La 'Letro': De 5.000 trabajadores a apenas un centenar

Chimeneas de la Electromecánica | MADERO CUBERO
El concurso de acreedores de Peninsular del Latón deja a Cunext Cooper como la única empresa superviviente a lo que fue el gran polo industrial de Córdoba: la Electromecánicas

En Córdoba, hay frases hechas que por mucho repetirlas se han convertido en verdad, aunque no lo fueran. La primera decía que la ciudad “siempre ha vivido de espaldas al río” cuando ha sido precisamente el Guadalquivir y su puente lo que consagró la fundación e importancia de la ciudad durante milenios. La segunda, más contemporánea, es que “Córdoba no tiene industria”. De mucho decirlo, casi que se convirtió en verdad. Aunque mejor dicho, parece que ahora sí que va camino de convertirse en una verdad gigantesca.

Córdoba sí que tuvo una industria potente, floreciente y muy ruidosa: la Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas. Tan potente fue que dio lugar al nacimiento de un barrio, la Electromecánicas o la popular la Letro, y llegó a emplear a más de 5.000 personas durante décadas. La Letro llegó para quedarse en 1917 al abrigo del cobre y sobre todo de las minas del Guadiato. Peñarroya seguía estando lejos de los grandes centros de transformación industrial, y sus productos necesitaban una rápida salida. Así, el ingeniero francés Frédéric Ledoux, director de la Société Minière et Métallurgique (SMMP) de Peñarroya decidió crear una especie de polo industrial en la capital, en una zona que hasta entonces estaba deshabitada y que dio origen a la Electromecánica de Córdoba.

Mientras, Europa arreglaba sus problemas matando a sus vástagos en la Primera Guerra Mundial y consumía acero y cobre en cantidades desconocidas hasta entonces. España, que no participó en la contienda, hizo negocio con la guerra, y en la Península florecieron industrias como la cordobesa, especializada en cobre. Avanzaron los años, pasó la Guerra Civil y hasta los años 60, cuando comenzaron los primeros problemas de unas fábricas que se habían quedado anticuadas por la falta de competencia y renovación de maquinaria, la Letro llegó a emplear a más de 5.000 personas.

En Córdoba, aún sobreviven muchos de los que trabajaron en este gran polo industrial. Y son más los hijos que contemplaban como un espectáculo el movimiento de obreros durante el cambio de turno, que poblaban las calles del Poniente cordobés.

Pero hoy, la Letro ya no es ni la sombra de lo que fue. La crisis económica ha hecho que actualmente solo sobreviva una empresa de lo que un día fue un gigantesco polo industrial: Cunext Cooper. La multinacional del cobre es la única que mantiene sus chimeneas encendidas, después de que a principios de mes otra de las históricas, Peninsular del Latón, solicitara el concurso voluntario de acreedores, y de que hace tres años Locsa cerrara sus puertas para no volverlas a abrir.

Actualmente, fuentes sindicales precisan que en la antigua Letro apenas si van a trabajar a diario un centenar de personas, contando ya con el concurso de Peninsular del Latón (que no ha cerrado sus puertas, sino que está tratando de sobrevivir en el Juzgado de lo Mercantil, donde apenas un 10% de compañías lo consigue). La mayoría lo hacen en Cunext Cooper, que sigue liderando las exportaciones de cobre al extranjero.

No obstante, sí que hay una empresa que nació en el polígono de la Electromecánicas, heredera directa de Cenemesa y que también goza de buena salud, aunque instalada algo más al Sur: ABB, que sigue enviando transformadores eléctricos a medio mundo desde Córdoba.

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