Cara a cara | Javi Ávila: “Mi sueño es llegar a la ACB”

Cara a cara con Javi Ávila

Crecer con un balón bajo el brazo, tal y como ha relatado él mismo. Es muy complicado para una persona que su hobbie acabe siendo protagonista en su vida e incluso sea su trabajo para un futuro a medio o largo plazo. De hecho, en distintas disciplinas es muy difícil que esto suceda, aunque compitas a un alto nivel, por lo que se debe compaginar con otro oficio, como es el caso del próximo protagonista.

Javier Ávila Zurita tiene al baloncesto como forma de vida, ya sea con el balón en las manos o con el silbato al cuello, y este segundo camino ha sido el elegido por el cordobés y con lo que más está destacando. A pesar de tener una corta edad -26 años, siendo preciso-, el colegiado califal ya ha pitado la Supercopa Femenina, la Liga Femenina -máxima categoría estatal- e incluso en LEB Oro. Un auténtico experimentado en esta disciplina y que la compagina con su oficio de médico en Málaga. Aun así, Ávila ha atendido a CORDÓPOLIS con la ilusión como protagonista, aunque con los pies en el suelo, sabiendo que solo el trabajo y la constancia le permitirán escalar puestos en su profesión.

PREGUNTA. Estamos a las puertas de la que fue tu casa, en el Colegio El Carmen. Imagino que te traerá buenos recuerdos.

RESPUESTA. Sí, sí, por supuesto. Yo vivo aquí a dos minutos. Al final, desde que nací hasta prácticamente hace un año que me fui para Málaga, mi vida ha sido aquí. Colegio y baloncesto han sido aquí el 99% y existe mucho sentimiento cada vez que paso por aquí.

P. Entiendo que el baloncesto lo empezaste aquí en El Carmen.

R. Sí. Al final siempre he estado vinculado al baloncesto porque mi hermano también empezó a jugar desde chico y yo, al final, con 5 años ya estaba con una pelota en las manos y prácticamente hasta que me he ido a Málaga e incluso he compatibilizado tanto el arbitraje como jugar un poquito a menor nivel, evidentemente, pero el baloncesto siempre ha estado en mi vida

P. ¿Por qué el baloncesto y no otro deporte?

R. La verdad es que no sabría decirte porque a mis padres no les gusta el baloncesto. Yo creo que al final por cercanía. Mi colegio es El Carmen, un colegio donde ha habido mucha historia de deporte y en concreto el baloncesto y mis mejores amigos son del baloncesto. Al final por cercanía, yo creo que es lo que ha tocado y aquí estamos.

P. Has dicho que empezaste a jugar y que hubo una época en la que ya decidiste que te llamaba la atención ser árbitro.

R. Al final aquí había partidos amistosos de todas las categorías y siempre me cogían a mí para pitarlos. Hasta que llegó un hombre y me dijo: oye, mira, puedes hacer lo mismo, pero cobrando. Ahí fue cuando dije: hombre, tiene sentido. Entonces pues nada, a la semana siguiente me dieron un silbato, una camiseta y me puse a pitar. No fue dejar de jugar para arbitrar, lo compatibilicé siempre. Evidentemente llegó un momento en el que ya tuve que decidir pues dejar el baloncesto a un segundo plano, jugar, pero ya de manera más amateur o como hobby y dedicarme al arbitraje.

P. ¿A qué nivel de baloncesto llegaste a jugar?

R. En Liga Nacional aquí en El Carmen y ya cuando tenía opciones de ascender como árbitro a Liga Nacional me dieron a elegir entre jugar o arbitrar, pero no podía estar en la misma categoría. Y ya dije pues mira, pues como árbitro tengo algo más de margen.

P. Estás viviendo en Málaga en la actualidad y ejerciendo en un trabajo distinto al relacionado con el baloncesto.

R. Yo estudié la carrera de Medicina y como te comentaba antes, el MIR a corto plazo no quería hacerlo porque al final hacer una residencia con el tema de arbitraje si no es incompatible prácticamente lo es. Quería disfrutar del baloncesto unos añitos más y Málaga me dio la opción de poder compatibilizar gracias a un trabajo de lunes a viernes por la mañana. Me da mucha libertad para los fines de semana poder irme a Barcelona, a Galicia o cualquier sitio sin ningún tipo de guardia. Estoy muy contento porque puedo hacer las dos cosas.

P. En la actualidad estás arbitrando profesionalmente, pero, ¿cuándo te diste cuenta de que aquello podía pasar?

R. Nunca me lo había planteado, pero siempre me había gustado. Siempre he entendido de baloncesto porque lo he jugado. Entonces, la gente que me rodeaba me decía en un tono irónico o gracioso que podía ser el próximo Antonio Conde. La verdad que me gustaba, lo hacía bien y por suerte, poco a poco, año a año, pues he ido teniendo suerte, me han ido promocionando y me han seleccionado para campeonatos. Yo desde primera hora lo disfrutaba. Arbitré tres años en provincial, ascendí a nacional y estuve dos años. No hubo un momento en el que dijera que iba a convertirme en profesional porque eso no depende de mí. Depende de que lo hagas bien y de que se te presente la oportunidad. Nunca me he planteado un objetivo de llegar a tal categoría, simplemente seguir disfrutando de esto y lo que venga, pues llegará.

P. ¿A qué edad pitaste tu primer partido?

R. Mi primer partido lo pité con 16 años de manera oficial. A lo mejor con 12 o 13 años ya estaba pitando aquí a los benjamines, pero de manera oficial con la camiseta de la Federación Andaluza, con 16 años.

P. 11 años después has podido pitar la Supercopa Femenina, la Liga Femenina o la LEB Oro. A pesar de que ha pasado poco más de una década, tu crecimiento ha sido muy rápido.

R. Es brutal, pero aún sigo pitando categorías bajas. Cuando vengo aquí a Córdoba siempre intento pitar algo de la Liga Provincial porque lo disfruto y al igual que cuando yo empecé, iba con árbitros que pitaban Liga Nacional y Liga EBA y yo lo agradecía, pues entiendo que ahora los árbitros que vienen empezando agradecen que gente que tenemos ya una experiencia, arbitremos y les enseñemos. Ya te digo que ha sido cuestión de año a año y ascendiendo de categoría. He tenido la suerte de pitar Supercopa, la final de Liga Femenina Endesa el año pasado o semifinales de LEB Oro. Ahora mismo no soy consciente. Yo cada vez que salgo a la pista y veo esos pabellones míticos llenos como la Fonteta, el pabellón de Salamanca… no sabría decirlo. En equipos como el Breogán que está ahora en ACB y ver allí el pabellón lleno... es una locura. Todos los sacrificios que he hecho en lo personal me han compensado de manera brutal porque ver ese baloncesto a pie de pista es un sueño hecho realidad y casi que ni lo soñé porque parecía utópico.

P. Hablando de esos pabellones que están a rebosar, un árbitro como tú, que apenas tienes 26 años, ¿te imponen ese tipo de situaciones o eso se aprende en base de la experiencia de cada uno?

R. Desde chico siempre he sido una persona muy fría, muy paciente, muy poco visceral. Entonces, desde primera hora me he adaptado muy bien a estos ambientes en pabellones llenos y he sabido evadirme un poco, centrarme en la pista. Evidentemente no te resbala porque estás muy cerca, pero no he sentido nunca que me haya sobrepasado la situación. Sientes la presión, pero una vez lanzas el balón al aire solo hay baloncesto ahí, cinco contra cinco y suficiente tienes con lo que hay en la pista para fijarte en lo que hay fuera.

P. En el día a día, tú ejerces como médico y como profesional de este área, siendo este un tema de actualidad, ¿cómo maneja un árbitro o un jugador profesional la presión para que no pueda acarrear un problema de salud mental?

R. Si no eres capaz de saber llevar esa presión sobreañadida, ya no solo la externa del público, sino en categorías que ya tienen una repercusión mediática, son gente semiprofesional o profesional que se dedican a esto y su sueldo y su vida depende de esto. Entonces, al final, tratas con la comida de muchas personas y hay que saber llevarlo. Al final uno siendo consciente de que eres profesional, de que le dedicas todo tu esfuerzo, evidentemente hay que ser consciente de que te vas a equivocar, hay que saber llevar el error, saber que va a llegar y todo el mundo nos equivocamos. Entonces es muy importante el tema de la salud mental, pero ya te digo, yo siempre me he caracterizado por ser muy frío y saber separar mucho también lo que pasa dentro de la pista y no llevarme el trabajo a casa. Luego es inevitable cuando no te sale un buen partido y estas dos o tres días dándole vueltas. En ese sentido he sido capaz de saber separar el trabajo de mi vida personal y la verdad que muy bien.

P. Has hablado antes de que cuando vuelves a Córdoba pitas en categorías más bajas como la liga Provincial, también has mencionado a Antonio Conde. Tú ya has alcanzado unos niveles donde los más pequeños o los árbitros que están empezando se fijan en ti como referente, pero cuando tú empezaste, ¿quién era tu referente?

R. Evidentemente por categoría, pues Antonio Conde ha sido siempre el máximo exponente de nosotros, pero claro, al final ,por su obligación de liga ACB y de Euroliga, en Córdoba pues ha pitado poco con nosotros. Pues al final, quien he tenido más cerca, pues te diría que Pepe Sojo, un árbitro que pita en la liga Nacional y ya como jugador, era como el árbitro que entraba por la pista y decía: oye, pues hoy tenemos suerte porque nos pita Pepe. Cuando entré como árbitro fue mi mentor y yo quería arbitrar como él. Luego en Córdoba hay muy buenos árbitros como Jorge Muñoz o Juan de Dios Carmona. Si tuviera que decir uno, pues Pepe Sojo.

P. Entrando en el baloncesto cordobés, parece que ahora con el Milar Córdoba BF está surgiendo un nuevo potencial, pero aún ese germen que existe en todo el territorio no termina de explotar.

R. Córdoba siempre ha tenido ese germen y va a ser difícil que desaparezca porque hay mucho baloncesto en Córdoba pero muy disperso. Yo entiendo que todo el mundo quiera poner su sello y ahí está El Carmen, está Maristas, está el Ciudad de Córdoba… En los pueblos también hay mucho baloncesto como Cabra, Montilla, Peñarroya… Es la utopía de montar un equipo de baloncesto cordobés, pero siempre termina saliendo mal. Cada uno quiere poner su nombre, su sello y, al final, termina cada uno por su lado. Entonces, baloncesto en Córdoba creo que hay de sobra, pero el tema del ego de cada uno de los clubes, que cada uno tendrá su parte de razón y parte de culpa, hace que no termine de haber un equipo referente en el ámbito masculino porque no son capaces de unificar ese baloncesto cordobés. Tenemos mucha liga Nacional, tenemos un equipo en liga EBA, pero a corto o medio plazo no tiene pinta de que haya mucho margen de LEB Plata u Oro.

P. Básicamente esa unión la ha hecho el Milar Córdoba BF.

R. Efectivamente y así les va. Al final es un equipo referente en Liga Femenina 2 y le está saliendo muy bien porque los resultados están ahí. Dos equipos referentes en Córdoba como son Maristas y Adeba se han unido y con un par de jugadoras están haciendo muy bien las cosas. Entonces, yo creo que el día de mañana es lo que tiene que hacer el baloncesto masculino si quieren hacer ese papel o similar.

P. ¿Qué objetivos te marcas a corto plazo a nivel profesional?

R. Ya te digo que los objetivos que me marco son los que dependan de mí. Yo quiero seguir disfrutando como lo estoy haciendo, intentar que salgan bien las cosas y si tiene que llegar algo, llegará, pero por supuesto, yo ahora estoy pitando una segunda liga masculina y una primera división femenina y para mí ni lo había soñado. Entonces, seguir disfrutando de esto, de mi vida profesional también en el ámbito de medicina y vivir fin de semana a fin de semana. Voy a seguir trabajando para que salgan bien los partidos y que sigamos pudiendo arbitrar estos campeonatos, Supercopa o play off que al final es lo más vistoso. No me planteo un tema de ascenso porque como no depende de mí, no me lo pongo como objetivo porque al final causa frustración. Yo ahora disfruto, soy feliz en la categoría en la que estoy y seguir aquí para mí es un logro.

P. ¿Y un sueño?

R. Soñar es gratis, por lo que me encantaría pitar en ACB. Esta semana hemos podido arbitrar en entrenamientos de la selección española y ver ahí jugadores de nivel de Colom, Arostegui y estar con Sergio Scariolo es lo más grande. Mi sueño, entonces, es llegar a ACB. 

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