Los García de la Guardia Civil de Córdoba: un teniente condecora a su hijo en un día muy marcado para esta familia
El patio de la Comandancia de la Guardia Civil de Córdoba ha acogido este lunes el acto conmemorativo de la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la institución. Entre las condecoraciones a agentes del cuerpo ha habido una muy especial para una familia en particular: la de los García, una estirpe de guardias civiles que va ya por la tercera generación en el instituto armado. Con motivo de esta festividad, el teniente Isidoro García Ordóñez ha condecorado a su hijo, el sargento David García Medina, con la medalla a la Orden del Mérito de la Guardia Civil.
García Ordóñez, que lleva más de cuatro décadas de servicio en la Benemérita, ha sido el encargado de imponer la medalla al mérito a su hijo, de 35 años. Para el vástago, quien ingresó en la Guardia Civil en 2013, recibir esta distinción de manos de su padre ha sido una vivencia inolvidable. “Si ya es absolutamente especial recibir una condecoración en el cuerpo, que te la imponga tu padre es indescriptible, es inenarrable el momento que he sentido”, ha expresado emocionado.
El sargento ha recordado que se crio en la Comandancia de Córdoba, por lo que vestir el uniforme fue, desde pequeño, su gran logro: “Para mí siempre ha sido un sueño, me he criado aquí. Trabajar junto a tu padre es una de las metas que prácticamente cualquier hijo puede tener, y sobre todo tener el mejor ejemplo que puedo tener, debido a su trayectoria impecable. Me ha puesto el listón muy alto, pero vamos poco a poco a ver si podemos alcanzarlo”.
Al ser preguntado por el significado de ser guardia civil, García Medina lo ha unido a valores como “la honestidad, el honor, el sacrificio, ayudar a la gente y hacer todo sin pensar en uno mismo. Volcarte con el ciudadano y buscar todas las opciones disponibles para hacer el bien por los demás”. Además, ha destacado que el reconocimiento más valioso no viene en forma de metal: “Es mayor el premio cuando ves a alguien a quien has ayudado y que tenía un problema; es el mayor regalo, incluso más que la medalla que te puedan imponer”.
Su padre, que ingresó en el cuerpo en 1982 e hijo también de guardia civil, ha manifestado sentir un “orgullo a más no poder” al condecorar a su hijo. A sus 64 años y todavía en servicio activo, el teniente ha remarcado la importancia de transmitir la esencia de la institución: “Nosotros transmitimos valores, que es lo que tiene la Guardia Civil: honor, lealtad, sacrificio, abnegación, lo que nos dijo nuestro fundador en 1844 en la Cartilla del cuerpo”. Sobre la experiencia de ver a su hijo seguir sus pasos y alcanzar la categoría de sargento, el teniente no ha dudado en tildarlo de momento histórico en su carrera: “Es un momento entrañable que no se me va a olvidar en la vida”.
Reconocimiento a tres guardias civiles que trabajaron en un arriesgado rescate en un incendio
Junto a este reconocimiento, la Guardia Civil también ha condecorado a otros tres agentes, quienes participaron en un arriesgado rescate de cuatro personas en un incendio en Montilla. Dos de las personas auxiliadas tenían más de 80 años y, desgraciadamente, una de ellas falleció.
Los nombres de los galardonados son Francisco Javier Villegas Cotero, Juan Álvarez Rodríguez y José Luis Montero Alcántara. Tal y como ellos mismos han contado a los medios de comunicación, los hechos se desencadenaron tras recibir una llamada de emergencia de la central operativa (COS) alrededor de las 22:20, alertando de un incendio en un inmueble de la calle Córdoba en Montilla con personas atrapadas en su interior. Ante la premura del tiempo y antes de la llegada de los servicios de bomberos, la patrulla de la Guardia Civil decidió adentrarse inmediatamente en la vivienda.
Al llegar a la vivienda, los agentes se encontraron en la entrada con una mujer con graves quemaduras. Mientras parte del equipo se organizaba para prestarle auxilio en el exterior, dos de los guardias civiles entraron en la casa, que estaba envuelta en una densa humareda tóxica, para localizar al resto de las víctimas. En el interior se hallaban un hombre de 86 años y su hijo, quien se había adentrado previamente para intentar auxiliar a sus padres e inhaló abundante humo. Ante esta situación, uno de los agentes evacuó al anciano a cuestas, mientras que el otro guiaba al hijo hacia la salida, logrando poner a ambos a salvo antes de que alguno pudiera morir por asfixia. Fuera de peligro se encontraba otra mujer que cuidaba de la pareja.
Pese al esfuerzo de los agentes y de los servicios sanitarios, la anciana falleció al día siguiente debido a la gravedad de las quemaduras. No obstante, la rápida intervención de los tres guardias civiles evitó una tragedia mayor, logrando salvar la vida del padre y del hijo. Para los agentes, que acumulan décadas de experiencia en el cuerpo, este reconocimiento supone un orgullo cuyo mayor premio es “haber salvado vidas”.
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