Córdoba CF - Real Zaragoza
Una previa a lo 'retro': trascendental contienda entre el Córdoba y el Zaragoza
La noche sabatina se vestirá de riguroso blanco y verde para acoger una contienda de alto voltaje en los graderíos de El Arcángel, sumándose así a la loable iniciativa de la jornada retro que impera en la competición. Al filo de las nueve de la noche, cuando el respetable ocupe sus localidades bajo los focos del coliseo ribereño, el trencilla murciano, el señor Lax Franco, dará el pitido inicial a un choque que se antoja a vida o muerte. El rectángulo de juego será testigo mudo del enconado duelo entre el Córdoba, ansioso por certificar su permanencia en la categoría de plata, y un Zaragoza herido en su orgullo que asoma por la ciudad califal con el agua al cuello y la urgencia ineludible de sumar los puntos en liza para escapar de las catacumbas de la tabla.
Llega la escuadra blanquiverde a la cita con el temple recobrado y el sosiego que otorga la reciente y balsámica victoria lograda en tierras gaditanas, un sonado triunfo que sirvió para espantar los fantasmas tras una aciaga racha de infortunios. Los pupilos de Iván Ania, instalados en una insulsa duodécima plaza con cuarenta y cinco puntos, saltarán al campo con la imperiosa misión de amarrar un botín que elevaría su casillero a los definitivos cuarenta y ocho, sellando de manera virtual su continuidad en la lid profesional. Para tan magna empresa, el conjunto local confía en recuperar el aspecto triunfal ante su parroquia, brindando una alegría a unos incondicionales que no paladean las mieles de la victoria en su propio coliseo desde el pasado mes de febrero.
No lo tendrá fácil el estratega asturiano, Iván Ania, para confeccionar su once de gala, pues la enfermería local se encuentra atestada de efectivos y hasta ocho hombres de la casa causarán baja forzosa. A los castigados por la federación, Jacobo y Sergi Guardiola, se unen convalecientes de diversa índole como el arquero Carlos Marín, Trilli, Xavi Sintes, Fomeyen, Juan María y el infortunado Adilson. Ante tan desolador panorama, el peso de la contienda recaerá sobre las espaldas de estiletes como el veloz Kevin Medina, cuyas galopadas por el flanco izquierdo se presumen letales, o el incombustible Carracedo, siempre presto a servir balones medidos al área, todo ello escudado por la contundencia en la zaga del renacido Vilarrasa y el cerrojo de Rubén Alves.
Por su parte, la expedición maña desembarca en nuestra ciudad envuelta en un clima de urgencia absoluta y con el fango del descenso manchando sus botas. El histórico conjunto aragonés, antaño dominador de grandes plazas, transita por la decimonovena posición y llega tras sufrir un severo varapalo ante su público frente al farolillo rojo, el Mirandés, un revés que frenó en seco la encomiable resurrección iniciada por su tercer técnico del curso, don David Navarro. Los forasteros son plenamente conscientes de que el margen de error se ha esfumado por completo, por lo que se espera que planteen una batalla sin cuartel, poblando la parcela ancha y derrochando sudor en cada palmo del terreno si no quieren verse abocados al fatídico pozo de la categoría de bronce.
Para mayor infortunio de la escuadra visitante, el destino se ha cebado con sus filas en forma de dolencias físicas, privando al respetable de ver en liza a su principal figura y faro ofensivo, Rober González, así como al aguerrido centrocampista Keidi Bare, ambos lastrados por problemas musculares de ultimísima hora. A tan sensibles ausencias se suman las del capitán Francho Serrano, Raúl Guti, Tachi, Paul y Valery, dejando la sala de máquinas forastera cogida con alfileres. Con todo, la zaga blanquiverde hará bien en no fiarse y deberá atar en corto a la dupla de vanguardia formada por Kenan Kodro y Dani Gómez, temibles arietes que, a buen seguro, aguardarán agazapados cualquier descuido de nuestro cancerbero Iker Álvarez para asestar el golpe de gracia.
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