Prepárate: comienza el nuevo desafío, más difícil si cabe, del Córdoba

La plantilla del Córdoba, en un entrenamiento | ÁLEX GALLEGOS

Al fin es una realidad. Después de siete meses, y un poco más, la competición está de vuelta. En poco más de 24 horas comienza un nuevo desafío, más difícil si cabe que el anterior, para el Córdoba. Todo está preparado para la temporada 2020-21 del cuadro califal en Segunda B. Porque es su segunda campaña consecutiva en una categoría que se le queda pequeña. Quizá por ello el discurso es el más ambicioso escuchado por estos lares de los últimos años. Sólo existe un objetivo y éste es indiscutible: es el retorno al fútbol profesional. Una meta que persigue el conjunto blanquiverde con una plantilla muy renovada pero de garantías, que va a estar bajo la dirección de Juan Sabas. Con todo, es necesario un aviso a navegantes justo antes de que el balón eche a rodar otra vez en torneo oficial: la consecución del éxito no va a ser sencilla. Más bien al contrario debido al cambio de formato, que da mayor complejidad al ascenso.

Cerrada una necesaria compensación de la plantilla

Cierto es que los números en cuanto posiciones no distan en algunos casos de los que tuvo el pasado curso. Pero no lo es menos que determinadas posiciones se ven muy reforzadas y que, sobre todo, existe un equilibrio entre las distintas parcelas de juego. El Córdoba acabó con su exceso de jugadores para la línea defensiva y elevó, a priori al menos, su potencial en la medular y la línea de tres cuartos. En definitiva, la entidad, y más concretamente su dirección general deportiva, terminó por acometer una gran reestructuración que supone una necesaria compensación del equipo. A diferencia de la anterior campaña, el conjunto blanquiverde tiene dos jugadores por puesto. Hecho éste que viene a confirmar la decidida apuesta, como no podía ser de otra forma, del club por conseguir el ascenso a Segunda A.

Movimientos seguros y fiables en el mercado

Lógicamente es el fútbol, y ahí los resultados, el que dictamina si el trabajo en labores de configuración de plantilla es el correcto o si hubo errores. Aunque tampoco suele ser esto un indicador certero en el 100% de los casos. No pocas veces un plantel con potencial alto terminó en zona baja, y viceversa. Sea como fuere, el Córdoba cerró el mercado estival con la sensación generalizada -también en el entorno- de haber dado los pasos propicios para asegurar una alta elevada competitividad del primer equipo. Los movimientos fueron seguros y fiables, esto último al menos aparentemente y por el cartel de los distintos fichajes. El conjunto blanquiverde se reforzó con jugadores de mayor rango como Bernardo Cruz o Mario Ortiz, contrató a otros mucho más jóvenes pero con precisión para que las licencias sub 23 no sean objeto de decoración y pudo mantener a sus piezas claves, como Javi Flores o De las Cuevas.

La identidad cordobesa gana en relevancia

Sólo son dos, lo que supone una cifra mínima. Aunque el valor en esta ocasión no se encuentra en el número sino en la relevancia de los jugadores. La identidad cordobesa quedó asegurada y además vino a ganar en relevancia gracias al único movimiento en este sentido por parte de la entidad. Por un lado, el conjunto blanquiverde mantuvo, como era lógico, a Javi Flores en el vestuario. El de Fátima es el capitán y ejerce como tal tanto dentro como fuera del campo. Su presencia es esencial para otorgar fiabilidad a un proyecto ambicioso como el del Córdoba. Por otro, y he ahí la acción de mercado, el club consiguió sumar a la plantilla a uno de los futbolistas con mayores genes de la cantera que haya. Se trata de Bernardo Cruz, por supuesto, que no sólo es un fichaje de alto nivel para Segunda B -viene del fútbol profesional- sino que va a aportar parte del sentimiento y capacidad de gestión que necesita todo equipo. Los dos son la pareja perfecta respecto de este apartado.

Juan Sabas, un líder ambicioso en el banquillo

El discurso es parecido al de la anterior temporada. No es otro que el que corresponde a un club del abolengo del Córdoba cuando milita en una división como Segunda B. La meta ineludible es el ascenso. Aunque sí es verdad que los mensajes son mucho más potentes que los habidos, por ejemplo, en verano de 2019. Surgen palabras como fracaso si no se logra el objetivo. Y en esta dinámica se encuentra también, con algo más de tacto en las declaraciones, el encargado de dirigir a la plantilla. Es Juan Sabas el hombre elegido para guiar al cuadro califal al fútbol profesional. Curiosamente, el técnico renovó meses atrás sin haber debutado todavía en partido oficial. El primero de la campaña 2020-21 va a ser, por tanto, el primero también en este sentido para el madrileño, que en las últimas semanas insistió en su idea de mirar el curso con ojos de ambición. Al fin y al cabo, vino para alcanzar la categoría de plata y no cabe otra posibilidad que hacerlo. Ni siquiera se piensa en Primera RFEF, la nueva competición intermedia entre Segunda A y B hoy por hoy.

Factores en contra: cambio de formato y casi sin público

Dada la situación excepcional existente en la sociedad, en todos los ámbitos y a nivel global, la temporada 2020-21 significa un antes y un después en la inmensa mayoría de las competiciones españolas. Muy marcada es la variación en Segunda B, ya que se produce un incremento de clubes y por ello una obligada reestructuración futura. Es el motivo por el que, como consecuencia de la pandemia de Covid-19, se produce un importante cambio de formato. De entrada, cada grupo, y esta vez son cinco, se divide en otros dos. Eso ocurre en una primera fase pues acto seguido existe una segunda en la que son válidos los puntos sumados hasta el momento. Y finalmente el play off, en sistema exprés. Se trata de uno de los factores en contra, en cierto modo, no sólo para el Córdoba sino para cualquier otro conjunto. Lo cierto es que cada duelo es vital para alcanzar el ascenso. Además, las circunstancias actuales provocan que el acceso al estadio sea mínimo. En El Arcángel, salvo que haya posibilidad de más un tiempo adelante, sólo van a asistir 800 espectadores a cada encuentro. Casi sin público, vaya, debido a las dimensiones del coliseo ribereño.

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