Yo, el cabello (I)

Me gustaría que me conocierais a fondo, sinceramente, sobre todo porque todavía existe mucha ignorancia sobre mí…, a pesar de ser vuestro adorno más natural que forma parte de un todo, como es el cuerpo humano y, especialmente, por cuanto de mal me tratáis en general, por lo que sufro, siempre para vuestro mal y quizá por desconocimiento. ¿Me permitís que me muestre al desnudo y tal como soy desde mi interior y exterior? Lo agradeceréis, sin duda, y yo también, que tengo corazoncito y es grande y bondadoso como él solo, sin maldad alguna que os pueda empañar vuestra belleza.

Comenzaré por mi interior, es decir, por mi nacimiento, justo en el punto de iniciarme a la vida…

Me encuentro en una bolsa similar a la materna. Mi estado embrionario se gesta tal como si fuera un bebé. Se trata de un bulbo a modo de bolsa materna. Se llama folículo piloso del cuero cabelludo, una especie de ``fábrica´´ de hacer cabellos, mis otros hermanos mellizos. Crezco alrededor de la papila, generalmente conocida como ``raíz´´, mi parte más fina y sin color alguno. Aquí dispongo de todo cuanto preciso para desarrollarme después de un tiempo de gestación, del que ya os hablaré, apareciendo a vuestra vista en todo mi esplendor, junto a mis ansias porque me conozcáis, al cabo de unas semanas.

Antes de emerger al exterior, tengo que atravesar un estrecho tubo o el poro folicular, al que los sesudos y estudiosos sobre mí también le llaman canal excretor de las glándulas sebáceas, seguramente por vernos rodeados ambos de unos ensanchamientos llamados glándulas sebáceas, lugar donde se conforma una grasilla licuosa, el sébum, que me proporcionará el brillo, la fortaleza y la elasticidad que, ya en el exterior me caracterizarán. Claro que, para decir verdad, al crecer junto a un hermano postizo, como es el cuero cabelludo, ambos disfrutaremos de tan rico elemento. De tal manera que, tal particularidad, nos otorgará a ambos la misma fortaleza con idéntico y genuino pH, 5,5 (o potencia Hidrogena), tal como si fuera un imborrable apellido que solamente podrá destruirlo un mal registrador de nuestras bondades. Esta potencia es, ciertamente, un escudo protector que nos servirá a los dos para luchar contra determinadas bacterias, la acción del viento, del sol y otras particularidades órgano-químicas que nos puedan desmejorar, como son los productos cosméticos que sobre nosotros nos aplican en peluquerías y particularmente cada cual en sus casa, amén de contra otros factores externos que nos serán negativos.

Mi zona papilar está compuesta de tejido conjuntivo y vasos sanguíneos, quienes nos proporcionarán las sustancias necesarias para nuestro perfecto desarrollo y crecimiento. Por si fuera poco, también poseo un manojo de fibras musculares lisas unidas individualmente en su interior, que se resumen en el músculo "arrector pili" (erector u horripilante), colocado justo al lado de mi raíz embrionaria. Él será capaz de hacerme erizar y, al hacerlo, cambiaré mi ángulo con relación a mi hermano postizo, el cuero cabelludo, movimiento que logro por estar acoplado tan pegadito a mí. Este proceso incrementa las posibilidades aislantes en la cabeza, ya que los pelos, los otros hermanos mellizos del resto de cabellos, somos capaces de hacerlo al captar una cámara de aire entre nosotros mismos, proporcionando así una mejor respuesta al humano contra el frío y nuestra aireación, capaces de avisarle de un peligro inminente del exterior o estado de tensión estresante que le embargue en puntuales momentos de su vida. Es otra defensa más que disponemos en bien vuestro.

Y aquí os dejo momentáneamente. Soy un tierno pelo-bebé y por ello propenso a cansarme. Con vuestro permiso, deseo hacer un pequeño descanso… para volver la semana que viene. Os seguiré explicando cómo saldré a la vida exterior y cual es mi entramado interno, para entregarme a vosotras/os en cuerpo y alma…

¡¡Seguro que os asombraréis de todo cuanto me conforma a mi salida al exterior!!

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Publicado el
9 de junio de 2015 - 04:35 h
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