Yaiza Conde, la joven que unió al IES Fidiana con la lucha contra el cáncer

La joven Yaiza Conde.

Fue cumplidos los 18 años cuando un sarcoma de Ewing alojado en la espalda le dijo que hasta aquí llegó su juventud. Yaiza Conde se quedó en el punto en el que arranca la vida y la ansiada “independencia” hacia los padres. Una quimera que los jóvenes descubren cuando, al día siguiente de cumplir los 18 años, todo sigue igual. Pero a Yaiza no le dio tiempo. Desde 2015 empezó a luchar contra una enfermedad que fue más fuerte que ella. Le fue ganando pequeñas batallas pero la guerra fue mayor. Sin previo aviso, en un viaje en coche, la joven claudicó. Tres meses después de su fallecimiento, el IES Fidiana, centro en el que estudiaba, ha realizado unas jornadas deportivas en las que todo lo recaudado ha sido donado a la Asociación Española Contra el Cáncer.

José Antonio Conde y Paulina Ortiz, padres de Yaiza, pasean por el instituto y reciben muestras de cariño de quienes conocían a su hija de toda la vida. La relación con el centro siempre fue muy estrecha: los dos hijos de la pareja han estudiado en él y durante ocho años, José Antonio fue presidente de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA). Ahora, cuando ninguno de sus hijos están en el centro, sólo les quedan palabras de agradecimiento por el trato que recibió su hija durante su enfermedad.

“Ella nunca quiso que hicieran distinción porque quería ser igual que todos los alumnos. En Gimnasia era donde se encontraba más limitada pero, aún así, hacía lo que podía”, cuenta la madre. A lo largo de poco más de una hora y media, los padres cuentan cómo fue todo el periplo de la enfermedad en el que hubo momentos de desolación absoluta y, otros, de profunda esperanza. “Aún no creemos que ya no esté aquí. La veíamos tan feliz y con tanta vida... Es increíble”, apunta el padre.

Todo comenzó con un dolor de espalda que, en un primer momento, fue confundido con brotes de ciática. Los dolores continuaron y fue en una radiografía realizada en el Hospital San Juan de Dios cuando los médicos vieron claramente lo que padecía Yaiza. El cáncer se encontraba en el estadio cinco, el más avanzado. Ese mismo día, la joven fue sometida a un TAC y, al día siguiente, a una resonancia. A las horas, Yaiza ingresó en el Hospital Reina Sofía para una operación de urgencia.

Los padres intentan mantener una entereza que se rompe en muchas ocasiones durante la entrevista. “Como padres no quieres ver lo que está pasando. Todas las noticias llegan de golpe y no sabes ni por dónde están viniendo”, asegura José Antonio. Después de la primera operación, Yaiza permaneció ingresada durante seis meses entre tratamientos de quimioterapia y radioterapia, que redujeron la presencia de células cancerígenas en los pulmones. Fue sometida a un autotrasplante de médula ósea y recibió el alta pero, a los cuatro meses, ingresó en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Ésta fue una de las operaciones más esperanzadoras: consiguieron extirparle las células cancerígenas de la columna y de la cadera. Entre tanto, Yaiza consiguió sacar adelante 1º de Bachillerato y aprobar el carnet de conducir. No paró jamás.

La intervención en Sevilla permitió a la joven hacer vida normal, aunque todavía tenía en su interior nódulos minúsculos. Las malas noticias llegaron de nuevo tras la feria de 2017: las células se habían reproducido de manera fugaz en los pulmones, lo que obligó a Yaiza a entrar en el quirófano en dos ocasiones. En este momento, la enfermedad empezó a ganar a la joven. Los médicos no pudieron extirpar todas las células dado el peligro de intervenir cerca de la vena aorta. Antes de que se cumpliera el mes de estas operaciones, la metástasis había regresado y Yaiza empezó a recibir quimioterapia.

Entre operaciones, los padres de Yaiza y la joven viajaron a distintos puntos de España para ver qué se podía hacer. “Nuestra hija sólo nos decía que quería vivir, que ella hacía todo lo necesario pero que no quería morir”, relatan los padres. El 2 de febrero de este año comenzó la trágica cuenta atrás. Se estaban agotando las posibilidades pero nadie lo sabía. Yaiza fue operada de nuevo pero los médicos no pudieron extirparle nada. Sus ganas de vivir fueron tales que, recién operada, acompañó a sus padres a Madrid para verse con profesionales del centro oncológico madrileño Anderson. “Los tres salimos muy contentos de la reunión porque nos aseguraron que un médico de Sevilla especialista nos podía ayudar. De vuelta a Córdoba, Yaiza venía cantando y como si nada, pero en el camino sufrió un derrame cerebral. Corriendo la llevaron a Ciudad Real pero ya nada se pudo hacer. Murió sin saber que ése iba a ser su final”.

Tres meses después, los padres de Yaiza y su hermano intentan rehacer una vida. Daniel estudia en Sevilla el último curso de Telecomunicaciones, a la vez que finaliza su Trabajo Fin de Grado. José Antonio y Paulina han decidido volver a trabajar para ver si la distracción puede paliar el dolor. Ambos asisten a grupos de terapia en los que comparten experiencias con otros padres. En el IES Fidiana, la figura de Yaiza estará para siempre. No pudo graduarse de 4º de la ESO. Su ilusión era poder ir a la de 2º de Bachillerato pero la vida se lo impidió. Pero sus compañeros quisieron que estuviera presente de una manera muy especial: en la orla que marca el final de una etapa hay un sitio para Yaiza, como cualquier otro alumno. Sin distinción ninguna. Ella sí ha marcado la vida de todo su alrededor.

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