Francesc Miralles: “Cada vez hay más viejóvenes de 30 años sin el entusiasmo propio de su edad”

El periodista y escritor Francesc Miralles | MADERO CUBERO

Para el periodista y escritor Francesc Miralles (Barcelona, 1968), Japón es mucho más que un país. Es casi un amuleto y un espíritu que recorre mucha de la literatura que ha escrito este autor internacional -traducido a más de 50 idiomas- y bastante prolífico tanto en su faceta de narrador como en sus ensayos. Algunos han sido superventas y otros pioneros a la hora de explicar -e importar casi- conceptos como el Ikigai, el secreto nipón para una vida larga y feliz.

Su última novela, sin embargo, arranca cuando una vida joven se rompe de manera súbita y otra persona decide ocupar ese vacío. Sakura Love, novela de título murakamiano, es una obra juvenil que devuelve a Miralles a Japón y que encierra en sus páginas un guiño a Córdoba en la voz de El Herrador, un personaje que el autor ha basado en el periodista y escritor cordobés Gabriel Núñez, de quien toma prestados fragmentos de un libro inédito.

Un cordobés que “da para muchos libros”, explica Miralles a este periódico, no se sabe si con Núñez al lado, pues ha sido el periodista el encargado de introducir Sakura Love a los lectores que se han acercado a La República de las Letras a conocer un poco mejor al escritor barcelonés.

PREGUNTA. ¿Me puedes confirmar que Sakura Love no es una novela escrita por Murakami con pseudónimo?

RESPUESTA. (Se ríe) No. Es una novela juvenil. Creo que Murakami no ha escrito ninguna novela juvenil. Bueno, es juvenil en el sentido de que el protagonista es juvenil, tiene 18 años, y realiza un viaje por Japón en un tren y conoce a una chica excéntrica. Pero es también una novela existencial, sobre el sentido de la vida.

P. ¿Cuál sería el Ikigai de los protagonistas de esta novela? Partiendo de la base de que, en este caso, el viaje que inicia lo hace suplantando a otra persona.

R. A ver, los viajes, sobre todo cuando es el primero, siempre tienen algo de iniciático. De viaje exterior que a la vez es viaje interior. O que, a la vez que te vas lejos de tu zona de confort, ves tu vida desde lejos y comprendes mucho mejor lo que tú eres. Sobre todo cuando viajas solo, que te tienes que ir enfrentando a las dificultades que surgen, relacionándote con gente, siempre en movimiento... Eso. Normalmente estamos más anestesiados con las pantallas, las redes sociales, la gente de nuestro entorno, el mundo conocido. En el momento en que sales de todo eso y te encuentras en un país muy diferente, en el que no entiendes el idioma, pues conoces mejor quién eres tú, tus debilidades, tus limitaciones, tus fortalezas.

P. Ahora quizá no tanto. Antes cuando uno viajaba fuera de su país sí que desconectaba más, sobre todo porque prácticamente el teléfono era inservible fuera. Ahora puede que se haya perdido esa parte de desconexión casi forzosa.

R. Depende de dónde vayas. A ver, si vas a Cuba sí. Yo fui no hace mucho y sí que existe internet, pero existe durante quince minutos o media hora, comprando una tarjetita rasca-rasca. La mayor parte del tiempo estás totalmente desconectado. En el caso de Sakura Love, sí que el protagonista está totalmente desconectado por voluntad propia. Ese sería el espíritu de un viaje. No tiene mucho sentido ir de viaje a un lugar y estar todo el rato en Whatsapp o en Facebook o retransmitiendo lo que estás haciendo. La esencia del viaje es olvidarte de lo que es tu mundo para volver con una visión diferente.

P. Claro, lo que ocurre es que vivimos una época de simulación de vivencia, más que de vivencia en sí.

R. Exacto. Estamos en una era en la que parece ser que estar interconectado a todas horas es una necesidad vital. Con lo cual, una persona que se olvida el teléfono parece que va desnudo. Te sientes como muy vulnerable. Todo esto es muy interesante y yo creo que el espíritu de un viaje genuino es dejar todo eso y, como mucho, usar el teléfono como cámara.

P. Aunque no es tu primera novela infantil o juvenil, no sé si escribir este género de alguna manera te rejuvenece como autor.

R. Sí, he escrito muchas novelas juveniles. Y las escribo del mismo modo que cualquier novela de adultos. No hago ningún cambio en cuanto a la manera de tratar el argumento. Lo que sí cambia es la manera de acercarme al personaje. En este caso es un personaje de 18 años. A mí siempre me han gustado. Más que rejuvenecerme, me siento muy cercano a esa edad, porque una persona en su adolescencia tiene aún toda la vida llena de posibilidades. Mientras que hay personas que a los 50 o a los 40, o más tarde, sienten que ya tienen muy pocas opciones vitales. Cuando no es verdad, porque luego vemos personas que están dando la vuelta al mundo con 60 y 70 años y que son capaces de cambiar de vida de manera radical. Pero es verdad que siempre me han gustado los protagonistas jóvenes por esa capacidad que tienen de sorprenderse, de experimentar, de cambiar de opción. Porque no tienen la rigidez de muchas personas adultas.

P. No recuerdo quién fue el filósofo que dijo que la tragedia de estos tiempos es que los jóvenes están empezando a volverse cínicos o escépticos con 30 años, en vez de esperar a los 40 o a los 50, como ocurría antes.

R. Quizá porque manejamos demasiada información. Una persona normal, tenga 30 o 40 años, está totalmente expuesta a mucha información negativa a través de las redes, a través de los medios... De muchas maneras. Y esto da una visión pesimista del mundo donde lo que impera es la violencia, ya sea física o verbal, donde hay unos enfrentados a otros, donde no hay un futuro fuera de lo que te muestran los medios. Entonces, sí, cada vez hay más viejóvenes de 30 años sin el entusiasmo propio de su edad, sin ese entusiasmo propio de la persona que quiere cambiar el mundo. Yo ahora veo mucho conformismo. Se ha perdido el espíritu juvenil revolucionario que había existido en la época de los hippies o en la época del punk.

P. Bueno, ahora justo estamos viendo cómo muchos jóvenes se están levantando, algunos de ellos en tu ciudad, otros muchos en Chile, Hong Kong... Quizá esto está cambiando.

R. Los motivos son diferentes. Aunque parezca un disparate, hay una influencia de la película Joker en todo esto.

P. Yo lo percibo también.

R. Esta película, que es una obra de arte, es una reflexión sobre la sociedad actual. Y hay quien se lo toma al pie de la letra. Es lo que sucedió con La Naranja Mecánica, que llegó a estar prohibida en Gran Bretaña porque había gente que emulaba a los protagonistas sin saber el porqué. Aquí sí que puede haber un efecto llamada y gente que quiere protestar de diferentes modos, toma eso como ejemplo y sale. Pero bueno, son oleadas. Y las vamos a ver más y por diferentes motivos. Pero también creo que es algo que viene del aburrimiento. De ver que es todo muy previsible, que tu entorno es muy inmovilista, que no vas a salir de ahí. Esto hace que chicos jóvenes que quizá no tienen claro su futuro se apunten a estas cosas. Porque viene gente de todo el mundo. Aquí hay gente que viene de Grecia, de Francia o Alemania. Son fenómenos que quizá entendamos de aquí a unos años.

P. Quizá sea un buen escenario para una novela en el futuro.

R. Sí, para quien quiera ponerse en la piel de estos personajes sería un buen escenario.

P. El proceso de escritura cuando haces un libro de superación personal o un ensayo es totalmente distinto.

R. Sí, totalmente. Muchos de los que he escrito son trabajos bastante periodísticos, de investigación sobre diferentes conceptos que vas ampliando. En estos casos hay un trabajo de documentación. Para mí escribir una novela es una trabajo de imaginación, de transportar al lector a una realidad paralela, aunque esté dentro de ésta. Y también hay un componente de evasión, de salir de tu realidad, para ver otro mundo. Eso es relajante para el lector, porque lleva también a la reflexión.

P. Lo que sí hay es un hilo entre todos tus temas.

R. Sí, cada autor, sea de ficción o no ficción, tiene sus intereses. A mí siempre me ha interesado la novela de viajes. Japón ha estado muy presente en mis novelas. La búsqueda iniciática. Las preguntas sobre uno mismo. Todo eso está presente en todos mis libros.

P. Entonces es momento de que me expliques cuál sería el Ikigai de Murakami cada vez que llega otoño y se confirma que no va a conseguir el Premio Nobel.

R. Bueno, a ver, creo que Murakami es un hombre muy odiado en Japón. Por tenerlo hasta en la sopa, creo que a mucha gente no le gusta. Y creo que también, lo que son los jurados que eligen un Nobel, para los que tener un éxito comercial muy grande es un punto negativo. A veces se opta por autores que han tenido una trayectoria más discreta. Murakami no es el único. Paul Auster u otros que han sido muy importantes en sus épocas doradas. Dudo que a Murakami le preocupe mucho. Supongo que le hará ilusión, como a todo el mundo. Pero sospecho que el premio lo ha obtenido con millones de lectores en todo el mundo y llevando su literatura mucho más allá de lo que son los escenarios que trata.

P. No es un mal premio ese. Y sino, pues que el próximo Nobel musical se lo den a Nick Cave.

R. Sí, me gusta mucho Nick Cave, aunque reconozco que los libros que ha escrito, la verdad que no los entendí. Me gusta mucho su música. Tengo entradas para su concierto en abril. Pero sus novelas son demasiado surrealistas para mí. De esa del conejo no entendí nada.

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