La estrella de Carlos Ares brilla en Córdoba
Antes de dar el paso al frente con su propio proyecto, Carlos Ares desarrolló durante años una etapa discreta pero decisiva como compositor y productor para otros artistas. Desde un segundo plano, fue puliendo su identidad creativa y acumulando experiencia en estudio, a la espera del momento adecuado para situar su nombre en primera línea.
Ese trabajo silente explica bien por qué se le pueden poner pocos peros a su ascenso vertiginoso: en un mercado musical marcado por la inmediatez y las subidas y desapariciones, el caso de Carlos Ares se antoja un ejemplo de crecimiento orgánico respaldado por una trayectoria coherente y una propuesta artística definida.
El músico gallego irrumpió en el panorama nacional con Peregrino, un debut que recibió valoraciones positivas de la crítica especializada, obtuvo reconocimientos dentro del circuito independiente y consolidó su presencia en el directo. Sin embargo, fue tras la publicación de La boca del lobo, el pasado año, cuando su proyección dio el paso hacia un público mayor y comenzó a colarse en los festivales y a agotar entradas en numerosas salas.
A Córdoba ha llegado este sábado, con un concierto en la Sala Impala que agotó los tickets semanas antes de la fecha, y que el cantante y su banda defendieron con brillantez, pese a su corta duración. Con un público entregado, Ares demostró que no aspira a ser flor de un día.
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