La tormenta perfecta para el campo con la guerra en Ucrania como puntilla

Dos soldados, del ejército ucraniano, caminan por una antigua fábrica destruida por la guerra en la línea del frente, a 19 de febrero de 2022

No llueve, producir cualquier cosa en el campo cada vez cuesta más, los combustibles están en máximos, la electricidad toca techo y los precios que perciben los agroganaderos por sus productos llevan años hundiéndose. Ahora, a la tormenta perfecta del campo se le acaba de unir la invasión de Rusia a Ucrania, el conocido como granero de Europa del que de manera directa pero también indirecta depende el campo. España, y la provincia de Córdoba, importan cereales y girasol, además de métodos de producción básicos como los abonos y fertilizantes. Este jueves, la invasión rusa ha provocado el cierre del espacio aéreo, de los puertos y de las conexiones de Ucrania con el resto de Europa. Es cuestión de tiempo que el mercado agroganadero se quede sin recursos que son fundamentales.

La patronal agraria Asaja recordó este jueves que “Ucrania es, hoy por hoy, el granero de Europa”. Un ejemplo: en el Valle del Guadalquivir se siembra cereal, pero la mayor parte del trigo es el duro, especial para producir pasta. El trigo blando se produce principalmente en Ucrania, con sus conocidas tierras negras que tienen unos rendimientos excepcionales. Con el trigo blando se fabrica la harina que es la que se deriva en un bien tan esencial como es el pan.

Pero hay más. Ucrania es clave en la producción de girasol, harinas y semillas. Gran parte de esta producción es dedicada también a la generación de piensos para animales, que alimentan a la extensa cabaña ganadera española. Con la sequía, estos productos habían incrementado su precio en un 30%. La falta de pasto fresco ha provocado que el ganadero dedique cada vez más pienso a alimentar a sus animales. Ahora es probable que el pienso en el mercado no llegue a ser suficiente.

La patronal agraria Asaja señala que “de igual manera, el gas y el petróleo ucranianos son la base para la producción de abonos y fertilizantes para toda Europa y el conflicto armado tendrá consecuencias de peso para el comercio comunitario, con un importante incremento de precios, y desde luego para el sector agrario español aquejado de una importante crisis de rentabilidad”.

España, deficitaria en cereales, importa anualmente casi el 30% del maíz que necesita de Ucrania. En 2018 las importaciones de maíz alcanzaron los 2,8 millones de toneladas, por un valor de 460 millones de euros (España fue el segundo destino de las exportaciones ucranianas de maíz). Además, el 60% de las compras españolas en el exterior de aceite de girasol también proceden de Ucrania, así como el 17% del trigo, el 31% de las tortas de aceites vegetales y el 15,4% de leguminosas grano.

“El destino de todas estas importaciones es, fundamentalmente, la elaboración de piensos para nuestra ganadería y una falta de suministro derivará en el encarecimiento de estas materias primas, algo que para los ganaderos españoles sería de fatales consecuencias en estos momentos que nos vemos afectados por la sequía que padece España”, lamenta la patronal. 

“Otros factores de producción agrícola como abonos y fertilizantes también se pueden ver seriamente afectados por el comercio con Ucrania, y eso provocará nuevas subidas de precios. En suma, un nuevo varapalo más para las explotaciones agrícolas y ganaderas españolas que se encuentran asfixiadas por unos costes de producción nunca vistos y unos precios de venta en origen que no permiten que la actividad agraria resulte rentable para el productor”, agregan.

Es una especie de tormenta perfecta para el campo, donde hay miles de granjas y cultivos en riesgo de desaparición.

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