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Sueños nacidos entre aulas. La enseñanza en su máximo esplendor. De la formación académica a la formación deportiva. En la barriada cordobesa Ciudad Jardín nació hace ya más de 30 años el Club de Judo Kodokan, emblema de dicha disciplina en la ciudad y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en toda una institución de dicho deporte. Una absoluta referencia, no solo a nivel provincial, sino también andaluz y estatal. Una entidad nacida a imagen y semejanza de su gente, su barrio, sus calles. Labrando campeones desde la ilusión y la humildad del que disfruta al máximo de lo que hace. Y es el que el club capitalino, fundado allá por 1989 por un grupo amantes de ese deporte, ha ido superando todas la vicisitudes posibles que implica lidiar con un deporte minoritario y, a pesar de todo, la huella que ha dejado en la ciudad sigue teniendo ecos muy latentes.

Como explica uno de sus propios fundadores, la entidad nació, como se ha dicho antes, como actividad extraescolar en un colegio de dicho enclave cordobés. Sin embargo, la dificultad que hubo para continuar con esa labor dentro del centro, motivó a la creación, poco tiempo después, de un club deportivo. Uno que, ya dejando atrás ese vínculo académico, a partir de 1996 encontró un nuevo refugio en el número 44 de la calle Infanta Doña María, donde se ha asentado a lo largo de estas últimas décadas.

No cabe duda que el Kodokan, como suele ocurrir con este tipo de clubes, no sería lo que es hoy en día si no es por la gente que ha ido dando forma al proyecto a lo largo de los años. Una de las voces propias de esta entidad recae en el nombre de Francisco José Prados. Bajo la tutela del actual presidente y maestro de la escuela han ido brotando multitud de talentos. En efecto, sus enseñanzas han sido fundamentales para la progresión del club, siendo uno de los principales artífices de esta cuna de talentos, y del propio desarrollo de la entidad, que ha ido creciendo, en gran medida, a su imagen y semejanza, tras dejar atrás, como se ha dicho, esa primera aventura en clave escolar en el Colegio Eduardo Lucena.

El propio Prados subraya que el club surge “a raíz de estar en un colegio en Ciudad Jardín”, y tras no dejarles “seguir con las actividades” en el centro, “Juan Orcera nos acogió hace ya 30 años y aquí seguimos con el Club Kodokan”. Igualmente, recuerda que, coincidiendo con esas fechas de finales de los años 80, que el judo tenía “bastante tradición” en Córdoba y “estaba implantado es casi todos los colegios, en gimnasios, con la política de que los niños, tras finalizar su etapa escolar, pasaban a formar parte del club de dicho gimnasio”. Por tanto, “digamos que los colegios han sido la cantera del judo en Córdoba”, matiza.

Como se ha dicho antes, la entidad capitalina ha ido sumando años con un arraigo muy profundo de la barriada que le vio nacer, aunque el propio director técnico reconoce que “vienen niños de pueblos, de Almodóvar, de Posadas, Alcolea, otros barrios”, aunque “la mayoría vienen de Ciudad Jardín”. Así, su crecimiento ha sido “inimaginable” a lo que tenían previsto en el momento de su fundación.

Un club que ha visto dar sus primeros pasos a competidores del nivel de Francisco José Prados Barbero, hijo del mencionado maestro, o de la olímpica Julia Figueroa, estando ambos actualmente en el Centro de Alto Rendimiento de Valencia, donde han ido labrando sus trayectorias profesionales. Es más, la judoca cordobesa sigue siendo el gran emblema del Club Kodokan. Pese al tiempo que lleva ejerciendo su profesión lejos de su tierra, y que va camino de pelear por estar en sus terceros Juegos Olímpicos, Figueroa mantiene un vínculo aún muy grande con su club de origen, con el que mantiene un contacto constante y con el que entrena cada vez que vuelve por Córdoba.

Pese a todo, la pandemia ha afectado notablemente al equipo, que se ha visto resentido a nivel de licencias. De hecho, previo a la llegada del Covid tenían más de un centenar, que posteriormente se redujeron a unas 80 y, a día de hoy, son unos 60, lo que ha supuesto “un bajón considerable”. No obstante, la ilusión no se pierde en absoluto para un Kodokan que sigue aspirando al máximo en los próximos torneos andaluces y nacionales, y el propio Prados resalta que “el secreto es la pasión que ponemos. Esto es nuestra vida. No está para ganar dinero, sino que nos gusta”, haciendo hincapié que “además del judo, también queremos siempre enseñar otros valores a los niños”.

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