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Una jugadora diferente sobre el terreno de juego, de esas que levantan a los aficionados de sus asientos con las manos sobre la cabeza, pensando en lo que acaban de presenciar. La protagonista de esta entrega de Ateneas ha estado, desde siempre, tocada por la varita del talento, ese don tan escaso, pero tan necesario en el mundo del fútbol. Ya desde muy joven, los ojeadores de la selección española pusieron los ojos en ella, y no tardó en demostrar el por qué, viviendo un momento mágico en unas semifinales de todo un campeonato europeo que quedará grabado en las retinas de los espectadores durante muchos años más.

La que fue su casa durante gran parte de su infancia, el Don Bosco C. F., es el contexto ideal para conocer a una de las mayores promesas del fútbol femenino cordobés de los últimos años. Natalia Montilla (Córdoba, 1998) ha estado, desde siempre, ligada al mundo del fútbol. Y no es para menos, ya que literalmente, la pasión por el deporte recorre sus venas. Su padre, Francisco Montilla, mejor conocido como Totó, ha sido uno de los grandes nombres del fútbol sala cordobés, habiendo jugado en dos de los clubes más laureados de la provincia: el Aquasierra y el Cajasur. Pero el que realmente la llevó a dar el paso fue su hermano, también jugador en el Don Bosco, al que Natalia siempre acompañaba en sus entrenamientos. “Yo siempre venía, cogía una pelota, y me ponía sola a pegarle a puerta”, comenta Montilla en su entrevista a CORDÓPOLIS. No tardaría mucho en llamar la atención de Antonio, integrante del club, que animó a Totó a que apuntase a su hija en el equipo. Poco a poco fue cogiendo experiencia y minutos, descubriendo así que el fútbol sería el deporte de sus sueños. “Era el deporte que me gustaba, que me daba ilusión, y el deporte por el que cada día quería luchar”, recuerda la joven futbolista, que a día de hoy aún sigue persiguiendo su sueño. 

Una jugadora diferente desde los inicios

Lo cierto es que Natalia siempre ha tenido claro que los pilares de su triunfo serían el trabajo duro, el esfuerzo y la ilusión. Desde los primeros años, la cordobesa ha entregado prácticamente su vida al fútbol, llegando incluso a disputar varios partidos en el mismo fin de semana, compaginando el equipo masculino con el femenino. Llegó, en su momento, a intentarlo con el atletismo, y más tarde haría lo propio también con el fútbol sala, pero el fútbol ha tenido siempre ese algo que ha llamado, una y otra vez, a las puertas de la vida de Montilla. Y gran parte de culpa la tiene también su familia, ya que para ella “han sido un apoyo increíble porque han estado ahí desde el primer momento en el que yo dije que quería dedicarme al fútbol”. Destaca, sobre todo, los largos viajes que han tenido juntos, en los que su tía, incluso embarazada, acudía a verla semana tras semana. “Se agradece tener una familia que te apoye y que quiere que juegues al fútbol”, reconoce, y sobre todo en esos momentos más duros, en los que incluso la opción de dejar el deporte ha llegado a pasar por la cabeza de Natalia. “Mi familia, al final, sabe que no lo haría, pero son un apoyo bastante grande, por lo que se lo agradezco, y lo agradeceré siempre”, afirma.

Además del trabajo diario, el talento ha sido innato desde siempre en la jugadora cordobesa. Pese a ser la única chica dentro del equipo en esos primeros años, ella misma recuerda cómo sus compañeros la trataban “súper bien”, ya que para ellos “era una más”. Además, disfrutaba con cada entrenamiento que hacía, disfrutaba del deporte que siempre había amado, por lo que no podía pedir más. Cierto es que el fútbol femenino, desde entonces, ha cambiado mucho. Ha sido un cambio relativamente reciente, pero, desde luego, un cambio a mejor, buscando profesionalizar la figura femenina en el deporte. “Cuando yo comencé a jugar había muy pocas chicas”, recuerda Montilla. Y, aunque también reconoce que “el fútbol femenino está creciendo”, no puede dejar de pensar en que “aún queda muchísimo”, además de recordar que el trabajo de las propias futbolistas será fundamental para ello ya que, para ella, “lo primero es que tenemos que crecer también las mujeres, y saber que hay que ser profesionales”. Poco a poco se va viendo, el nivel va aumentando, y la propia Natalia reconoce que “a pesar de llevar varios años en la Reto Iberdrola, cada vez noto más la diferencia de temporada a temporada”.

Su trabajo diario pronto comenzó a dar sus frutos, aunque ella ni tan siquiera los esperase. A las recurrentes llamadas de la selección cordobesa y andaluza siguieron, para su sorpresa, las de la selección española, en categoría sub-16. De hecho, se enteró después de que un amigo la felicitase por algo que ni ella sabía, comenta entre risas. Pese a que sus experiencias con la selección provincial y la autonómica fueron “también muy bonitas”, lo cierto es que “lo que se vive con la selección española es totalmente diferente”. Y lo es por muchas cosas, entre las que destaca, por ejemplo, las convivencias. Además, para ella era un orgullo representar a su equipo en ese momento, el Naranjo, y posicionarlo en las convocatorias junto con grandes transatlánticos del fútbol como el FC Barcelona o el Atlético de Madrid.

Antes del Naranjo, sin embargo, también tuvo una etapa en el Palomera Naranjo, donde compaginaba aún el fútbol masculino con el femenino. Muchas veces disputaba dos partidos en semana, uno con cada equipo, pero ya comenzaba a destacar. Ahí llegaron las primeras llamadas de la selección nacional, primero para algunas concentraciones, y más adelante para todo un torneo europeo. “Yo sinceramente pensaba que, a mí, no me iban a llamar”, reconoce Montilla, aunque “ya, cuando te llaman convocatoria tras convocatoria, comencé a pensar en que quizás estaba equivocada, y mis expectativas fueron cambiando porque yo veía que podía estar dentro”. A partir de ese punto, su mete hizo clic, y, en cada citación, ella se exigía más y más, hasta llegar, finalmente, al europeo.

Tocando el cielo en Islandia

La selección española sub-17 viajaba hacia Reikiavik con la intención de recoger el galardón continental, y Natalia Montilla fue una de las piezas clave en ese combinado nacional. Titular en prácticamente todos los partidos, la cordobesa alcanzó su momento de gloria justo en el instante más preciso. Tan solo restaba un minuto de tiempo en el marcador de la semifinal que enfrentaba a España contra Francia, y Natalia se sacó de la chistera un potente derechazo que superó a la portera gala y colocaba así el empate a uno en el marcador, para delirio de los presentes. “Realmente no me creía lo que estaba viviendo”, recuerda con una sonrisa. El empate llevó el partido a los penaltis, y Natalia no falló desde los once metros, logrando el pase a la gran final. Allí, pasaron por encima de Suiza para lograr la medalla de oro, coronando a España y a Natalia Montilla como reinas de Europa en categoría sub-17.

Como no podía ser de otra forma, su familia pasó fugazmente por su mente en el momento álgido. También hubo mucho apoyo externo, e incluso recibieron con pancartas a la cordobesa en su llegada a la capital. Estaba en uno de sus grandes momentos, aunque el fútbol no tardaría en serle esquivo, demostrando lo duro que es en ciertas ocasiones el deporte. Fue en Sevilla, en su siguiente año, donde dio un gran paso al unirse a las filas del equipo hispalense. Sin embargo, tal y como decía su padre, Natalia Montilla fue “un poco como Jesús Navas, porque no era capaz de salir de casa”. Optó por trasladarse día a día hasta la capital andaluza, compaginándolo así con las clases por la mañana. “Fue un año complicado por eso, porque al final, la verdad es que tuve la suerte de jugar, pero sé que pude haber dado mucho más”, admite. En el vídeo de presentación afirma que, a su yo más joven le diría que aprovechase las oportunidades, y lo rescata aquí reconociendo que a día de hoy, se arrepiente muchísimo “de haberme venido del Sevilla FC”.

Tras su paso por el equipo blanquirrojo, Natalia volvió de nuevo a las filas del Naranjo, donde defendió la camiseta del conjunto cordobés durante dos temporadas más. Las convocatorias de la selección siguieron sucediéndose, repitiendo en categorías sub-18 y sub-19. A la edad de 18 años, llegó uno de los retos más curiosos de su carrera, que demuestra también la calidad que atesora en sus botas la futbolista. Natalia Montilla se unía a las filas del Itea Córdoba CF Futsal, dando el paso así al fútbol sala. Sería un paso breve, de tan solo seis meses, pero muy fructífero en términos goleadores: promediaría 3,8 goles por partido, anotando 19 tantos en tan solo cinco encuentros. “Fue un año, por así decirlo, que me gustó, pero a la vez no, porque a mí lo que me gusta es la exigencia”, afirma. Y es que la superioridad que demostró sobre el 40x20 terminó por no convencer a Montilla, que prefiere “ganar en un partido ajustado por 2-1, marcando en el último minuto, que hacerlo por 9-1 con muchos goles míos”. “Por eso, realmente, no llegué a disfrutar como realmente quería”, sentencia.

Su estancia en el CD Pozoalbense, una montaña rusa de emociones

Tras la breve experiencia en el fútbol sala, tocaba volver de nuevo al césped. Natalia encontraría acomodo en el CD Pozoalbense, en la Segunda División, siendo este uno de los tres equipos provinciales que ocuparían plaza en la categoría de plata femenina. Manuel Fernández, por entonces entrenador en el club con origen en Pozoblanco, apostó por ella, y Natalia se lo devolvió en forma de buen juego y goles. “Es una persona increíble, a la que quiero muchísimo y, de hecho, a día de hoy sigo teniendo relación con él”, destaca. Culminarían esa primera temporada en quinta posición, demostrando un buen juego que se prolongaría hasta el año siguiente, donde cerraron un buen séptimo lugar. El momento cumbre con la elástica albiazul llegaría en la campaña 2020-21, marcada en parte por la irrupción de la Covid-19. El Pozoalbense lograría terminar la primera fase de la temporada en primer lugar de su subgrupo, dando así acceso al club a la batalla por la promoción a Liga Iberdrola. Sin embargo, no se pudo mantener el bue estado de forma, y finalmente el club cordobés se quedaría sin la recompensa de poder llegar a Primera División.

Durante el verano de 2021, la continuidad de Natalia Montilla en el club de Pozoblanco estaba en duda. De hecho, la jugadora incluso se despidió del equipo, al contar con varias ofertas sobre la mesa para seguir progresando en su trayectoria deportiva. El Córdoba CF Femenino, Santa Teresa o Alhama eran algunas de esas ofertas, aunque finalmente Montilla se decantaría por permanecer en el Pozoalbense tras la insistencia de Ariel Montenegro, técnico albiazul, y tras valorar “los tres años que había tenido”. “Cuando tomas una decisión, lo haces con todas las consecuencias, pero realmente no sabes si estas van a ser buenas o malas. Este año no están saliendo las cosas bien, así que hay que seguir para adelante”, recapacita la jugadora cordobesa.

Los malos resultados acarreados por el equipo durante la primera vuelta han llevado a la destitución de Montenegro al frente de la plantilla, dando así paso a Antonio Serrano. Sobre Ariel, Montilla solo tiene buenas palabras, afirmando que “es una pedazo de persona, tanto a nivel personal como a nivel profesional. Si me tengo que quedar con algo positivo, es con lo que realmente estaba aprendiendo con él, y con el rendimiento que me estaba sacando”, afirma la futbolista. Sin embargo, pronto llegó una destitución con la que Montilla no está de acuerdo, pero que respeta. “Lo que haga, lo voy a demostrar en el campo”, anuncia, y añade que “habrá entrenadores a los que les guste, y habrá otros a los que no. Es lo que puede pasar en el fútbol”. “Creo que es de los años más difíciles que he tenido porque cuando los resultados no acompañan es complicado, pero no queda otra que seguir”, reafirma, dejando así claro que no se rendirá en su objetivo de llegar a la Liga Iberdrola.

Lo cierto es que, pese al mal momento general del equipo, el estado de forma individual de Montilla sigue siendo digno de admirar. Con ocho tantos en su haber, la jugadora cordobesa atesora nada más y nada menos que la mitad del total de goles anotados por el Pozoalbense en esta temporada regular. “Si en el equipo no están saliendo las cosas, mi objetivo es ir cada día a entrenar”, comenta. Además, es consciente de la importancia de la mente en el deporte, ya que, tal y como ella reconoce, “cuando, a lo mejor, no tenga un buen día, que este año, como he comentado antes, me está costando mucho, tengo que saber que si quiero llegar a un Primera División es lo que hay que hacer, seguir trabajando”.

La mente y la motivación, claves para seguir persiguiendo su objetivo de llegar a la Liga Iberdrola

Pese a todo, Natalia Montilla tuvo oportunidades durante este año de llegar a Primera División. Hubo ofertas, pero rechazó, por ahora, cumplir su sueño, ya que “hay que entender al club. Estamos pasando este año por un momento complicado, porque los resultados no están saliendo. Tengo un contrato con ellos, sé que tengo que cumplirlo, y tengo que pensar que cada día sirve para intentar llegar a ese objetivo de estar en Liga Iberdrola”. Ese es, según ella, el verdadero salto complicado en el fútbol. Y la ambición no queda ahí, ya que, con su calidad, no cabe duda de que podrá incluso volver a llamar a las puertas de la selección, aunque esta vez de la absoluta.

En el plano personal, Natalia se centra ahora, aparte de en el fútbol, en sus estudios. Se encuentra cursando un grado de nutrición y deporte, encontrando ahí también un alivio que le sirve para seguir afrontando el día a día. “Me gusta hacer mis dietas todos los días e ir al gimnasio”, afirma. Además, esto le sirve para mejorar su rendimiento sobre el terreno de juego, porque, como ha mencionado ya en alguna ocasión, “hay que ser profesional”. Además, quiere que esto le sirva para un futuro, ya que es también a lo que quiere dedicarse. “Me gusta ayudar a la gente, y sé que eso es un trabajo en el que vas a poder ayudar a las personas. También hay que tener la cabeza bien, porque para cuidarse es importante estar preparado”, afirma, poniendo como ejemplo las veces en las que ella sale a comer con su familia, donde se lleva su propia comida para seguir cuidando así su alimentación.

Por otro lado, las metas a nivel profesional se centran, sobre todo, en el estado mental. “Intentar mejorar el estado de ánimo”, concisa. Y es que, a veces, el fútbol puede ser muy duro para los jugadores. “Si sigo encontrando esa ilusión que antes tenía, intentar estar en un Primera División. Al final tengo que buscar mi felicidad, y si mi felicidad es dejarlo y dedicarme a la nutrición y el deporte, lo haré”, reconoce. Y es que, los resultados cosechados este año están haciendo mella en el ánimo de una de las mejores jugadoras jóvenes de Córdoba. “En el fútbol, al final, la cabeza es súper importante. Y a nivel de ánimo, creo que no estoy lo suficientemente ilusionada como sí he podido estarlo en otros años”, confiesa Montilla. Ante la pregunta de si puede ser ocasionado por los resultados, lo cierto es que no tiene una respuesta, ya que también reconoce que “quizás, ahora entramos en una dinámica positiva, los resultados acompañan y mis ánimos cambian. En el fútbol siempre va a haber años buenos y años malos, y hay que estar preparada para lo que venga”.

Tal y como ha reconocido, en alguna ocasión se le ha pasado por la cabeza la idea de dejar el fútbol. “Ha habido algún momento en el que he estado tan mal que he dicho que sí”, precisa. Sin embargo, ella es consciente de que si ve un balón y se ve a sí misma en la grada y no en el terreno de juego, no sería capaz de creérselo. Además, su familia lo sabe, y está siempre ahí para apoyarla en esos malos momentos. Por lo tanto, ahora lo que toca es lograr superar el bache de este año, e intentar pelear por la salvación con un Pozoalbense que, pese a todo, tampoco se encuentra tan lejos de la misma. Será clave el aspecto psicológico. Se pone a ella misma de ejemplo, con su gol en el último minuto de la semifinal del europeo para ello. “En un partido, tienes que ser consciente de que, si te marcan en el minuto cinco, tienes ochenta y cinco minutos por delante para remontar. Y si lo hacen en el ochenta y cinco, tengo el claro ejemplo del gol que marqué yo contra Francia”, recuerda. Y es que, luchar por los objetivos a veces no es fácil. Siempre se van a presentar obstáculos, impedimentos, y también habrá momentos de gloria y de ilusión. La clave está en poner en una balanza las cosas positivas y negativas. Y está claro que, en la balanza de Natalia Montilla, la calidad, el desparpajo, el compromiso y la ilusión acabarán por decantar el empate y marcar así el rumbo hacia Primera División.

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