El Córdoba CF perdona la vida al CD Mirandés y alarga su propio calvario
El fútbol puede ser extremadamente cruel cuando la mente está bloqueada y atenazada por la necesidad. El Córdoba Club de Fútbol sumó un agridulce empate (2-2) frente al CD Mirandés en El Arcángel, rompiendo su histórica racha de seis derrotas consecutivas, pero marchándose con una profunda sensación de fracaso. El conjunto dirigido por Iván Ania llegó a gozar de una ventaja de dos goles nada más arrancar la segunda mitad, pero sus propios fantasmas defensivos y el miedo a ganar terminaron por regalar un punto a un rival directo. Un quiero y no puedo constante que refleja la inmensa falta de confianza de un vestuario que, pese a intentarlo hasta el último suspiro e, incluso, toparse con la madera en varias , sigue sin encontrar la solidez necesaria para cerrar los encuentros.
El duelo arrancó con cambios en el once de Ania, con la reaparición destacada de un Rubén Alves inédito desde el mes de diciembre. El graderío blanquiverde, enrarecido -como es lógico- por la racha del equipo, se debatía entre pitos y aplausos. Y más aún cuando en los primeros compases del duelo, antes del minuto cinco de partido, el CD Mirandés estrellaba su primera ocasión del partido contra el larguero. Era el propio Isma Ruiz, tras un córner para los jabatos, el que estrellaba el esférico contra la madera en su intento de despeje, en una jugada embarullada que también exigió lo máximo de Iker Álvarez. Era el primer aviso de los visitantes, que, sin embargo, pronto acabarían colocándose por detrás en el marcador.
Y es que justo antes del cuarto de hora, a raiz de un balón parado, el Córdoba CF lograba, al fin, volver a ponerse por delante en el marcador de un partido. El centro de córner al primer palo salía repelido a la frontal, y ahí aparecía Diego Bri con un tiro inapelable y cruzado para hacer el 1-0 y hacer estallar de júbilo a El Arcángel. Un disparo con toda la fuerza del cordobesismo. El gol le dio alas a un Córdoba que comenzó a acumular jugadas de peligro: un centro pasado de Bri que devolvía Carracedo pero que Pedro Ortiz mandaba a las nubes; una gran jugada de Carracedo que Jacobo no alcanzaba a rematar con claridad y, sobre todo, un jugadón maradoniano de Diego Bri, con 'cañito' incluido, que acababa con un disparo con la diestra y una gran mano de Juan Palomares. El Córdoba comenzaba a gustarse.
Pero el peso de la racha de derrotas cayó como una losa, pesada y difícil de digerir. El paso de los minutos hizo que los riesgos de los califas fueran a menos, atenazados por el miedo al empate, y el Mirandés, ahí, se creció. Carlos Fernández, a la media hora, tuvo el empate en sus botas tras un fallo en la entrega de Dalisson en la medular, pero el delantero sevillano la mandaba fuera ante Iker Álvarez. La ocasión -muy clara- despertó a los de Antxón Muneta, que también probaron suerte poco después con un disparo lejano de Javi Hernández. El partido se abría, pero el miedo impedía la fluidez del juego de ambos conjuntos. Y así, con ese miedo, pero con cierto dominio blanquiverde, la primera parte llegó a su fin: con otra ocasión de Diego Bri tras centro de Jacobo, y un doble intento de Dalisson desde la frontal que acabó en nada. 1-0 y mucho que sufrir para los blanquiverdes aún.
Pero la reanudación no pudo ser más idílica para los intereses califas, dibujando un escenario de aparente tranquilidad que pronto saltaría por los aires. Apenas había transcurrido un minuto desde el pitido arbitral cuando la pizarra de Iván Ania dio sus frutos mediante una gran presión alta; Rubén Alves robó la cartera aprovechando un fallo en el pase de Carlos Fernández y filtró un balón perfecto para Adri Fuentes, quien, ante la salida de Juan Palomares, la colocó de maravilla abajo para firmar el 2-0. Parecía el tanto de la sentencia, pero siempre hay espacio para más en el Córdoba. La alegría duró un suspiro y los fantasmas regresaron de golpe a El Arcángel. En el minuto 53, el colegiado señaló la pena máxima por un agarrón de Sintes sobre Unax del Cura dentro del área, permitiendo que Carlos Fernández se redimiera de su error anterior clavando el esférico en la escuadra desde los 11 metros para apretar el marcador.
El tanto visitante hizo temblar las piernas de un Córdoba que revivió sus peores pesadillas en un lapso de 10 minutos de auténtico pánico. El Mirandés olió la sangre y en el minuto 62 logró igualar la contienda en una acción donde Unax le ganó la partida a Sintes y sirvió un pase raso al segundo palo para que, de nuevo, Carlos Fernández empujara a placer el empate a dos. La zozobra era tal que la grada estalló en pitos cuando al cuadro rojillo le anularon la remontada por un fuera de juego apenas instantes después. Viendo el abismo de cerca, los blanquiverdes tiraron de casta para buscar una reacción a la desesperada: Adri Fuentes avisó con un remate alto a trompicones, Dalisson rozó la escuadra desde la frontal y, sobre todo, Goti perdonó el tercero estrellando el balón contra el larguero tras una gran internada de Adilson, topándose el propio Goti con los guantes de Palomares en un disparo posterior.
El último cuarto de hora fue agónico para califas y jabatos. El cuadro blanquiverde se volcó por completo en busca del 3-2, y lo intentó de todas las maneras: centros, contras, disparos lejanos... Nada valió. Théo la tuvo en su cabeza en el 85, pero el final del partido, entre decepción y pérdidas de tiempo del Mirandés, acabó con una noticia aún más negativa para los blanquiverdes. Adilson, que había ingresado al tererno de juego unos minutos antes -y con gran peligro- se tenía que retirar del terreno de juego adolecido, de nuevo, por su rodilla. Entraba Kevin Medina, que rozó el 3-2 en el 95 con otro disparo al palo, pero el 2-2 no se movio del marcador. La decepción seguía, una vez más, en El Arcángel.
Reparto de puntos que alarga la zozobra en la ribera del Guadalquivir. Aunque el resultado sirve para taponar mínimamente la herida de las 6 derrotas consecutivas y elevar la cuenta hasta los 42 puntos en la clasificación, la forma en la que se dilapidó una renta de dos goles evidencia una fragilidad mental muy preocupante. El Córdoba CF demostró en varias fases del choque tener fútbol y pegada para superar a su rival -recordemos, colista-, pero también confirmó que su mayor enemigo actual es su propia mente. Toca seguir sufriendo y buscando el camino para afrontar un tramo final de campeonato donde la permanencia exigirá mucha más entereza psicológica.
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