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Un estudio de 'Nature' dice que el número de muertes por calor en Córdoba durante este verano fue el doble que el dato oficial

Un tanatorio de Córdoba

Redacción Cordópolis

25 de octubre de 2026 19:55 h

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El calor extremo de este verano pudo causar en Córdoba casi el doble de muertes de las que recoge el dato oficial. Un estudio del Imperial College y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, publicado este viernes en la revista Nature, estima que 67 personas fallecieron en la ciudad por las altas temperaturas (con un intervalo de confianza de entre 54 y 82). El sistema de monitorización de la mortalidad MoMo, en su última actualización, atribuye al calor 36 fallecimientos en Córdoba: una en junio, 16 en julio, 15 en agosto y cuatro en septiembre.

Según el trabajo, 49 de esas 67 muertes (el 73%) son atribuibles a la crisis climática, con un intervalo de entre 38 y 61. Dicho de otro modo, sin el calentamiento global provocado por la quema de combustibles fósiles, esas personas no habrían fallecido por las temperaturas de este verano.

Expresado por millón de habitantes, el estudio calcula en Córdoba 256 muertes por calor (entre 210 y 310), de las cuales 187 (entre 150 y 230) se deben al cambio climático. Es la misma proporción del 73% que se observa en el número absoluto de fallecimientos. El porcentaje de Córdoba es idéntico al de Sevilla (77 de 109 muertes por calor) y similar al de otras ciudades andaluzas analizadas, como Granada (71 de 98, el 72%) y Málaga (84 de 111, el 77%).



¿Por qué no coinciden las cifras?

La diferencia entre las 67 muertes del estudio y las 36 de MoMo no significa que una de las dos cifras sea errónea, sino que responden a metodologías y periodos distintos. El estudio de Nature calcula, mediante modelos estadísticos, las muertes asociadas al calor entre junio y agosto. Si se comparan solo esos tres meses, MoMo suma 32 fallecimientos atribuibles en Córdoba (una en junio, 16 en julio y 15 en agosto), frente a los 67 de la estimación del estudio.

MoMo, por su parte, es un sistema de vigilancia que estima el exceso de mortalidad diaria asociado a las temperaturas y se actualiza con los datos que llegan de los registros civiles, por lo que sus cifras pueden revisarse al alza con el tiempo. Precisamente, el recuento de Córdoba ha ido subiendo desde que Cordópolis publicó la primera noticia sobre el tema, hasta llegar a los 36 fallecimientos actuales.

El verano más mortífero en Europa

El trabajo, que abarca 854 ciudades europeas, concluye que el calor causó unas 50.000 muertes este verano en Europa, de las que dos tercios (unas 32.000) se deben al calentamiento global. Es la cifra más alta de los últimos 26 años: supera las 29.000 de 2022 y las 28.000 del famoso verano de 2003. En el año 2000, el porcentaje de muertes por calor atribuibles al cambio climático rondaba el 40%; hoy supera el 65%.

En las 90 ciudades españolas analizadas, el cambio climático fue responsable de 5.227 de las 6.824 muertes estimadas por calor entre junio y agosto, el 77%. Barcelona es la segunda ciudad europea con más fallecimientos adicionales (1.587), solo por detrás de Milán, y Madrid es la que presenta el mayor porcentaje de muertes atribuibles al calentamiento global (91%).

El verano de 2026 ha sido, además, excepcionalmente largo. La Agencia Estatal de Meteorología lo describe como una estación de “cuatro meses”, con temperaturas propias de pleno verano desde la segunda quincena de mayo hasta la primera de septiembre. España ha batido su récord de días con ola de calor, con 61 jornadas de temperaturas inusualmente altas. Casi un tercio de las muertes adicionales por calor se concentraron entre el 17 de junio y el 1 de julio.

Una de las novedades del estudio es que hasta 6.000 personas menores de 65 años murieron por calor en las ciudades analizadas, lo que rompe la idea de que el problema afecta casi exclusivamente a la población más mayor.

Los autores insisten en que las ciudades europeas están mal adaptadas al calor. El epidemiólogo Pierre Masselot, coautor del estudio, defiende que es crucial mejorar esa adaptación con más espacios verdes y menos contaminación, y recuerda que el impacto del calor no se limita a un grupo de población concreto.

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