Cansinos

Entre el 24 de mayo, el día en que se celebraron las elecciones municipales, y el 13 de junio, el día en que se constituyeron los ayuntamientos, también hubo reuniones. En apenas tres semanas, partidos de todos los colores se pusieron de acuerdo (o no) para formar gobiernos municipales. En Córdoba, que nos pilla más cerca, las negociaciones se apuraron hasta última hora, cuando Ganemos, en asamblea, decidió que apoyaría el cambio de gobierno pero que no formaría parte de él. El proceso, que entonces pareció largo y en cierto modo tedioso, se culminó y se evitó (no se podía hacer de otra manera) que los ayuntamientos se quedaran sin alcaldes.

Desde el 20 de diciembre hasta el día de hoy (10 de abril) España carece de Gobierno. Vale que el reglamento del Congreso es muy diferente al de un Pleno del Ayuntamiento. De acuerdo a que los plazos son más amplios y que lo que hay que negociar es, digamos, más denso (aunque aquí me permito dudar). Pero la incapacidad que están demostrando todos, absolutamente todos, los partidos políticos del arco parlamentario para formar un gobierno en España es de nota. El sistema tampoco ayuda. En un Ayuntamiento, por ejemplo, el alcalde es o el candidato que recibe la mayoría absoluta, en primera votación, o el que logra la mayoría relativa, en segunda. En el Congreso ya sabemos que no.

El teatro de la política desde el pasado 20 de diciembre al que la ciudadanía asiste atónita está siendo de nota. Las formas de todos los líderes políticos, los de todos los colores, han sobrepasado ya el cansinismo de una ciudadanía harta, que quiere soluciones y que no las tiene. La paciencia siempre tiene un límite y unas segundas elecciones generales pueden arrojar muchas sorpresas. O no. Y eso sí que sería ya insoportable.

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10 de abril de 2016 - 04:26 h