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Diques artificiales para frenar la erosión en fincas durante episodios de abundantes lluvias

Una albarrada artificial en una finca de la Campiña cordobesa actúa como dique en una cárcava

Carmen Reina

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Durante las grandes avenidas de agua que producen episodios de abundantes lluvias como las de la borrasca Nelson en la provincia de Córdoba esta pasada semana, la tierra sufre grandes escorrentías que la horadan. Con el agua, en gran cantidad y a gran velocidad por la pendiente del terreno, pueden formarse enormes zanjas que fragmentan la tierra y la erosionan, llevándose por delante precisamente las capas más fértiles. Contra esos efectos de lluvias torrenciales, un proyecto que tuvo su fase experimental en fincas de Córdoba ha confirmado ahora, con las últimas precipitaciones, sus efectos para frenar esas escorrentías y, con ello, la erosión en terrenos de fincas: albarradas modulares, unos particulares diques artificiales para que el agua no acabe con la tierra de cultivo.

La iniciativa la lleva a cabo la firma Soilprotect para el control de la erosión y corrección de cárcavas, una idea que se desarrolló dentro del Proyecto Innolivar en el que colabora la Universidad de Córdoba entre 2019 y 2021 y que, a partir de entonces ya se encuentra en fase comercial, con instalaciones en fincas de agricultores de la provincia cordobesa, pero también en otras provincias andaluzas.

“Se trata de frenar la erosión que provocaría el agua al correr con tantas lluvias abundantes”, explica a Cordópolis Ángel Lobo, cordobés que es coordinador de proyecto de restauración en Agresta Sociedad Cooperativa. “El agua se concentra en las cárcavas -zanjas que hace el agua- y, durante un tiempo, corre más de la normal. Es cuando, en esos momentos, se produce la erosión hídrica por cárcavas”, explica.

Reducir la velocidad del agua y la erosión del terreno

Las albarradas modulares que se colocan a modo de dique en varios puntos del camino natural que tomaría el agua de lluvia en una finca consiguen el efecto de “reducir la velocidad del agua y su energía” y, con ello, frenar su capacidad de erosionar la tierra. Y, además, estas instalaciones retienen los sedimentos que el agua arrastra, de forma que estos no acaben llegando a cauces de ríos o infraestructuras como embalses, colmatándolas.

Con estos diques, las cárcavas -esas grandes zanjas que hacen las avenidas de agua-, encuentran una estructura con la que frenar la capacidad de horadar la tierra. “Al disipar la energía en el salto de agua, conseguimos que ésta fluya más despacio. Así evitamos la movilización de sedimentos y mejoramos la infiltración del agua en el suelo”, cuenta Lobo, que ha difundido en redes sociales cómo funciona una albarrada instalada en la Campiña cordobesa.

En Córdoba tuvieron dos fincas experimentales a prueba estos diques modulares. Y ahora, ya en fase comercial y adquiridos por agricultores para lograr sus efectos en sus tierras, se encuentran instalados en fincas de La Rambla, Castro del Río y Obejo en la provincia de Córdoba, además de otros puntos de Andalucía. “Cada instalación cuenta con entre cinco y diez albarradas en cárcavas”, explica este experto, sobre las estructuras que se acoplan a cada terreno.

Y ahora, cuando la provincia de Córdoba ha visto caer unas precipitaciones enormemente abundantes, se ha podido “ver cómo corre el agua a través de las albarradas, una oportunidad para observar varios aspectos funcionales de la misma, como la disipación de la energía del agua al chocar en el escalonado” y, con ello, frenar la erosión del terreno.

Con todo ello, “hay una menor pérdida de suelo”, un problema que acaba fragmentando las fincas, erosionando la tierra de cultivo e incluso dificultando el tránsito de tractores por ella cuando se horadan grandes zanjas por las escorrentías.

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