estaba de director del Conservatorio de Córdoba, representaba a los directores de los conservatorios andaluces y las escuelas de arte dramático y el Conservatorio de Danza que está en Málaga. Lo trabajamos mucho y, en lo concerniente a nosotros, quedó una solución bastante buena.

Eso se aprobó en 2007 y me acuerdo que me invitaron a la tribuna del Parlamento de Andalucía. Bueno, pues cuando era 2010, no se había dado ningún paso. Y yo me acuerdo que fui a mi delegada provincial y le dije: “Delegada, cuando termine este curso, ve pensando en otro director, porque yo no sigo”. Y ella: “No, pero cómo va a ser eso”. Yo me sentí muy comprometido aún a riesgo de que se me pudiera encasillar políticamente por apoyar la LEA y habían pasado 3 años y ni había instituto ni se pensaba hacer nada y seguían los mismos problemas que había antes. Y efectivamente dimití. Bueno, pues estamos en 2021, y la cosa no es que esté igual, está peor. Entonces, me dices: ¿Es problema de dinero? Bueno, también falta financiación. 

P. Crear un instrumento y no dotarlo es como no crearlo. Guste o no, todo se mueve por dinero y voluntad.

R. Para mí es voluntad política, conocimiento y tener una idea certera donde se quiere ir. Yo creo que no hay nada de eso. Más allá de las proclamas de “apostamos por tal”. Yo me refiero a los hechos. Y yo llevo 40 años de profesor, salvando el lapso en el que he estado en la política. O sea, que sé de lo que hablo, porque además he sido director quince años y en cualquier ámbito he colaborado al máximo posible. Y te puedo decir que, desde hace muchos años, las cosas no van bien: los centros no están bien financiados, pero es porque el sistema de selección de profesorado no es el idóneo. Creo que el sistema no es el mejor. Tampoco me parece muy bien la normativa, porque ahora mismo las enseñanzas superiores están en una especie de limbo administrativo. Tienen consideración de enseñanzas superiores, pero en muchos aspectos sigue teniendo tratamiento de enseñanzas medias. Y esa indefinición está haciendo que muchas personas se estén yendo al sector privado y, ¿qué ocurre? Que entonces no todos tienen las mismas oportunidades.

P. Este tipo de cosas son las que te mueven a entrar en política. 

P. La verdad es que no lo sé. Algunas veces me lo he preguntado. A mí lo que me ha gustado siempre es poner toda la carne en el asador en lo que hacía. Cuando era concertista de piano, me levantaba a las 5:30 o las 6:00 para estudiar, como profesor he tratado d dar lo mejor de mí mismo cuando fui director del Conservatorio. Lo que pasa es que yo tengo mucho apego a mi ciudad. La quiero mucho y me siento muy bien aquí. Entonces, cuando tuve la oportunidad, porque José Antonio Nieto me dijo que quería que fuera el concejal de Cultura, yo le dije que sí. Aquello fue en 2007. Entonces no pudo ser, y en 2011 sí, porque el PP sacó mayoría absoluta y yo pasé unos años encantado. Fue una época feliz, que recuerdo con una enorme gratitud, no solamente hacia Nieto, sino haca a mis compañeros y a los grupos de la oposición. Pero, sobre todo, a todas las personas que estaban en el mundo de la cultura, que era mi mundo.

Ser concejal de Cultura me permitió poder hacer cosas que desde fuera no se pueden hacer. Y para mí fue una experiencia magnífica. Tanto, que fue traumático cuando, hablando ganado, perdimos el Gobierno por un pacto de PSOE e IU. Fue traumático porque tenía muchas cosas en mente para ese segundo mandato y no pudo ser. Ahora, la motivación que me llevó a la política creo que fue, fundamentalmente, el poder trabajar por Córdoba y hacerlo llamado por una persona a la que le tengo un alta estima. La verdad es que me lo he preguntado arias veces. No podría precisarlo más. 

Sería oportuno una dirección artística que marcara la ruta del Festival de la Guitarra para varios años

P. ¿A usted le interesaba más la gestión que la política?

R. Sí, a mí me gusta más la gestión. Pero que conste que, desde muy jovencito me encantaba la información política. Yo ahorraba para comprarme el Cambio 16 y Tiempo. Siempre me ha gustado la política. Otro cosa es que yo piense que para la política hay que valer. Porque la política tiene unas claves que no solamente tienes que conocer, sino que tienes que aceptar. Y cuando digo aceptar, tienes que aceptar que los partidos son estructuras muy piramidales y jerarquizadas donde la independencia de criterio choca muchas veces con la disciplina de grupo. Y esas reglas son legítimas, pero a mí, que tengo otra concepción de lo que debería ser el juego político, me puede costar un poco de trabajo.

P. Antes ha dicho que, por su experiencia, la educación ha ido a peor. ¿En la política también ha ido todo a peor?

R. Hay de todo. Hombre, las personas de mi edad tendemos un poco a mitificar la Transición, que para mí fue una época muy bonita. Ver a Fraga y Carrillo juntos, Suárez, que a mí me parecía que tenía un estilo político muy bueno, Felipe González, que fue una explosión enorme cuando ganó en 1982. Fue una época de cambio en la que se estaba removiendo todo y muy ilusionaste. Hoy, digamos, estamos en una época más de continuo. Pero yo no creo que sea ni mejor ni peor, es distinta. Hombre, yo tengo mis gustos, evidentemente. A mí me gustaban mucho los parlamentarios de aquella época y hoy el parlamentarismo sí lo veo menos brillante que en otro tiempo. 

P. ¿Compraría hoy Cambio 16?

R. Sí. A mí me sigue interesando mucho la política. Me resulta muy atractiva porque te explica un poco por donde va el mundo, cómo son las relaciones de poder, cómo se conforman las ideologías… En fin, es una cosa apasionante. Pero el ejercicio de la política es muy duro. A mí no me gusta nada esa frase de que todos los políticos son iguales. Yo he conocido a personas con un espíritu de servicio público muy grande. Las ha habido, las hay ahora y las habrá en el futuro. Y otras que están movidas por otros intereses, seguro. Pero eso pasa en todas las profesiones. Pero la política como tal es una actividad muy noble y necesaria si queremos tener una democracia. 

P. El problema es que la democracia se convierta en partidocracia.

R. A mí me gustaría que los partidos no fueran tan omnipotentes y que hubiera listas públicas abiertas, que los cargos públicos se debieran más al electorado que a la directriz continua de los aparatos. Pero eso son matices. 

P. El modelo electoral anglosajón es bastante más justo en ese sentido. 

R. Sí, el de Reino Unido y EE.UU. me gustan. Pero la política, como digo, no sólo es conocer las claves, sino también aceptarlas. Y las claves son las reglas del juego. Yo nunca me he sentido un verso libre, porque soy la persona más leal del mundo. José Antonio (Nieto) y José María (Bellido) lo saben. Yo no concibo las cosas de otra manera y, si no me gustaran, yo me saldría. Pero considero que, si el sistema favoreciera otro tipo de cosas, se podría conjugar mejor la libertad de criterio con los mandatos de los partidos. Yo reconozco un valor en las personas que son capaces de poner de lado sus convicciones en un momento determinado porque se imponga la línea del partido.

P. ¿Tú te tuviste que tragar algún sapo de esos? 

R. Bueno, estuve ocho años. Yo en la gestión, Nieto respetó en todo momento mis criterios, incluso cuando no coincidíamos. Y con Bellido hubiera sido exactamente igual. Pero yo me refiero a que en los partidos es muy difícil manifestar unos sesgos personalistas. A esa persona se le llama verso suelto o solista, que es la última denominación. Y yo creo que muchas veces los partidos quieren que todo sea marmóreo. ¿Tú has visto alguna vez a un diputado de alguna circunscripción decir “estos presupuestos no son buenos para mi tierra” estando su partido en el Gobierno?

P. Jamás.

R. Ni tampoco a algún diputado de la oposición decir que lo presupuestos del Gobierno nos han tratado bien. Entonces, ese monolitismo me cuesta mucho trabajo entender. Algunas cosas no las entiendes. Por ejemplo, y por reciente, me viene a la cabeza eso que leímos en vísperas del debate de presupuestos de la Junta, acerca de una filtración de lo que el vicepresidente de la Junta había comentado con los diputados de su grupo hace meses sobre los presupuestos para 2022. Pues bien, en lugar de ponerse el foco en el contenido de la filtración, que podía afectar negativamente a la negociación del gobierno con la oposición, la atención parecía dirigirse hacia quién había hecho la filtración, que si Génova o un diputado díscolo de Cs. Y luego vemos que el protagonista de este episodio es invitado de honor en el congreso de Granada. A ese tipo de claves que hay que conocer de la política, es a lo que me refería antes. Y que conste que me siento muy identificado con la línea política del PP de Andalucía y valoro mucho el talante moderado y la gestión de Juanma Moreno.

El C3A no ha llegado a enganchar todavía con la ciudad

P. ¿Invertir en cultura es rentable políticamente?

R. Si uno piensa en una ciudad o un país a 20 años vista, claro que es rentable invertir en cultura. Es que es un elemento fundamental para la identidad de las sociedades y para la cohesión social.

P. ¿Y si uno piensa en ganar las elecciones?

R. Bueno, si nuestra visión de la política es cada cuatro años, a lo mejor hay cosas más rentables. Pero quiero creer que muchos políticos, sobre todo los que están en primera línea, su ambición política va más allá de ganar las siguientes elecciones. Porque en cuatro años no se pueden hacer muchas cosas.

P. Se lo digo porque no recuerdo un debate electoral en el que haya habido ni el más mínimo bloque de cultura. 

R. Eso es verdad. Pero no pasa sólo en la política. Hasta hace poco tú cogías un libro de historia y el capítulo de la cultura era el último, te decían dos o tres nombres y parecía que con eso ya se había cumplido. Para mí es muy importante. Una sociedad culta tiene mucho más espíritu crítico y puede valorar tanto las cosas buenas como enfrentarse a las que están mal. Y, por tanto, creo que un político que tenga raza y visión de futuro, tiene que pensar a 20 o 25 años. No se puede vivir en el día a día. Lo urgente nos come muchas horas, pero a lo importante hay que dedicarle mucha reflexión.

P. Ahora la cultura va muy ligada al rendimiento turístico. No sé si esto puede resultar nocivo a largo plazo.

R. Esto es un debate que viene de largo y que yo he tenido siempre claro. Para mí la cultura es un valor en sí mismo que hay que cuidar y que respetar. Y, por supuesto, puede tener un valor de promoción de una ciudad y puede ser un añadido para que la gente venga a visitarnos, pero su función principal debe ser nutrir a la sociedad en la que se desarrolla. Nunca se puede supeditar la cultura al turismo. Por ejemplo: si tú traes al Cuarteto de Tokio o programas una tragedia de Séneca, sabes que tienes menos público que una cosa de consumo más fácil. Yo creo que, si uno piensa en la cultura en mayúsculas, eso queda para el futuro. Y es una inversión magnífica en todos los aspectos.

El ministro que más se preocupó por las enseñanzas artísticas fue Rubalcaba

P. ¿Y cómo ves a Córdoba en ese sentido?

R. Bueno, vamos a ver. Creo que no hay una respuesta breve de bien o mal. Hay que mirar el vaso, si está medio lleno o medio vacío. Yo, por mi forma de ser, lo veo medio lleno. Sobre todo porque yo recuerdo cómo eran las cosas hace 40 años y eso no lo puedo pasar por alto. Después veo signos alentadores. Por ejemplo, estoy muy contento de que para el C3A haya una unión entre el Ayuntamiento y la Junta para apostar por una cosa tan interesante como es la fundación de Francesca Thyssen. Me parece también muy alentador que el Ayuntamiento esté dispuesto a apoyar de manera determinante el proyecto de Fernando Vacas, Córdoba. Ciudad de las ideas porque aunque sea una cosa ambiciosa, si cuaja, sería un revulsivo enorme para la ciudad. Otras cosas de menor impacto pero muy importantes: que el Teatro Cómico por fin vaya a tener una programación habitual, el auge actual en la edición de libros, el papel creciente de varias fundaciones radicadas en la ciudad o las iniciativas surgidas en la UCO, entre los que me vienen ahora a la cabeza. Y después está todo lo que viene dado desde hace 25 años, con algunas iniciativas muy consolidadas y otras que están en crisis y merecen una revisión.

Pese a todo lo conseguido, queda camino por recorrer. Siempre será así en una ciudad con el capital simbólico de Córdoba. Por ejemplo, en el ámbito de las infraestructuras y equipamientos culturales, no podemos olvidar la importancia de contar con ese tantas veces reclamado nuevo Museo de Bellas Artes, lo cual permitiría, además, la ampliación del Romero de Torres, concluir la segunda fase del Arqueológico, pensar en un futuro Museo de la Ciudad que ofrezca una interpretación de las diversas culturas que han forjado nuestra historia, también en un auditorio que sea sede de la Orquesta y que pueda acoger programación musical de manera regular, y buenas salas expositivas además de la de Vimcorsa (cosa ésta que parece está en vías de solución). En definitiva, infraestructuras que dependen del acuerdo entre administraciones, pero que creo son necesarias y que deben trazarse como objetivos. Además, por supuesto, de cuanto tiene que ver con el patrimonio, de lo que no estamos hablando apenas en esta ocasión, aunque considero que también hay signos muy esperanzadores, como son las intervenciones en el Salón Rico de Medina Azahara, los baños árabes de San Pedro y la Pescadería, el Alcázar de los Reyes Cristianos y algunas otras intervenciones más.

Y además de todo eso, cuyo peso recae en el sector público principalmente, es necesario también que surjan nuevas iniciativas privadas, que se sumen a las ya existentes de entidades muy diversas, así como de colectivos y artistas locales. Por ejemplo, carecemos de galerías de arte y eso me parece una laguna muy a tener en cuenta. Como la importancia de contar con más industria cultural o, en otro orden de cosas, incrementar las producciones propias de relevancia en los ámbitos de las artes escénicas y musicales, en las artes visuales.

P. Desde el punto de vista de la gestión cultural, ¿cuál crees que sería el paso a dar a años vista?

R. Pues hay una cosa que podría ser muy positiva y que quiero comentar con el alcalde. Creo que habría que llegar a una convergencia de las instituciones y recuperar la idea de una fundación como de Córdoba, Ciudad Cultural en la que tengan cabida todas las instituciones públicas y privadas que tengan en su razón de ser el apoyo a la cultura para buscar unas sinergias que ahora mismo se pueden diluir solapándose unas cosas con otras o con falta de coordinación, porque cada uno lleva su política. Esto me lleva al camino que vivimos hacia la capitalidad. Creo que hay que extraer lo bueno, sin mitificar ni quitarle importancia a las cosas. Hay cosas buenas que se pueden retomar mirando hacia adelante, pero extrayendo cosas del pasado. Y creo que una cosa buena fue la fundación Córdoba ciudad cultural. Es verdad que, en medio de una crisis económica atroz, hubo un repliegue en las instituciones públicas y privadas y lo que podría haber sido una eclosión enorme se quedó un poco en intentar mantener lo que había en circunstancias difíciles.

Creo que, tomando la medida de aquello, en lo que yo participé muy de cerca porque Andrés Ocaña me pidió que colaborara en la redacción del dossier de la candidatura, se podría recuperar lo que se hizo bien en aquella época. Porque se logró una especie de relato y una hoja de ruta consensuada entre todas las instituciones e ir sumando entre todas por Córdoba. Creo que ahora hay una situación presupuestaria mucho mejor y veo muchos detalles de convergencia social positivos, como el hecho de que el Ayuntamiento, la Junta y el Gobierno hayan podido coincidir en la base logística. Creo que estamos en un momento muy bueno para rescatar esa idea de una fundación fuerte que enarbole esta bandera y que, de alguna forma, esté al margen de los vaivenes políticos. Es una idea a la que le llevo dando vueltas un tiempo.

P. ¿Y estarías dispuesto a presidirla?

R. No, no. No se me ha ocurrido pensar en eso no (Se ríe). Yo solamente he pensado en esto llevado por mis inquietudes hacia la ciudad. Pero no, hay muchas personas más cualificadas que yo para una labor de ese calibre. A parte de los desahogos que todos podamos tener en privado, creo que las personas que amamos a Córdoba sentimos un profundo respeto por lo que se ha hecho y tenemos ganas de ayudar a los que están trabajando para que las cosas salgan bien. Y por eso siempre estoy disponible para quien sea que quiera llamarme, por si quiere servirse de mi humilde experiencia. Por si sirve de algo. Sinceramente, creo que sería un tema fenomenal para hacer esto. Bueno, yo lo dejo ahí.

Andalucía no se puede concebir si no piensas en el flamenco

P. Antes has dicho que hay cosas que se pueden mejorar también. ¿A qué te referías?

R. Por ejemplo, creo que todos estamos de acuerdo en que hay que revisar el modelo del Festival de la Guitarra. 

P. ¿Cuál sería tu modelo para el festival?

R. Una de las cosas que se me quedaron pendientes si hubiera tenido un segundo mandato es hacer una revisión del Festival de la Guitarra. Yo ya detectaba entonces que se estaba agotando el modelo porque hay una tensión permanente entre respetar las esencias primigenias e ir concediendo licencias, en la línea de los festivales generalistas, que podrían llevar a una desnaturalización de una cosa que nació muy singular. Entonces, si quiere seguir siendo singular, tiene que ser, no un festival más, de los muchísimos que hay. Hay que tener en cuenta que, cuando Paco Peña lo creó, había muy pocos festivales en España. Hoy hay muchísimos. Entonces, yo creo que sería oportuno una dirección artística que marcara la ruta del Festival de la Guitarra para varios años. Porque no se trata de ver cómo hacemos bien el cartel para el año que viene, porque estoy seguro de que hay técnicos que pueden hacer eso perfectamente. Se trata de depositar en alguien una confianza, de la misma manera que hay un director de Cosmopoética o un director del Rafael Orozco, que trace una línea para que siga siendo una referencia entre los grandes festivales de guitarra del mundo. Porque en España tenemos otros cercanos, en Sevilla o Granada. Creo que eso puede ser interesante. 

Y, en segundo lugar, creo que hacen falta recursos humanos. Yo conozco muy bien el IMAE y tiene un mérito enorme lo que hacen los técnicos porque casi todos los festivales tienen un personal dedicado en exclusiva y ellos se dedican a la programación de los tres teatros durante todo el año y, cuando llega el Festival de la Guitarra o el Concurso Nacional de Flamenco, es un extra. No se les puede pedir más. Es agotador y yo lo conozco muy bien porque fui presidente del IMAE. Lo digo porque lo he vivido de cerca. Hacen falta más recursos humanos y hace falta más presupuesto. Si tú tienes más recursos, puedes aspirar a contratar a artistas de más fuste. Pero, insisto, el dinero es importante, pero tiene que estar acompañado de más cosas. Y creo que es una buena cosa que ahora mismo haya un debate sobre esto en el Ayuntamiento. Y estoy seguro de que se tomará una decisión acorde a lo que se necesita. 

P. Y luego, has mencionado el convenio con la Fundación Francesca Thyssen, en el que el Ayuntamiento está dispuesto a poner fondos propios para un museo que es propiedad de la Junta. No sé si conoces los fondos de la fundación Thyssen.

R. Conozco algo.

P. Te lo digo porque es curioso que en los fondos hay artistas que ya han expuesto en el C3A. Y, vaya por delante que a mí me parece un proyectazo, pero creo que una de las cosas en las que más injusto se está siendo es a la hora de valorar la gestión que ha hecho Álvaro Rodríguez Fominaya en el C3A en todos estos años. 

R. No, para mí tiene todos los respetos. 

P. No lo digo por ti. Digo en general, en la ciudad, en los estamentos políticos y en cierta prensa. Es que me resulta curioso que ahora vayamos a pagar un buen dinero para traer fondos de artistas que ya han expuesto en el C3A por pagar sólo el nombre Thyssen.

R. Yo voy a quedarme con lo sustancial de la cuestión. Para mí, por supuesto, todos los respetos a la gestión que ha hecho Álvaro Rodríguez Fominaya, porque además vino en un momento en el que ya no sabíamos qué iba a pasar con el C3A. Es que la historia del C3A hay que conocerla. Efectivamente, cuando llega Álvaro, se le da un sentido a aquello. Pero es verdad, y tenemos que reconocerlo, que el C3A no ha llegado a enganchar todavía con la ciudad, por muchas razones. Y es un edificio con un potencial tan grande que hay que darle una solución. No sólo basta con que haya cosas muy interesantes para una minoría muy avezada.

Para hablar propiamente de cultura, debe haber un componente de reflexión

P. Pero es que eso es exactamente lo que le estoy diciendo, que los fondos que se van a traer son de la misma naturaleza. Lo único que cambia es que vienen con el sello Thyssen.

R. Yo quiero creer, me imagino, que los contenidos tienen más ambición que solamente eso. 

P. De momento lo que se habla es de traer los fondos que tiene la fundación Francesca Thyssen, que le insisto, son fondos de arte contemporáneo de vanguardia, al estilo de los que ya han venido. Fondos muy potentes, pero absolutamente vanguardistas. De la misma naturaleza que los que ha traído Rodríguez Fominaya. ¿Se está comprando el nombre Thyssen?

R. La verdad es que no estoy en los entresijos. Como ciudadano, reconozco que tiene mucha fuerza mediática un convenio con Francesca Thyssen. Los contenidos los conocen mejor los que están metidos en el mundo del arte contemporáneo. Una vez estén aquí, se le puede dar una vitalidad al centro que ahora mismo, lamentablemente, no tiene. Más que el envoltorio, lo que a mí me gustaría es que el C3A fuera una referencia en el arte contemporáneo no sólo para que lo disfrutemos los cordobeses, sino a nivel nacional e internacional.

P. Yo creo que hoy ya lo es. La prueba es la exposición de Etel Adnan que hay en estos momentos, que solo la tienen el Guggenheim de Nueva York y el C3A. 

R. Sí, pero es verdad que con Córdoba no ha enganchado.

P. Pero eso es muy peligroso. ¿No ha enganchado con qué, con el público?

R. No está integrado en los hábitos culturales de los cordobeses.

P. Entonces hablamos de público, de visitas.

R. En parte sí. Y en la cotidianidad.

P. Entonces, si medimos la rentabilidad en cuántos cordobeses van al C3A o a los museos, estamos perdidos.

R. Sí, es que aquí confluyen muchas cosas. Si yo hubiera sido el responsable de la Junta de Andalucía, hubiera nombrado a otro director. No lo han hecho, desconozco las razones. Pero yo me fijo en el papel del Ayuntamiento y me parece muy bien que el Ayuntamiento, y el alcalde en concreto, diga que se siente responsable del buen funcionamiento del C3A. Creo que es algo muy de aplaudir. Evidentemente, cuando se toman decisiones, a todo el mundo no le puede gustar y creo que era hora de que, con el C3A, el Ayuntamiento se implicara. Porque al final, lo que pasa en Córdoba, la gente lo identifica con el Ayuntamiento. A mí me parece muy bien este convenio porque puede ser el principio de una solución estable.

P. Ya le digo que es un tema muy interesante pero peliagudo. Porque si hablamos de la relación de los cordobeses con el C3A, menos relación tienen los cordobeses con el Taurino, y nadie ha planteado convertir el taurino en una sala de Arte Contemporáneo. Yo creo que he ido al taurino solamente una vez, cuando usted lo inauguró. No tengo relación con ese espacio.

R. Yo tampoco. Pero creo que no son comparables una cosa y otra. Cuando se hizo el proyecto de la capitalidad, la principal aportación de la Junta era el C3A. Y las expectativas con ese espacio, que venía a resolver un déficit atávico que había en Córdoba con el arte contemporáneo, eran muy grandes. En Córdoba ha habido una gran tradición musical, una gran tradición poética, pero el arte contemporáneo ha sido peor tratado. Y no será porque no hay artistas magníficos en Córdoba, que los ha habido y los hay. Y creo que el C3A está llamado a ser un emblema de la ciudad, de Córdoba y de Córdoba al mundo. Así que confío en que el acuerdo con la Fundación de Francesca Thyssen sirva de impulso definitivo para que el C3A “enganche” por fin con la ciudad 

P. No sé si volverías a la política, a lo mejor no como concejal, sino como cargo de confianza.

R. Nunca se puede decir de este agua no beberé. Hombre, yo estoy muy bien haciendo lo que hago. Veo las cosas de otra manera, puedo aportar y, si alguien me llama, siempre estoy disponible para ayudar. Y bueno, no descarto eso, pero tampoco es una cosa que yo vaya buscando.

P. El otro día leí una entrevista de Pablo Carbonell que me encantó en la que decía que el artista está para tender puentes. Me pareció una definición preciosa de la cultura.

R. Pues sí, me parece buenísima. Porque, si hay un punto de encuentro donde nos encontramos la mayor diversidad ideológica de todo tipo es en la cultura. La cultura es un espacio de libertad, un espacio abierto donde cabe todo. Normalmente, la gente que se dedica a la cultura, tiene un espíritu librepensador, que no se da en todos los ámbitos. Así que la suscribo.

P. Si tuvieras que ponerle una banda sonora a este mandato, cuál le pondrías.

R. Es una cosa difícil de improvisar. Hombre, creo que este mandato ha estado muy marcado por la pandemia. Así que no sé... Hay una canción de Barbra Streisand que se llama Tal como éramos. Esa sería la banda sonora. 

Una sociedad culta tiene mucho más espíritu crítico

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