Un servicio de acompañamiento al duelo o cómo ayudar a sostener el dolor por las pérdidas traumáticas
En el año 2003, un grave accidente de tráfico con varios fallecidos de un pueblo de Córdoba conmocionó a la localidad y los psicólogos del Instituto Provincial de Bienestar Social (IPBS), dependiente de la Diputación, fueron requeridos por primera vez para atender a los familiares de las víctimas ante una tragedia así. Ese fue el germen de lo que hoy es el Programa de Acompañamiento del Duelo que estos psicólogos realizan, ya no en situaciones de emergencia o desastres sino, sobre todo, en las semanas y meses posteriores en los que su ayuda profesional sigue siendo necesaria para quien ha sufrido una pérdida traumática. Hoy, por ejemplo, estos psicólogos siguen atendiendo a familiares de alguna de las víctimas cordobesas del accidente ferroviario de Adamuz para, como dicen, “sostener el dolor de esas personas” durante el tiempo necesario.
En estos días en los que inevitablemente el sentimiento de pérdida traumática se asocia al accidente ferroviario de Urda (Toledo) -este reportaje se estaba haciendo cuando se conoció el terrible suceso-, cobra todo el sentido el servicio de apoyo y ayuda a los familiares que este servicio público del Programa de Acompañamiento del Duelo dispensa más allá del momento de un hecho trágico, sino en todo el tiempo posterior que necesita cada persona para asimilar lo ocurrido y la ausencia de su ser querido.
“El duelo no se supera, se trata de integrarlo en nuestra vida y aprender a vivir con ello”. Es la máxima que apuntan Eva Alarcón y Antonio Corpas, psicólogos de este servicio que actúa en los municipios menores de 20.000 habitantes de la provincia de Córdoba y que siguen la Guía de Intervención Psicosocial y Cuidados de Duelo que se elaboró en 2004 para este programa. “Nos dimos cuenta de que las familias atendidas en una tragedia no tenían después un seguimiento, un acompañamiento en su duelo posterior”, explica Alarcón.
Atención cercana para seguir la evolución de cada persona
Los psicólogos de este programa cuentan con una peculiaridad a su favor ya que, distribuidos en las once Zonas de Trabajo Social que el IPBS tiene en la provincia de Córdoba, son profesionales que están en el entorno próximo de los familiares a los que atienden y, eso, se convierte en una ventaja a la hora de la intervención. “Estamos en el lugar, nos conocen y muchas veces somos los primeros en atenderles”.
Esa atención pasa por una primera sesión en la que los profesionales valoran el estado de la persona que ha sufrido la pérdida de un ser querido, se estudia la sintomatología que presenta y, a partir de ahí, se establecen las pautas de ese acompañamiento que va a tener por parte de los psicólogos, a veces en su propio domicilio, a veces en el despacho del profesional. “La persona debe aprender a lidiar con sus emociones, normalizar esas emociones y aprender a manejarse con esa pérdida. Al final debe recolocar a esa persona fallecida en su vida para poder seguir”, indica Corpas.
Los psicólogos buscan hacen entender que “el duelo es un proceso normal, natural, que necesita tiempo de trabajo y que nos afecta a todos los niveles, emocional, cognitivo, psicológico, en la conducta...”. Por eso, tratan de que la persona afectada vea que “cualquier reacción es normal, porque son las estrategias que cada cual busca para sobrevivir a la pérdida”. La alarma se enciende, eso sí, si cuando pasa el tiempo, no hay una evolución en ese estado.
Validar su dolor y desterrar frases hechas que bloquean que lo muestre
“Hay personas que reaccionan ante una muerte trágica con conexión al dolor” -hablan constantemente de esa persona, ven su foto una y otra vez, etc- y quienes hacen justo lo contrario, lo viven con “una desconexión del dolor” y tratan de evitar pensar siquiera en ello. “Cuando, en el tiempo, no hay un equilibrio entre todo eso, vemos que es un duelo complicado, que esa persona no puede seguir con su vida”. Porque, si bien las etapas del duelo existen y no siempre tienen que darse de manera lineal una tras otra sino que se puede volver atrás, lo principal -apuntan estos psicólogos-, es la evolución en el tiempo.
Un tiempo que, para cada persona y cada situación, es distinto. Por eso la atención psicológica es personal y adaptada a sus circunstancias. “El acompañamiento es saber sostener el dolor de esa persona”. Y, para ello, estos profesionales trabajan con el afectado haciéndole ver que tienen con él “una atención plena, validando su dolor y creando un espacio de seguridad donde se pueda mostrar como es y con lo que está sintiendo”.
“Lo que funciona es sentirnos acompañados. A veces, no hace falta decir nada”, explican sobre cómo hay que desterrar frases hechas como 'la vida sigue' o 'tienes que ser fuerte' que, muchas veces en un momento difícil, otras personas le dicen al doliente tratando de ayudar pero, en realidad, “esa persona se cierra y no saca lo que está sintiendo”. Por eso, en sus sesiones, este servicio también realiza “psicoeducación con familiares”, si detectan necesidades para que sepan facilitar el duelo a quien ha sufrido la pérdida directa.
Rituales sociales que sirven para “dar orden al caos emocional”
En todo este proceso y en su experiencia en multitud de casos, estos dos psicólogos saben bien que hay variables muy distintas que afectan al duelo de una persona y cómo cada cual lo asume y evoluciona. Ahí juegan un papel también relevante los rituales -como en estos días en torno al 1 de noviembre las visitas al cementerio-. “Para muchas personas, son importantes para dar un orden al caos emocional que genera la pérdida. De alguna manera, necesitan visualizar de manera social que ese ser querido ya no está y eso ayuda a hacer más real la pérdida”.
“Pero hay que tener claro que no hay obligatoriedad de esos rituales”, ni de hacer lo que socialmente se dicta ya sea yendo al tanatorio o haciendo un determinado funeral. Ni siquiera es 'obligatorio' llorar. “Es tan normal llorar ante una pérdida como no hacerlo porque se esté bloqueado”, advierte la psicóloga.
Los ojos de estos profesionales han visto pasar ante sí muertes trágicas que producen un impacto emocional de tal calibre que el acompañamiento del duelo se hace imprescindible. Pérdidas de hijos pequeños, accidentes múltiples de tráfico donde solo sobrevive un miembro de la familia o accidentes de tren como el de Adamuz, que ahora se viene a la memoria con el de Urda y la situación que atravesarán los familiares de las víctimas. Para todos, el trabajo de apoyo psicológico que se preste deberá servir para apoyar, acompañar y ayudar a transformar esa ausencia para poder seguir con sus vidas. “Aprender a vivir sabiendo que las cosas no van a ser igual que antes”.
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